Francisco Mouat
Sábado 13 de Junio de 2009
Cosas que pasan


Francisco Mouat.jpg

Acabo de leer, de una sentada, un libro mínimo, que un amigo estuvo a punto de botar a la basura junto a decenas de otros libros que alguna vez puso a la venta en su ya desaparecida librería de Providencia. Antes de echar los libros al basurero, mi amigo, antiguo compañero de la universidad, me invitó a almorzar a su casa y me dijo que revisara en una caja llena de libros empolvados si había alguno que me interesara. De ellos separé Sobre cosas que me han pasado, de Marcelo Matthey Correa. La portada minimalista no decía nada más. No había fotografía de autor, ni ningún otro dato que nos hablara de él, ni menos algún comentario sobre el libro mismo en la contraportada. Tampoco el nombre de una editorial. Apenas un precio: 600 pesos.

Me lo llevé a casa porque me llamó la atención el apellido del autor: Matthey con y griega. Tengo una amiga con ese mismo apellido, distinto al del general de la fuerza aérea y su hija senadora, que es con i latina. Pensé que Marcelo Matthey podía ser pariente suya, y por eso me interesó.

El libro quedó encima de mi escritorio durante algunas semanas, hasta que ayer lo tomé temprano en la mañana y lo leí. Resultó un diario íntimo escrito en dos partes: la primera, entre septiembre de 1988 y enero de 1999, y la segunda entre abril y agosto del mismo 1999. Nunca sabremos demasiadas cosas de la biografía convencional de Matthey después de leer el libro: imaginamos que es joven, que tiene entre veinte y treinta años, y nos vamos enterando de que estudia canto, vive en una casa en avenida España, viaja con relativa frecuencia a una casa familiar en El Tabo, a veces ayuda a su padre a hacer trámites, le gusta caminar, andar en micro, leyó durante 1988 textos de Azorín y Pío Baroja, asistió en 1999 a un concierto donde interpretaron La pasión según San Mateo, de Bach.
La escritura es sencilla, básica, sin palabras difíciles, y, por añadidura, tampoco se emplea a fondo en construir frases propias de un lenguaje atractivo y sugerente, de un estilo que conmueva por la justeza con que se eligen las palabras y se ponen las comas y los puntos. Sin embargo, no pude dejar de leerlo hasta el final. Fue como si me internara en una película privada sobre los movimientos de un joven santiaguino de fines de los años ochenta. El libro es breve, cada día narrado tiene la fecha registrada al comienzo, y en el relato nada es contado de manera altisonante. El narrador no pierde la compostura ni cuenta cosas excepcionales. Uno podría llegar a pensar que está incluso un poco deprimido, pero no. La frecuencia con que se asombra de los detalles más cotidianos revelan a un sujeto sensible que parece amar la vida. El narrador no se enoja, no se altera, no expresa emoción. Simplemente cuenta que salió a trotar, que caminó cerca de su casa y vio pegada en una ventana una hoja de cuaderno escrita con lápiz pasta que decía: “Se arreglan corbatas”. Un día leyó la Enciclopedia Fauna para aprender de la vida de los animales y ver qué cosas en común tienen con los seres humanos, un día fue con su padre a votar en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, y su relato, lejos de referir lo que se jugaba ese día, apenas se detuvo en las largas colas que había para sufragar.

El narrador viaja regularmente en bus a El Tabo, duerme siesta, camina por la arena, se pierde en ensoñaciones cuando mira el mar. En Santiago es peatón, se sube a una liebre, paga el pasaje, le gusta fijar la mirada en las viejas del barrio, le pone nombre a Heriberto, dueño del kiosco de la esquina.

No sé casi nada más de Marcelo Matthey que lo que narra el libro, y sin embargo me atrapa su mirada de un fragmento cualquiera de su vida. ¿Qué será hoy de él? ¿Vive en Santiago, o con vista al mar? ¿Cuántos años tiene, siguió cantando, aún anda en micro, continúa planchándose los pantalones? ¿Está vivo o muerto, escribió alguna otra vez un diario íntimo, se imaginó que veinte años más tarde de haberlo escrito un desconocido se detendría una mañana a leer su diario, a saber detalles que el polvo del olvido tarde o temprano cubrirá a pesar de las palabras?

8 Comentarios publicados
Posteado por:
Anita María Fabio Rodríguez
13/06/2009 11:00
[ N° 1 ]

Hola Francisco, hace mucho tiempo que sigo tus artículos, los encuentro muy buenos, sencillos, atentos, reales. Algunos incluso los he guardado en el tiempo, y has sido fuente de inspiración en muchos de tus relatos para quedarme con temas pegados por semanas, como lo fue el "Ocio".
No se, si hoy, por la simpleza misma del libro que leíste, o por la sencillez (pero mucha profundidad) de tu relato, me cautivó la historia, si, una vez mas. Si tienes noticias de este escritor de cosas triviales, aparentemente sin mayores ideas que comentar sus días, en un tiempo definido para luego callar para siempre. Me encantaría, y creo no solamente a mí sino a muchos, nos cuente si tuviste algún tipo de noticia de este autor hoy en día.
Agradezco tu real magia, de contarnos historias que nos devuelven la mirada a una vida, que aún es sublime y humana.
Abrazos.

Posteado por:
eugenio salas rivera
13/06/2009 11:14
[ N° 2 ]

Sí, suena como un libro que se agarra a la rápida, las circunstancias lo exigen, y se lee de una sola sentada. En el cuarto más pequeño de la casa. Aburrido. En vez de estas crónicas triviales sobre libros triviales, tírate a donde las papas queman. Si te atreves.

Posteado por:
Cecilia Prado Rodriguez
13/06/2009 22:01
[ N° 3 ]

Hola Francisco, aunque tu no me conoces para mi eres como un viejo amigo, el cual me cuenta historias, trozos de su vida y de la de otros. Hoy he visto interrumpida esta amistad y encuentro que tenia todos los sabados contigo, imagino que por razones presupuestarias del diario ahora la revista del sabado solo ....la entregan a los suscriptores y yo fui a cpmprar el diario como todos los sabados, busco la revista y no venía, le reclamo al kiosco y el me dice mire este aviso: la revista del sabado se entregara solo a los suscriptores. Decepción, me encanta sentir el papel y leer en el. Hoy tuve que buscarte en Internet, en el diario digital, igual me gustó tu articulo respecto a un escritor anónimo, pero extraño el poder leerte y releerte en cualquier lugar, ahora quedaste accesible solo a los suscriptores y al formato digital.
Una suscrpción sale cara querido amigo, he guardado infinidad de revistas del sabado y me he entretenido mucho con tu espacio,te envio un abrazo.

Posteado por:
Santiago Rojas
14/06/2009 10:57
[ N° 4 ]

Lo importante Francisco, es aprender a descubrir lo bello de la vida en lo cotidiano. El lenguaje simple pero escrito con el corazón, de pronto, llega profundo al lector quien no solo aprende a mirar distinto, también descubre valores que, habitualmente no encontramos en escritores consagrados.
Muchas veces, acostumbramos a encontrar de buen gusto leer narrativa, por ejemplo, de gente que ha sido levantada por un sistema, que al parecer, solo tiene miradas acotadas, sin intentar averiguar acerca de escritores innatos. Estos no tienen la suerte de codearse con la elite, y pasan desapercibidos.
La excepcion la constituye gente como tú, que no tiene límites en su búsqueda. Te felicito, porque eso es lo que se espera de las futuras generaciones.

Posteado por:
Mónica Domínguez C.
14/06/2009 12:27
[ N° 5 ]

Hola: Me llamó la atención el nombre del autor y leí con interés tu artículo, resultó ser hermano de una gran amiga, Marcelo es también hermano de la espectacular cantante Magdalena Matthey, es una familia grande llena de artístas muy sensibles liderados por una mamá entretenida que vive desde la muerte del papá en su querido Tabo; supe que Marcelo siempre ha escrito, ojalá tu artículo lo motive a seguir publicando, sería bueno poder leer a alguien con una mirada limpia y directa del mundo, tan poco corriente en estos tiemops

Posteado por:
M. Soledad Lang Soto
17/06/2009 16:14
[ N° 6 ]

Hola Francisco,
Me sorprendí mucho al leer tu articulo sobre el libro de Marcelo Matthey, fue mi amigo en la infancia, mis padres, por varios veranos arrendaron la casa del frente en El Tabo, su casa de veraneo quedaba en una lomita frente a la playa principal, jugábamos todos los veranos, hasta que mis padres construyeron una casa en otro sector del Tabo.
Lo recuerdo físicamente, con sus ojos celeste y su mirada profunda, pelo corto rubio, siempre sonriente, sus dientes blancos y parejos, delgado de estatura normal, como persona: estudioso, alegre, tímido, educado, tranquilo, solitario, preocupado por sus padres y hermanos, le gustaba cantar y caminar solo por la orilla de la playa; Entrando a la adolescencia nos separamos, solo nos saludábamos, nunca se integro a ningún grupo de adolescente, como nunca lo vi: en discoteque, fumando, pololeando, en fiestas; Bajaba todos los días a la playa, con su toalla enrollada bajo el brazo y de la mano con sus hermanas mas pequeñas, se instalaban al lado del salvavidas, luego bajaban el resto de su familia y primos.
Su padre trabajaba en la Tesorería de la Republica, su madre creo que daba clases de música, eran más de 10 hermanos era una familia muy unida, conservadora, sencilla, austera, cariñosa y alegres, en las noches se juntaban en su casa con sus primos, los que eran 13 hermanos, a tocar guitarra y a cantar, pienso que con esa cantidad de hermanos y primos no tenia la necesidad de compartir su adolescencia con otras personas.
Participaron como familia en distintos competencia de canciones; Su hermana Magdalena gano la competencia Folclórico del Festival de Viña.
En el año que el escribe su libro el debería haber tenido 28 años, hoy debe tener 49 años.
Mis padres vendieron la casa en el año 1996, fue la ultima ves que lo vi, me encantaría leer su libro pero pienso que no lo encontraren en ningún lado.
Espero haber colaborado en este fragmento de la vida de Marcelo.
Marisol Lang

Posteado por:
arturo rodrigo fierro fernandez
18/06/2009 16:42
[ N° 7 ]

muy bueno el articulo, màgico, misterioso, que serà de ese tipo,¿mathey?, bueno, tiene la escencia del escritor, comunicar algo, y al final, creo que a todos los escritores les pasa, no debe haber "niuno" que no quiera que otro lo lea...

Posteado por:
Jorge Bravo Arancibia
21/06/2009 20:19
[ N° 8 ]

estimado Francisco,

marceñlo Mathey fué un gran compañero de curso durante mi educación basica y media en los SS.CC. de Alameda.Recuefrdo a un tipo tan cauto y tranquilo en tiempos de revolución ( años 1970 en adelante...) que nos llevaba a meditar nuestros impetús de rebeldía solo con su ligero comentario y su llegada inmediata a tú ser interior.
No se bien que numero era en su familia de 12 hermanos, pero marcaba la pauta con sus buenas notas,y ciertamente el mejor compañero era un titulo ganado sin esfuerzo alguno.Solo puedo resumir que es mi recuerdo de un tipo excepcional,y también toda su familia.Su hermano Gabriel fué mi Guía Scout y dejó en mi la huella de actuación correcta sobre todas las pasiones legítimss.
Un abrazo afectuoso a tí Marcelo, estés donde estés....

Jorge Bravo Arancibia

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