Rodrigo Pinto
Sábado 25 de Abril de 2009
Leer: La deuda


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Un caso real -la historia del contador que estafó a artistas y gente del espectáculo- es la base de esta novela de Rafael Gumucio, a lo que se agrega una versión corta, por así decirlo, del caso MOP-GATE, con otras instituciones involucradas. Detrás de ello hay una mirada aguda, pero bastante menos incisiva de lo habitual en el autor, sobre el Chile de las últimas décadas. Si bien la acción se sitúa entre finales de los noventa y los primeros años de este siglo, los años de la dictadura imponen sus marcas en muchos de los personajes y se incorporan también, por sus efectos, al desarrollo narrativo. La trama tiene elementos diversos: thriller judicial, novela de costumbres, culebrón sentimental, análisis sociológico, cóctel que se sostiene en que la historia de los protagonistas -Fernando Girón, cineasta, y Juan Carlos Riquelme, el contador estafador- funciona como soporte para todo el edificio. La argamasa con que el autor fija todo es la culpa, una culpa a veces difusa y a veces muy definida, muy católica, reflejo de ese indefinido malestar que producen la excesiva suerte, las jugadas del azar, la mala conciencia y casi todo, en realidad: “No, no se puede vivir sin culpa, eso lo sabe, pero Dios tampoco aclara cómo se vive con culpa, cómo se vive la culpa sin hacerse culpable de otros cientos de crímenes invisibles”. Unos se sienten culpables por sus privilegios; otros, por envidiarlos.

La novela también explora el tramado social criollo. Tanto el cineasta Girón como el abogado que lo persigue son de clase media y terminan emparejados con ex alumnas del Villa María Academy; de la inseguridad de su posición social surgen tensiones que llevan la novela a su vertiente más costumbrista y sociológica, que podría haber tenido un mayor desarrollo. La deuda se pierde en la excesiva exploración de los motivos de los personajes, en ritos de paso políticos y sexuales, en vueltas de tuerca que no añaden nada sustancial a la historia. Los ripios y excesos argumentales son, a ratos, inverosímiles y los pocos buenos momentos narrativos están donde Gumucio aborda las miserias y debilidades del alma nacional. El retrato de la abogada anoréxica, virgen y neurótica es el mejor logrado del libro. Poco para el autor, que parece haber perdido el filo de la ironía y el desparpajo que tanto rendimiento le ha dado en obras anteriores.

Mondadori, Santiago, 2009. 352 páginas.

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