
Hay un momento en que el protagonista de esta película, creyendo salir de una pesadilla, pregunta: “¿Hoy es Navidad?”. “No, es sábado, estúpido”, responde un niño. Es un guiño irónico para recordar que la remota inspiración narrativa es Un cuento de Navidad, de Charles Dickens.
¿Qué tiene que ver el avaricioso prestamista Ebenezer Scrooge con el fotógrafo sexista Connor Mead (Matthew McConaughey)? Lo que los une es que –y este es uno de los giros perceptivos de la película– la codicia y el sexismo son expresiones del egoísmo, un egoísmo instintivo y defensivo, cuyas raíces se hallan en episodios dolorosos ya remotos. El momento para enfrentarlos es el que más detestan: Scrooge, la Navidad; Connor, el matrimonio de su hermano Paul (Breckin Meyer).
Connor busca sexo rápido y casual, y se extraña de que las mujeres a las que abandona se sientan dolidas por ello: “¿Ya nadie quiere divertirse solamente?”. Concurre al matrimonio de su único hermano sin otro propósito que sabotearlo, aunque un antiguo amor, Jenny Perotti (Jennifer Garner), le anticipa lo que ocurrirá esa noche: “No le diré a nadie que tienes sentimientos”. Es lo que Connor ha rechazado por más de 40 años.
Entonces –sólo han pasado 20 minutos de metraje– aparece el fantasma de su tío Wayne (Michael Douglas), quien le enseñó los trucos de la seducción, y le anuncia que esta noche vendrán tres fantasmas: los de las Novias Pasadas, las Novias Presentes y las Novias Futuras. Ellas le mostrarán su vida desde niño hasta lo que vendrá más adelante.
Como cualquier romantic comedy de Hollywood, ésta sigue el camino hacia el final feliz. Sin embargo, en más de 80 de sus 100 minutos, bajo su textura cínica e hilarante, ésta es una historia trágica y desesperada, igual que lo era Como si fuera cierto (2005), otra cinta de fantasmas del mismo director. Por ejemplo: cuando Connor llega a la mansión de la boda, un par de planos bastan para situarnos ante las señas de una infancia oscurecida y congelada que luego será la clave en el desarrollo del protagonista.
Estos toques abundan en Los fantasmas de mis ex y es probable que resulten más notorios en una segunda visión que en la primera.
Mark Waters es uno de los buenos cineastas de comedia dentro del mainstream de Hollywood, aunque esto mismo puede hacerlo relativamente invisible a algunos cinéfilos. Sus mejores películas (La casa del sí, 1997; Un viernes de locos, 2003; Chicas pesadas, 2004) exploran crisis emocionales estalladas en la juventud, que llevan a sus protagonistas hasta el borde de unas tragedias de las que sólo la fantasía los puede salvar. Waters filma estas historias con impecable corrección, aunque en muchas de sus imágenes se siente la tensión de una corriente irónica. Hay una textura clásica en su estilo y una destilación decididamente moderna en sus temas. Conviene verlo dejando los prejuicios en casa.
Ghosts of girlfriends past
Dirección: Mark Waters. Con: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Michael Douglas, Breckin Meyer, Robert Forster. duración 100 minutos.
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 23/05/2009 19:50 [ N° 1 ] |
La crítica de hoy me hizo recordar a los monjes medievales encerrados en sus enormes abadías, sentados copiando. Esos hombres, que prefiguran al explotado obrero moderno, hace ya tiempo que no creían en nada, pero afuera estaban la peste, el hambre y los lobos... era mejor copiar. |
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