Eugenia Weinstein
Sábado 30 de Mayo de 2009
La otra pandemia

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Mientras el mundo todavía no se recupera de la alarma causada por la influenza humana A(H1N1), otra epidemia se extiende peligrosamente por todo el planeta sin que aún se decrete alerta sanitaria. Se trata del desempleo. No es un virus, sino una plaga que causa estragos en tiempos de crisis económica. Afecta la salud física y mental de las personas y su grupo familiar y, si persiste en el tiempo, sus secuelas pueden ser tanto o más devastadoras que la más infecciosa de las enfermedades. Porque la cesantía genera miedo e incertidumbre, inestabilidad en las relaciones afectivas, trastornos emocionales y psicosomáticos y, por sobre todo, daño psicológico.

Perder el trabajo representa un quiebre vital en el cual el individuo se siente incapaz y desvalorizado ante la comunidad, ante sus seres queridos y ante sí mismo. La sociedad parece prescindir de su participación. Siente coartado su proyecto de vida y perdido el espacio propio. Su acceso al reconocimiento se restringe, sus aspiraciones y planes quedan suspendidos y los actos valorados y valorables se vuelven cada vez menos posibles. A la persona se le hace difícil encontrar una perspectiva desde donde mirar el futuro. Superado el desconcierto, sale a buscar alternativas. Se contacta con conocidos y esperar respuesta se vuelve su sino. El ánimo es cambiante y, muy luego, comienzan a surgir la inseguridad y la angustia. Las preocupaciones impiden descansar y traen insomnio; los fracasos reiterados producen desaliento, enfrentar el día a día se vuelve un esfuerzo creciente. La sensación de no ser nadie y no tener qué hacer van vaciando la vida de sentido. Afloran los sentimientos de inferioridad, la humillación y la vergüenza; comienzan los autorreproches. El individuo se experimenta a sí mismo simultáneamente como frustrante y frustrado. Se siente nervioso y agresivo, los roces aumentan, la comunicación se deteriora. Las tensiones acumuladas se traducen en sentimientos de impotencia y rabia que alteran la vida familiar y de pareja. Se invierten los roles, la vida sexual se menoscaba. Surgen las recriminaciones, la irritabilidad y la inestabilidad emocional.

Con el curso del tiempo, la marginación del trabajo puede producir una malsana adaptación a las circunstancias. El desgaste y el desánimo van minando la voluntad y, de a poco, surgen la pasividad y el pesimismo. La autoestima devaluada, la angustia, el deterioro de los vínculos y la insatisfacción constante pasan a ser la realidad cotidiana. La persona se siente derrotada, triste, deprimida, sin fuerzas. Experimenta su situación como individual, perdiendo de vista el contexto social y económico global en el cuál se ha generado. La culpa le lleva a creer que es la propia incapacidad la que le impide resolver sus problemas. Aislada y sola, interpreta la cesantía como resultado de su propio fracaso.

Señor, señora o señorita, si usted ha perdido su trabajo en medio de esta tormenta económica, y su vida está desestructurada ¡atine! No permita que el desvalimiento y el temor logren abatirlo. No asuma la cesantía como bochornosa. Manténgase activo, cultive sus redes y no se oculte de sus amigos. Evite perder el significado del tiempo. Haga una diferencia entre las horas de trabajo y las de descanso, entre los feriados y los días de semana. Continúe su búsqueda, no se dé por vencido. Comprenda que la apatía es una mala defensa ante la frustración prologada. Conduce al fatalismo, estrecha el horizonte de intereses y disminuye la capacidad para idear alternativas. Por favor no se adapte a lo intolerable. La vida tiene ciclos, vaivenes, pero éstos pasan. El agobio no es la normalidad. Rescate su entereza del vacío en que ha caído, exprese sus sentimientos y evite así sumergirse en una depresión crónica enmascarada. Atrévase a imaginar su vida de otro modo, sin renunciar a sus sueños y esperanzas. Si pierde las fuerzas para luchar, corre el riesgo de perderse a sí mismo. No lo permita. Dé la pelea hasta el final sin darse por vencido. No se transforme en una víctima más de esta otra pandemia.

11 Comentarios publicados
Posteado por:
Guillermo Réne Águila Tobar
30/05/2009 10:53
[ N° 1 ]

Totalmente de acuerdo con las consecuencias de todo orden que trae el quedar cesante, porque muchos años atrás estuve cesante, pero quisiera hacerle una sola observación a Eugenia. "No es que uno no quiera cultivar las redes sociales y amigos", es al contrario los "AMIGOS" no les interesan cultivarlas, las esquivan porque uno en esa condición no tiene ningún valor economico y social. Famosa es la frase que dice: en la "ADVERSIDAD" se ven los amigos.
Es un fenomeno extraño porque cuando recupere si status, TAMBIEN RECUPERE A MIS AMIGOS E INCLUSO AUMENTO EL NUMERO DE ELLOS. curioso fenomeno ¿ o no ?

Posteado por:
Juan Green Venners
30/05/2009 11:20
[ N° 2 ]

Bien por esta columna. Me alegra leer algo con sentido y alentador.

Posteado por:
Fredy Hernan Paillalef Contreras
30/05/2009 12:43
[ N° 3 ]

Eugenia,de verdad genial tus palabras,en otro tiempo estuve cesante en forma prolongada y palabras como las tuyas son realmente alentadoras en tiempos dificiles y tienen mucho poder...

Posteado por:
Ana Maria Amigo
30/05/2009 13:36
[ N° 4 ]

También tengo parientes que hace años viven fuera de Chile y no están ni un poco interesados en votar en las elecciones chilenas, ese es un tema importante para los que vivimos aquí y nos interesa elegir a nuestras autoridades porque nos concierne a los que están fuera para nada.

Posteado por:
Ramón Zañartu Covarrubias
31/05/2009 09:24
[ N° 5 ]

Eugenia:
La felicito por su carta, en particular el último parrafo que debe ser una voz de aliento para todos aquellos, quienes de la noche a la mañana, se les volvió el mundo al revés al perder su trabajo.
En la búsqueda de nuevas oportunidades y reconocerlas, está el desafío.

Posteado por:
Cristian Mellado Aracena
01/06/2009 19:54
[ N° 6 ]

Fui cesante por 8 meses hace 2 años atrás y tu artículo me parece ciertamente oportuno además de contingente y humano....sin duda ayudara a muchos a pasar ese momento tan doloroso.
Pienso que hay mucho espacio aún para hablar del tema y específicamente del momento inmediato a la perdida, donde debe existir un proceso personal de duelo que ayude a asumir esta nueva etapa.
Si a alguien sirve mi experiencia, puedo decir que tuve un cambio enorme en mi vida, de trabajar en una multinacional y viajar por el mundo hoy me encuentro desarrollando mi proyecto que amo...mi restaurante. Me transporto en bicicleta todo lo que puedo, estoy alerta mucho mas que antes de lo que pasa a mi alrededor, hago mi tarea día a día y no me sobra ni un peso con dos hijos en la Universidad.
A pesar del susto, pena y desamparo que pasé hoy me encuentro haciendo algo que me gusta hacer. Soy tremendamente feliz con el resultado de este cambio a pesar que hoy, a mis 49 años, trabajo mucho mas que antes.

Posteado por:
LUCIA SOLANGE ESCOBAR ACOSTA
03/06/2009 00:49
[ N° 7 ]

Jamas me habian retratado tan certeramente.me siento plenamente identificada con cada una de las frases de este articulo, que jamas me pierdo de leer, pero que ahora me llego muy, pero muy adentro.
Solo te puedo decir que me siento una " paria ", eso soy en este momento en esta sociedad, una paria.
Eugenia, yo soy una victima del transantiago, quede sin pega por este proyecto de lagos, y no solo yo, si no toda mi familia. Entonces es aun mas devastador, ver a tu padre, tu madre, tu hermano y otros mas, en esta misma situacion. Es terrible, nos han embargado hasta el perro!!Hemos perdido todo lo logrado con un trabajo de chinos que hicimos por aÑos, lejos mucho mejor que lo que hay ahora, y sin que ningun gobierno nos pusiera ni un solo peso.
Que terrible eugenia, podria estar horas en esto.........

Posteado por:
Eduardo Hurtado G
05/06/2009 09:33
[ N° 8 ]

Excelente columna.
Ves que se puede escribir bien refiriéndose a lo que se domina.

Posteado por:
Sergio Godoy Mena
07/06/2009 10:37
[ N° 9 ]

No podian estar mejor descrito los sentimientos , etapas y consecuencias de esta ola pandemica.
Agregaria ciertos puntos que me ha tocado analizar por vivencia personal:
Pondria enfasis en No culparse de la situacion. El desempleado ha sido la consecuencia de algo ajeno a nuestras voluntades. Valorar nuestro pasado y nuestra contribucion a nosotros mismos,la familia, y por ende a la comunidad ha sido valiosa. Seguimos siendo utiles y deseosos de contribuir. Debemos sacudirnos de ese sentimiento de culpabilidad que nos tiende a atrapar, para orientarnos en lo positivo.
Comabatir el islamiento natural que se produce en estas circunstancias. Siempre hay quienes estan peores condiciones y podriamos dar una mano. Voluntariarse es una tremenda terapia contra los sentimientos negativos.
Mantenerse alejado de situaciones y personas "toxicas" que son aquellas que se alimentan del negativismo de la situacion.
Unete a un gruo y si no lo encuentras, crea uno que les ayude ver el lado positivo y mantenga el espiritu arriba. Hasta podran generar ideas y hasta trabajo. La energia positiva se multiplicara.
Un dia simplemente dije--"estoy dentro del 9.4% de los sin trabajo, pero...alla veo miles que permanecen en un grupo mayoritario y que es un 90.6%, o sea, 1 de cada 10 esta temporalmente inactivo pero 9 si trabajan. Mmm...no es tan malo despues de todo.

Posteado por:
Raúl Nestor Hernandez Puebla
09/06/2009 12:18
[ N° 10 ]

Es excelente el articulo. Creo que se apunta exactamente a lo que pasa internamente un cesante, es lo que el común de la gente no ve o no comprende hasta que lo vive en carne propia.

Efectivamente es necesario comprender la situación entender que las decisiones que uno toma a diario y los pensamientos que uno pone en su cabeza traen consecuencias y es uno el responsable, nadie más.

En esto no hay final, todo es dinámico, si uno encuentra pega no debe olvidarse de estos instantes pendsndo en los demás y en uno mismo.

Saludos

Posteado por:
Alvaro Pérez Wilson
21/06/2009 02:14
[ N° 11 ]

Dicho en breve , no hay mal que por bien no venga.

La Cesantía no es un mal, como el trabajar no es un bien. El bien o el mal está en la actitud con que yo me tomo la adversidad o el bien que me sobrevenga

Hay muchos hoy que trabajan pero que no pueden gozar del mismo trabajo, pasando a ser sólo una pieza desechable de una máquina. Y al salir del trabajo tienen que viajar horas y horas a su casa. El trabajo para muchos hoy , casi parala mayoría es una tortura.Nada de bien.

La cesantía puede ser un buen tiempo para re-pensarse, para despertar y darse cuenta de quién soy en verdad. Nada ocurre por que sí.Hasta el último pelo de mi cabello está contado. No todo es trabajo en la vida.

Nuestra cultura tiene una distorsionada sobrevaloración del trabajo como el único sustento de la vida. Es un error pues si analizamos los grandes genios, muchos inventos y logros humanos se efectuaron en tiempos de ocio, holgazanería, o por una coincidencia
providencial.

Jesús decía , por qué se preocupan; mirad los pájaros del cielo que no trabajan ni hilan , y mi Padre los alimenta.

Ocupémonos del Reino de los Cielos y el resto vendrá por añadidura

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