
Hace poco hablamos, en esta columna de Rabih Alamedinne, escritor de origen libanés radicado en Francia. Ahora es el turno de otro expatriado del Medio Oriente, Kader Abdolah, instalado en Holanda desde hace 21 años tras partir al exilio desde Irán. Ambos, con diferentes inflexiones y estilos, recuperan historias y tradiciones de sus respectivos países. El primero ofrece una mirada más inclusiva y panorámica; el segundo se centra mucho más en su país y en la historia social y política de las últimas décadas. Y es especialmente interesante porque Irán es uno de los países que con mayor fuerza han vivido la tensión entre el secularismo a la occidental y la religiosidad expresada también como poder político. La novela comienza en los últimos días del gobierno del sha (aquí llamado sah), Mohamed Rheza Phalevi, y su mujer, Farah Diva, en una ciudad menor y con acentuadas tradiciones religiosas, que resiste y resiente las tendencias que están en boga en la capital, Teherán: mujeres que no usan velo, el cine, las medias, los hospitales para ellas, y todo aquello que rompa los muy tradicionales moldes que vienen de Qom, la capital religiosa del país.
La trama se centra en la casa de la mezquita, donde viven el imán local y su amplia familia. Los numerosos personajes hacen muy útil el árbol genealógico que está al comienzo del libro, que sigue un desarrollo tradicional y quizás en exceso florido, pero tal parece ser un sello de la tradición literaria en esta zona del mundo. Desde la historia de esa familia, el autor nos hace testigos de la caída del sah y del ascenso de los ayatollás al poder, guardando un delicado equilibrio en el punto de vista: aunque Abdolah fue perseguido por el poder religioso, sus banderas son las de la tolerancia y la buena vecindad entre las tradiciones. Ello es, desde luego, una crítica al absolutismo religioso y a la rigidez de la intolerancia, pero ejercida con elegancia y sin mayores aspavientos. De hecho, pareciera que los personajes quedan, por así decirlo, libres para afirmar su identidad y sus convicciones más allá de las luchas que sacuden el país, cuestión que permite desarrollar la historia sin necesidad de despegarse de su destino. Se trata, en definitiva, de una novela convencional, sin mayores sorpresas en la estructura y bastante recargada en el estilo, pero interesante, sin duda, por el mundo que retrata, imagen harto más completa y con muchos más matices de lo que admite la cobertura periodística de los sucesos que allá siguen ocurriendo: la tensión no ha desaparecido en lo absoluto, y esta novela ayuda mejor a comprender por qué.
Salamandra, Barcelona, 2009. 381 páginas.
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Posteado por: Francisca Alcayaga Miranda 18/07/2009 19:21 [ N° 1 ] |
Kader Abdolah es uno de los mejores escritores que he tenido la suerte de leer, su segundo libro "el reflejo de las palabras" es de una belleza indescriptible ... trata sobre los lazos profundos e indestructibles entre un padre y un hijo, capaces de perdurar a través del tiempo y del espacio gracias al poder aglutinante del arte y de la lengua. |
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