
Al lado de otras novelas de Roth, Indignación es una pieza de cámara que apenas supera las 150 páginas; pero no le hace falta monumentalidad ni extensión para convertirse en una obra esencial en su ya nutrida bibliografía. A sus 76 años de edad, el más premiado y reconocido escritor estadounidense vivo sigue haciendo gala de una lucidez a toda prueba, que, en este caso, se plasma en una novela durísima, demoledora, que sitúa en el centro de la trama el mundo de decisiones que cada ser humano toma día a día, y cómo cada mínima elección puede llegar a ser determinante del futuro; y todo ello desde un protagonista y narrador que está en un estado de conciencia que sólo le permite el recuerdo y la reelaboración obsesiva de cada minuto de su vida.
Como en otras obras suyas, Roth retrocede algunas décadas. La acción se desarrolla en 1951, en plena guerra de Corea, la mayor amenaza para los jóvenes estudiantes estadounidenses, y se inscribe en el ámbito mayor de los prejuicios y rigores de una sociedad que estaba lejos aún del despertar libertario de los sesenta. De hecho, la novela es intensamente sofocante, por la cantidad de normas y fuerzas destinadas a contener y subyugar la energía de la juventud. Y aunque Markus Messner –judío de Newark, Nueva Jersey, igual que el autor del libro– es la clase especial de rebelde que saca sobresaliente en todas las asignaturas, aún así el sistema no podrá permitírselo: la domesticación, el disciplinamiento y el rigor tienen mucho más que ver con las convicciones, las cuestiones de fe y la sociabilidad que se espera de un alumno. Messner va de choque frontal en choque frontal sin entender muy bien por qué el destino se ensaña con él, pero no puede tampoco traicionarse a sí mismo y en cada embate vuelve a levantar la bandera de una individualidad que lo arrastrará, parafraseando a Onetti, al infierno más temido. El personaje muestra, a la vez, una extraordinaria ingenuidad, especialmente en su conflictiva (y desoladora, finalmente) relación con Olivia Hutton, otra alma perdida y sofocada por la ferocidad de las instituciones, y una fortaleza moral apabullante, su caballo de batalla frente al resto del mundo; y, por supuesto, ni una ni otra son bastones adecuados para desplazarse en un rígido mapa férreamente trazado por la tradición. Y si todo ello produce indignación (que a Marcus le parece “la palabra más hermosa de la lengua inglesa”), más terrible y más indignante es que la cerrazón de posibilidades, el agotamiento de las alternativas, el cerco implacable que se tiende sobre Marcus y otros personajes, arrasen finalmente con todo.
Mondadori, Buenos Aires, 2009. 169 páginas.
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