Rodrigo Pinto
Sábado 04 de Julio de 2009
Libros: El hombre sin cabeza

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Por Rodrigo Pinto

En la página 49 del libro, el autor entrega un “saldo escalofriante” respecto de las muertes violentas debidas al tráfico de drogas en México ocurridas en 2008: “Más de cinco mil doscientos ejecutados, un promedio de diecisiete secuestros por día, trescientos doce casos de asesinatos con mensajes criminales y al menos ciento setenta decapitados”. Con todo, el dato no es, ni de lejos, lo más inquietante de este ensayo, un impresionante recorrido por la violencia en el mundo de hoy y sus significados.

Sergio González ganó fama porque publicó, en 2002, otro ensayo, Huesos en el desierto, sobre los asesinatos de mujeres en la frontera norte de México, una de las fuentes primarias de 2666, novela de Roberto Bolaño, hasta el punto de que éste incorpora a González como personaje en “La parte de los crímenes”. En la novela, González es periodista; en realidad, es ensayista y narrador, y este nuevo libro es una interesantísima conjunción de géneros que incorpora autobiografía, crónica y ensayo, cuyo desarrollo de ideas estremece más aún que los testimonios de sicarios que cortan cabezas por encargo: da cuenta de un mundo que se viene abajo a causa del incremento insostenible de la violencia y de la recuperación de los ritos más feroces y despiadados en la historia del crimen.

Hace siglos, las invasiones de Europa procedentes desde Asia jalonaban el camino con montones de cabezas cortadas; hoy, las decapitaciones suben a internet y se convierten en un sórdido espectáculo que, tanto como los mensajes inscritos en los cuerpos, tienen como objetivo inscribir el miedo como la cifra inversa de la violencia. González se hunde en el paisaje mexicano y en el más inesperado rincón hay cuerpos decapitados o con una bala en la frente (el traidor), en la oreja (el entrometido) o en la boca (el delator). Sobre ese mismo paisaje se inscribe la biografía del autor, que no tiene reparos en revelar sus obsesiones tempranas y su fascinación por imágenes de violencia inaudita. Esa obsesión y su capacidad de relacionar la violencia local con manifestaciones artísticas y con el tramado intelectual contemporáneo dan al texto no sólo su particular textura, sino también su eficacia para mostrar el reverso de un mundo que, desde este país, estamos muy lejos siquiera de imaginar.

Anagrama, Barcelona, 2009. 187 páginas.

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