
Jueves 7 de mayo de 2009. Señora Edite Barbosa, presente. Querida Edite: el próximo sábado se cumplen tres semanas desde el día en que almorzamos juntos en tu casa en Paine. No quise agradecerte de inmediato la invitación, preferí que el tiempo borroneara los detalles más domésticos y de esa visita quedara lo esencial, lo que malamente intentaré decirte en estas líneas.
Te conocí no hace tantos meses en una fuente de soda de Providencia, donde bebimos un schop helado en un día de verano y mucho calor. Me gustó tu manera de ser, la energía que desplegabas al hablar de tu trabajo como directora de un colegio en Lo Barnechea, el color azul de tus ojos, y, ciertamente, me gustó muchísimo que fuera tío tuyo uno de los jugadores de la selección brasilera de fútbol que salió llorando del estadio Maracaná, en aquella final del Mundial de 1950 que ganó Uruguay.
Si no me falla la memoria, fue esa tarde en Providencia cuando acordamos una cita futura en Paine, en tu casa, desde donde me llevarías al cementerio del pueblo para que yo rastreara y localizara la tumba de una mujer importante en mi vida, María Martínez, muerta hace ya más de veinte años.
Concretamos la invitación, y a Paine fui con la Solcita y con mi hija menor, Agustina, de siete años de edad. No costó nada llegar a tu casa. Al fondo de un pasaje llamado Damasco identificamos el portón, ya no recuerdo de qué color, que me habías señalado permitía reconocerla, sencilla y pequeña. Saliste a recibirme junto a Yuri, tu pareja, y un par de quiltros entrañables. A mí, como a ti, me gustan los quiltros. Su natural desparpajo, eso de no presumir condición social alguna, y la sensación que dan de ser los más agradecidos del planeta porque alguien los acoge y los alimenta y los cuida cuando están en dificultades, me hizo empatizar aún más contigo.
Almorzamos una feijoada auténtica (porotos negros, chorizo, chancho) que preparaste con cariño, acompañada de arroz blanco y cerveza bien helada, como debe ser, dijiste. Me tenías de regalo una copia del libro El callejón de las viudas, donde se cuenta la historia de los detenidos desaparecidos de Paine. Para ser un pueblo de 50 mil habitantes, Paine tiene la tasa proporcional más alta de Chile de desaparecidos y ejecutados después del golpe militar de 1973: cerca de cien hombres, la mayoría campesinos, entre ellos un muchacho de quince años.
Disfrutamos la comida, saboreamos unas naranjas jugosas de postre (el complemento ideal, dijiste, para digerir mejor la feijoada), y después nos sentamos frente al televisor porque ustedes querían mostrarnos un documental de la cantante brasilera Marisa Monte. Fue magnífico ver cómo ella junto a otros artistas improvisaban con instrumentos artesanales y revelaban la alegría que les provocaba hacer música. Estuvimos, no sé, cerca de una hora viéndolos y escuchándolos, y yo les pedí, a Yuri y a ti, Edite, que me mandaran la letra de una de esas canciones. No termino de entender demasiado bien por qué, pero aquel estribillo en aquel momento me conmovió mucho: “En la vida, sólo queda seguir”.
En ese lapso de dos o tres horas en que comimos, conversamos y vimos televisión, experimenté una extraña e indefinible felicidad, como pocas veces en mi vida. ¿Sería porque cerca nuestro, a unos cuantos kilómetros no sé en qué dirección, había estado en Paine hacía más de veinte años para ver por última vez a María Martínez en su casa de campo, y su espíritu ahora se hacía presente?
Fuimos más tarde los cinco al cementerio del pueblo, y me ayudaron todos a buscar su tumba, y no la encontramos, pero no me importó. Estoy seguro de que María Martínez estuvo ahí, entre nosotros, festejando este nuevo encuentro, inesperado para ella, y también para mí. Sé que moriré un día acompañado entre otros de su recuerdo. No sé en cuánto tiempo volveré a Paine, querida Edite. Mientras tanto, recibe estas líneas en señal de gratitud.
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Posteado por: pepo danmar 16/05/2009 10:07 [ N° 1 ] |
Llegando a la mugrienta estación de Paine me fui al aún más mugriento supermercado. Es el único de considerable tamaño de este pueblucho de mierda. Ni siquiera los pacos son simpáticos aquí, se pasan cambiando el lugar donde se agazapan detrás de árboles y letreros para incordiar a los conductores y revisarles los documentos con desprecio y prepotencia. Eso, hablando de desprecio, es lo que he notado también en la actitud de los empleados del supermercado de marras. Les debe ser fácil creerse infinitamente superiores a las numerosas y humildes mujeres y escasos hombres de campo que se ven obligados por falta de alternativa a abastecerse de sus modestos víveres y otros productos allí. Las veces que he tenido por obligación que adoptar la condición de cliente de ellos, salgo con la presión elevada y maldiciéndolos. Los productos de calidad mediocre a baja, las ingratas sorpresas cuando en las cajas, (habitualmente unas pocas solamente funcionando, largas filas de personas esperando pagar), con sorpresa, si nos fijamos cuidadosamente en la máquina que va mostrando en su pantalla los precios de cada ítem, vemos que éstos difieren notablemente de los indicados en los flejes de los anaqueles. |
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Posteado por: Eduardo Hurtado G 16/05/2009 13:54 [ N° 2 ] |
Y dale, dale y dale. |
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Posteado por: Marta Ruth Palma Diaz 17/05/2009 23:11 [ N° 3 ] |
Francisco, una vez mas he leido tu columna y una vez mas me he maravillado, es la forma en que transportas al lector ,es como si lo llevases a uno de la mano hacia el motivo de tu prosa, tan natural, sensible y compleja...por favor no dejes nunca de escribir...le das mayor sentido a la semana que uno ha vivido. Mil gracias!Yo tanmbien escribo ,por eso te disfruto tanto... |
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Posteado por: Patricia García González 18/05/2009 12:32 [ N° 4 ] |
Maravillosas líneas, Francisco, yo conozco a Edite, y te puedo decir que es una gran persona, merecidas líneas para ella. Patricia García González |
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 18/05/2009 17:00 [ N° 5 ] |
Señor Mouat, |
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Posteado por: Manuel Enrique Gomez Mendez 20/05/2009 12:54 [ N° 6 ] |
A don Eduardo (2 )y a José Manuel ( 5): Porfa, no contaminen esta columna. |
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Posteado por: carlos eduardo barra perez 15/09/2009 19:31 [ N° 7 ] |
Hermoso,entretenido,sencillo su articulo.En cuanto a no contaminar,con los recuerdos de los asesinados,esta bien para los que tienen culpa de silencio,fanatismo y remordimiento de conciencia.Vamos necesitamos siempre conocer nuestros pueblos, pensamientos y recuerdos.Gracias |
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