Por Roberto Méndez
Los afectos y desafectos de los chilenos se han vuelto impredecibles. ¿Cómo explicar por qué cuando el desempleo se eleva sobre los dos dígitos, la aprobación de la Presidenta Bachelet se empina a niveles inéditos? ¿Por qué la profunda insatisfacción que revelan las mismas encuestas con la educación, la salud o el control de la delincuencia no afectan a la Mandataria? Debo decir que llevo 30 años midiendo la opinión pública chilena y nunca había visto un fenómeno semejante.
El amor es ciego e irracional, dice la sabiduría popular, y quizás no debamos buscar tantas explicaciones lógicas para lo que está pasando: “Chile se ha enamorado de Bachelet”, tituló el diario El País de España, comentando los últimos resultados. Porque aquí hay algo que se escapa a la lógica, por lo menos a la lógica tradicional de la política. Escuchando la otra noche a la Presidenta comentar por televisión sus buenos resultados, me dio la impresión de que ni ella misma tiene una buena explicación de lo que le está sucediendo. Hay, sin embargo, algo en su tono, familiar y cercano, en la forma en como se refiere a las personas, aun a sus adversarios, que crea unos lazos de seguridad y afecto; es algo que antes no se notaba, algo que la crisis reveló en toda su magnitud y que está conmocionando la política chilena.
Hay algunos elementos en los datos disponibles que dan luz sobre el fenómeno: primero, el alza en la aprobación de la Presidenta se inicia justamente en el momento en que estalla una emergencia económica global, esto es en el mes de septiembre del año pasado, hace justamente nueve meses. Desde entonces, sus índices de aprobación no han dejado de subir. Segundo, el alza se asocia fuertemente al juicio sobre el manejo de la crisis económica y el rol del ministro de Hacienda, Andrés Velasco. En efecto, desde septiembre del año pasado puede apreciarse que las curvas de evaluación de la Presidenta, de la economía y del ministro Velasco se mueven en total sincronía; la correlación es casi perfecta, diríamos en términos estadísticos. La tan duramente criticada enseñanza bíblica de ahorrar en tiempos de vacas gordas, especialmente atacada al interior de la propia coalición de gobierno, simplemente cautivó a los chilenos. La razón es que las vacas flacas llegaron, y en la forma de la más aterradora crisis económica global de los últimos 60 años.
Hasta aquí habría una cierta lógica, una relación de causa y efecto relativamente comprensible. Pero la lógica deja de operar cuando observamos otros datos de la misma encuesta que tan justificadamente alegra el corazón de nuestra Presidenta: las mismas personas que en un 74 por ciento dicen aprobar su gestión presidencial, rechazan masivamente la gestión gubernamental en educación (62 por ciento), con una fuerte caída en el mes de junio, en que, como se recordará, la educación pública estuvo prácticamente paralizada por los paros de profesores y alumnos. La caída en educación daña en forma importante la evaluación de la ministra Jiménez, ¡pero no toca a la Presidenta! Similar análisis podría hacerse del manejo de la delincuencia, de la corrupción, del Transantiago, de la salud. Es decir, tenemos una Presidenta superlativamente querida y respetada, a quien se le aprecia su manejo de la crisis económica, y simplemente se le perdona un manejo deficiente de otras áreas específicas de gobierno. Es una “cariñocracia”, como acertadamente lo calificó Patricio Navia en una columna reciente.
Las consecuencias políticas de este romance de los chilenos con su Presidenta no son evidentes. Por de pronto, ya está claro que no es fácil traspasar el cariño; los datos conocidos de la elección presidencial no guardan correlato alguno con esta alza masiva y rápida que ha tenido la aprobación de la Presidenta. Por el contrario, en el mismo período hemos visto emerger una nueva alternativa, desde el interior de la Concertación, que hace sumamente difícil predecir qué pasará finalmente en diciembre.
Si no se tratara de una Presidenta, de encuestas y elecciones, podríamos quizás recurrir a la poesía, a aquello, por ejemplo, de que el amor tiene razones que la razón ignora. Pero, ¡por favor!, estamos hablando de la sucia política.
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Posteado por: regina akel ananias 11/07/2009 17:26 [ N° 1 ] |
Senor Mendez, |
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Posteado por: rodrigo hernán palacios moraga 12/07/2009 20:32 [ N° 2 ] |
Lei su artículo-Presidenta nuestra, que estás en lo alto-el que deja abierta la pregunta de por qué ha ido en alza la aprobación a la Presidenta Bachelet durante el último tiempo. |
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Posteado por: Carlos Emilio Maurin Fernández 13/07/2009 09:55 [ N° 3 ] |
Sr Roberto Méndez recuerde usted que los Chilenos son personas muy emocionales y cuando alguna persona se preocupa de sus egos ástos caen postrados a sus pies. La presidenta es una persona muy cariñosa y en sus discursos se muestra preocupada por los más desposeídos.Luego entrega Bonos de distinta indole, " que no le llega a la clase media" y todo solucionado. Con esto compone su imagen, el cobre aún queda plata por lo tanto todo es poesía. |
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Posteado por: maria eugenia lira morales 16/07/2009 09:14 [ N° 4 ] |
no estoy de acuerdo con el cronista señor mendez,en que el pueblo es poco menos que ciego que no ve LAS GRAVES DEFICIENCIAS,del gobierno actual.pienso que ha habido en todas las areas que se mencionan una mejoría sustantiva.por ejemplo:la atencion primaria de salud,ha ampliado los horarios de funcionamiento,al día completo incluyendo los festivos.esto era impensado en otros tiempos.el acceso a la educacion superior a estratos bajos de la población..ejemplifico,dos nanas que trabajaron en mi casa tienen hijos estudiando profesiones universitarias mediante becas.los chilenos son bastante mas racionales de lo que en este articulo se consigna.la gente valora todo lo que ha hecho la presidenta y por eso el alto apoyo.eso sí,molesta el machismo y la descalificación |
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Posteado por: Patricio Duran Solis 17/07/2009 14:19 [ N° 5 ] |
No veo nada extraño en el aumento de popularidad de la Presidenta Bachelet, la cual podría ser causada por la actual crisis económica. Paso a explicar: en periodos de recesión económica originada por entidades privadas, las personas tienden a sustituir la confianza en este tipo de organizaciones en favor de las instituciones públicas (y sus líderes, que dado el carácter fuertemente presidencial de Chile, sería nuestra Presidenta), pues ven en sus políticas de reactivación (bonos de invierno, de hijos, etc) un salvavidas para sortear el dificil momento. Como muestra, ustedes pueden revisar el estudio realizado por la escuelas de negocios de Kellogs y Chicago Booth en Estados Unidos el cual concluye que la confianza en instituciones privadas como la bolsa de comercio, grandes compañías, bancos y compañías de seguro, van perdiendo confianza entre la población y dando cabida a un crecimiento de esta misma variables en el gobierno... (sucedería lo contrario en periodos de auge?) |
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Posteado por: Alexander Sutulov Baeza 19/07/2009 10:53 [ N° 6 ] |
Los comentarios y el que expone soportan una realidad que al fin y al cabo es consensual aunque sea momentáneamente en un reducido rincón de El Mercurio. Lo que escapa toda lógica, es precisamente el modus operandi que responde a una estructura dialéctica. Es decir, un juego de contrastes que no habla necesariamente sobre lo bueno o lo malo para emitir un juicio. Habla más bien sobre lo viable o inviable. De esta manera podemos decir que la bola de cristal del Sr. Velasco fue altamente pulida en la Universidad de Harvard. En la misma dimensión, guardando las proporciones, fue la misma alma máter del actual presidente de Estados Unidos que goza de semejante popularidad. Lamento informales que el fenómeno no es genuinamente criollo, es un fenómeno global que se pinta de cuerpo entero con las causales más profundas de nuestra actual crisis económica a nivel mundial. Los mismos hablan sobre la avaricia y la inescrupulosidad del sector financiero, sin embargo, les vuelvo a insistir esta imagen es solamente la antítesis de una tesis que habla sobre el Dios de la razón que trata de discernir el futuro de un proyecto “bolivariano”. |
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