
Es un verso de una poesía de Neruda que leí hace miles de años y que siempre borboteó en mi memoria. Recordaba vagamente que era su despedida del Sena. Puse el verso en esa varita mágica que es Google y allí salió completo. ¡Como no! Se llama Adiós a París y tiene la belleza de la nostalgia y la épica del retorno. Violeta Parra también compuso desde París –un París harto más oscuro y pobre que el de Neruda– una canción poco conocida, Cuando salí de Chile, en la que con esa sencilla humanidad suya, distante de toda épica, echaba de menos la Quinta Normal, el pequén en el mercado y sobre todo “pasear por el Santa Lucía, contigo mi bien”.
El equipo de futbol de los estudiantes chilenos de posgrado en Harvard se llama “Piscolita”. No se sabe si son buenos, pero a veces ganan cuando juegan contra con un equipo que juega “soccer”. Junto con los de MIT, Boston University y otros forman un grupo consistente. Se programan para ir a ver a la “Roja” en algún lugar donde puedan gritar a sus anchas y los que tienen terrazas o jardines convidan a unos “asaditos” que, como todos los asados chilenos, deben ser espantosos, pero de verdad se la disfrutan. No parecen tener una gota de nostalgia, por el contrario. Aunque han sufrido y sufren los rigores de un estudio cuya exigencia no admite concesiones, parecen muy contentos por lo que están aprendiendo.
Chile, un país chico, ha estado siempre sobrerrepresentado en los estudios de posgrado en el extranjero. Pero, en relación con nosotros mismos, el número ha crecido enormemente. Los que están entre Harvard y MIT deben ser más de treinta este año. La mayoría se concentra en economía, urbanismo y políticas públicas. De hecho, el doctorado de políticas públicas de Harvard tiene más chilenos que ninguna otra nacionalidad extranjera. En el máster de la Kennedy School también son mayoría. Dos datos no menores. No supe de nadie que estuviera en las humanidades y lo peor es que hay una sola mujer.
Una vez al mes tienen una “chilean dinner”. Se lleva una comida fácil y en un vaso cada uno pone su cuota. Ahí conversan con distintos invitados o entre ellos mismos sobre sus visiones del Chile que imaginan. En el grupo hay posiciones políticas bien distintas y, como suele suceder en el extranjero, los estereotipos tan propios nuestros se disuelven en lo personal y van construyendo un lenguaje común.
Lo más interesante es que todos ellos tienen una vocación pública y todos ellos quieren volver a Chile. Algunos irán a la política (dos de ellos parten en estos días a incorporarse a las campañas presidenciales), otros se interesan en los municipios, en los think tanks, en las universidades, en fundaciones sin fines de lucro, en la empresa y, por cierto, en el gobierno. Y la mayoría no sabe exactamente a qué ni a dónde volverá. Las instituciones chilenas no los están cazando. Más bien ellos están dispuestos a construirse un espacio que no les está dado.
Me recuerdan en cierto sentido a esa primera generación de ingenieros que estudió en Estados Unidos a fines de los 20 y comienzos de los 30, que siendo pocos diseñaron desde el Instituto de Ingenieros y, desde la Universidad de Chile, la electrificación del país y luego desde la Corfo le cambiaron su fisonomía.
Los de ahora son una muestra demasiado pequeña, pero mal que mal están en un lugar que el mundo entero reconoce como de máxima excelencia. Me cuentan que hay muchos de su generación esparcido por otras buenas universidades norteamericanas con la misma disposición.
Esta es una masa crítica que tiene una vocación pública, que quieren hacer la diferencia sin fanfarria, entusiasmados con el sentido más que con los convencionalismos del poder. Me da la impresión de que les interesa el pasado como reflexión, pero sin ese peso con el que tan duramente cargó mi generación.
Lo que los une (y que nos une finalmente), sin necesidad de mirar ningún río, es la pasión de tener tanto que hacer en Chile.
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Posteado por: Paula Errázuriz 04/05/2009 13:46 [ N° 1 ] |
Aunque somos minoría, las mujeres y estudiantes de áreas humanistas (psicología, sociología, derecho, pedagogía, teología, etc.) que estamos estudiando en Boston compartimos un gran amor por Chile y el compromiso de aportar al país desde nuestras áreas. |
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Posteado por: Kenzo Javier Asahi Kodama 05/05/2009 16:27 [ N° 2 ] |
Gracias Sol! Lo que me parece contradictorio es que, por un lado, los jóvenes participen cada vez menos en la política eleccionaria (como votantes y representantes) pero, al parecer, busquemos cada vez más una mejor formación para trabajar en políticas/política.. alguna idea al respecto?? |
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Posteado por: Julio Medeiros T 17/05/2009 03:22 [ N° 3 ] |
Su ártículo hace recordar a peronajes mas recientes, , ese pequeño grupo de Ingenieros Civiles y Comerciales, que estudiaron fundamentalmente en la Universidad Chicago y también en otras, que le dieron forma al Chile de hoy. - Sergio de Castro por nombrar a los más conocidos. Ellos siendo pocos también diseñaron desde ODEPLAN y desde las Universidades, la economía social de mercado, enseñaron a medir la pobreza y a evaluar la rentabilidad social de los proyectos. |
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