Rodrigo Pinto
Sábado 02 de Mayo de 2009
Algo que contarte


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Esta novela, la más reciente de Hanif Kureishi, muestra que el autor cerró, por ahora, al menos, el ciclo de la autobiografía y la reflexión sobre su familia. Ciclo interesantísimo, hay que decirlo, con textos notables que iluminan como pocos la compleja relación entre los herederos del Imperio Británico y los inmigrantes venidos de las antiguas colonias. Aunque hay que decir que, salvo novelas muy acotadas al tema de la pareja como Intimidad, toda su narrativa gira en torno al eje del melting pot londinense y más específicamente en torno al destino de la comunidad paquistaní en el Reino Unido. Pero, si en las dos obras más recientes el peso estaba más puesto en la crónica, la aproximación al ensayo y la autobiografía, aquí vuelve al terreno neto de la ficción, con el añadido de que despliega, quizá como nunca, sus dotes para el humor, la paradoja y la captura de esos momentos en que todo parece dejar de ser como era.

El título de la novela alude a la profesión del protagonista, Jamal Khan, un psicoanalista de turbio pasado que dudó, por ejemplo, entre dedicarse al robo o a la academia, y que, cuando ya se acerca a los cincuenta años, sigue prestando el subterráneo de su departamento para oscuros manejos de contrabando y venta clandestina. Todo ello le añade misterio y gracia al protagonista y narrador en primera persona, que va desplegando su autobiografía junto con la de su hermana Miriam, quien está en las antípodas de Jamal en cuanto a pretensiones intelectuales y estilo de vida; y de su amigo Richard, un conocido dramaturgo que termina involucrado en la extraña aventura de emparejarse con Miriam, con sus tatuajes, sus piercings, sus kilos de más y su deliberada marginalidad. Y todo ello acompañado por la mirada del analista, acostumbrado no sólo a escuchar, a recibir a todos los que tienen algo que contarle, sino también a desmenuzar los discursos, a mirar por debajo de ellos, a discernir los posibles significados de las pausas, los silencios y los errores, un rastreador del deseo, de la culpa, del gozo y de la frustración. La novela es inmensamente lúdica, llena de frases ingeniosas, de diálogos chispeantes, de reflexiones insólitas que quiebran la progresión del relato y obligan a detenerse un momento en la lectura, para regresar luego con renovado interés a un flujo narrativo que, como en otras obras de Kureishi, pasa revista a su época, a sus tensiones y a sus desafíos. Es la historia de una generación, pero desde la agudeza y el filo de una mirada que no se fía de las apariencias y que tiene el poder de subvertir todo lo que toca.

Anagrama, Barcelona, 2009.
495 páginas.

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