Sofia (Sofía Oportot) es una joven que vive sola en un departamento atiborrado de fotos de mujeres, estatuillas de vírgenes y recortes de diarios. Se siente mal, dice que tiene cáncer y circula con poco ánimo por los estrechos espacios de su hogar. Antonia (Antonia Santa María) llega a visitarla para prestarle ayuda, entregarle unos regalos y compartir cariño en un día que parece especialmente malo. En principio, es la historia de dos amigas reunidas por una amenaza mortífera.
Pero los detalles alteran esta apariencia desde muy temprano. La decoración sobrecargada, casi barroca, del departamento sugiere la proyección de una mentalidad tortuosa y narcisista. Sofía se comporta de manera esquiva, caprichosa, afectada. Rara vez mira de frente a su amiga, y no parece tener interés por ningún objeto que no sea ella misma, su cuerpo o su rostro. Hay algo en ella de pose permanente, de deseo de ser mirada, de egotismo inagotable.
Antonia, en cambio, es pura entrega, lo que es una manera sediciosa de decir que también es pura obsesión. Está rendida ante la resistencia que Sofía ofrece a su comprensión, la mira con una mezcla de admiración y arrobo, y la solidaridad que la enfermedad le suscita se confunde fácil y ambiguamente con el dolor y el amor.
La película registra este día difícil de las dos niñas en el departamento. Fuera de ellas, sólo aparecen en pantalla otros tres personajes que –en una dudosa ruptura del estilo y la continuidad narrativa- entregan sus testimonios sobre las conductas de la extraña Sofía y los cambios de la estructurada Antonia. No son muy relevantes, e incluso compiten contra la ambigüedad del resto del relato.
Lo esencial está en la relación volátil, riesgosa, siempre a punto de estallar o desbarrancarse, entre Sofía y Antonia, y si uno recuerda a otras mujeres enfrentadas en el cine, como la enfermera y la actriz de Persona, de Ingmar Bergman, o de mujeres simplemente obsesivas, como la protagonista de Carta de una desconocida, de Max Ophuls (a quien parece citar Sofía en la primera línea de la carta que escribe: “Tal vez yo ya no esté cuando leas estas palabras…”), es porque el sueño de la relación horizontal sucumbe también aquí ante los viejos patrones de simulacro y dominio, manipulación y sumisión que parecen inherentes a la levadura humana.
Esta primera película de Rodrigo Marín trabaja en la frontera lábil de los sentimientos femeninos, y funciona, no como una exploración intelectual o moral, sino como algo más táctil, acaso como el roce de un dedo sobre la piel: con contención, con delicadeza, con cuidado hacia la sensualidad agazapada de sus frágiles personajes. Un notable debut fílmico, uno de los mejores de los últimos años.
Las niñas
Dirección: Rodrigo Marín. Con: Sofía Oportot, Antonia Santa María, Elisa Zulueta, Loreto Lustig, Emilio Edwards. duración: 70 minutos.
|
Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 09/05/2009 14:24 [ N° 1 ] |
No he visto la película, pero me da la espina que insinúa una relación lésbica. El quedarse sólo en la insinuación sería, entonces, lo que aporta la ambiguadad, la atmósfera sobrecargada, tortuosa. Si el director hubiese sido más honesto, abre le film con las dos amándose desnudas en la cama. |
|
Posteado por: Rodrigo Andrés Otárola Amestoy 15/05/2009 11:59 [ N° 2 ] |
José, entonces primero ve la pelicula, luego puedes hablar lo que quieras. Se tu el crítico y no te cuelgues de otras palabras. |
|
Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 18/05/2009 13:22 [ N° 3 ] |
Rodrigo, |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 |