Cuando James Ellroy tenía diez años, su madre apareció asesinada al costado de un camino.
El niño –regordete y poco expresivo– recibió la noticia en aparente calma, luego lloró, luego hizo lo posible por olvidar aquella historia o por lo menos mantenerla encerrada dentro del límite más estrecho posible. Tras una adolescencia turbulenta, se convirtió en un escritor de novelas policiales, y he aquí que las historias que conoce, y que investiga, y que recrea, lo conducen, una y otra vez, al cuerpo de una mujer de alrededor de cuarenta años que apareció muerta en el bordillo de la carretera. Cuando Ellroy reconoció esa presencia que lo habitaba, esa historia que pugnaba por salir, decidió reemprender la tarea que los policías habían abandonado veinte años atrás: descubrir al asesino de su madre.
Roberto Bolaño escribió que la segunda parte del libro, cuando Ellroy narra la infancia y adolescencia del autor tras el crimen, “es de lo mejor que se ha escrito en la literatura de cualquier lengua de los últimos treinta años”. Aunque haya que restar el punto de provocación que solía contener este tipo de declaraciones, puede ser un buen contrapeso para quienes, siempre según Bolaño, desprecian a Ellroy “por consideraciones tan imbéciles como que se trata de un autor de género”. Escribirá novelas policiales, pero la potencia de la escritura de Ellroy y su impresionante capacidad para captar la ambigüedad en que se mueven los seres humanos, especialmente aquellos que circulan por los siempre difusos bordes del crimen y su persecución, es inigualable. Es un escritor disparejo, que abusa del punto seguido (a su favor, lo hacía mucho antes de que se pusiera de moda) y que a veces entrega historias que oscilan entre la flojera y el oportunismo, pero tiene novelas magistrales como La dalia negra y L.A. confidential, mucho mejores que sus versiones cinematográficas. Mis rincones oscuros, aunque sea una autobiografía, se lee como una novela que llega a ser asfixiante en su ritmo febril y en la porfía en seguir una huella que puede conducir a lo peor. Lo peor del ser humano y lo peor se seres humanos muy concretos, como su madre, su padre y el mismo autor. “Quiero borrar la distancia que nos separa”, dice Ellroy al inicio del libro, dirigiéndose a su madre; aunque en definitiva ese empeño será inútil. Descubre todos sus secretos y los expone públicamente, pero no puede ya renunciar a la “vida obsesiva” que se inauguró en 1958 y que aún hoy mantiene al autor al tope de una narrativa sucia, desgarrada, donde nadie es completamente bueno, ni fuerte, ni hábil, ni victorioso.
Ediciones B, Barcelona, 2008. 475 páginas.
|
Posteado por: Carlos Arias Rodriguez 09/05/2009 11:47 [ N° 1 ] |
Ellroy es un gran escritor. Pero no porque lo diga Bolaño... |
|
Posteado por: Carlos Arias Rodriguez 09/05/2009 11:50 [ N° 2 ] |
Ellroy es un gran escritor. Pero no porque lo diga Bolaño... |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 |