
Quizá sea hora de decir que Una verdad incómoda (Davis Guggenheim, 2006) ya es uno de los documentales más influyentes de toda la historia del cine. La vehemente denuncia de Al Gore sobre el cambio climático, los gases de efecto invernadero y el calentamiento global viene recorriendo el planeta en foros de todas las escalas posibles y ahora forma parte de todas las agendas políticas.
El documental Recetas para el desastre está entre las réplicas de escala menor, pero no por eso es menos sorprendente. Su línea es la de la autoexperimentación, que Morgan Spurlock desarrolló con tanto éxito en Super size me, en torno a la comida de McDonald’s.
Aquí, el cineasta anglo-finés John Webster decide que los 20 mil kilos de dióxido y monóxido de carbono que produce al año cada uno de los cuatro integrantes de su familia deben ser reducidos como contribución necesaria a detener el cambio climático, y en lo posible llegar hasta los 3 mil kilos que soporta el equilibrio planetario. Para ello decreta que durante un año se limitará drásticamente el consumo de petróleo, carbón, plástico y otros productos similares.
Anu, la esposa, acepta el proyecto, pero está en desacuerdo con filmarlo, porque le parece un acto “exhibicionista”. John estima que es relevante porque “vivimos igual como vive todo el mundo”. Los niños, Samuel y Benjamin, muy pequeños para opinar, sólo lamentan dejar sus juguetes con plástico –o sea, casi todos.
Primero abandonan el auto, para moverse sólo en bus. También los aviones, los peores contaminantes. Luego, el motor de la lancha en que se van a su casa de campo. En seguida, el generador a petróleo de la misma casa. Y todos los productos compuestos o envueltos por plástico –o sea, casi todos.
A pesar del creciente fastidio de la familia, la película no pierde nunca el sentido del humor. Y, en su línea más fuerte, registra la propia ambivalencia del proyecto, que se mueve entre la cruzada individual con alcances proféticos y la obsesión mesiánica llevada en contra del peligro mayor de la desintegración familiar.
Como batalla ambientalista, Recetas para el desastre es de baja intensidad. No apuesta a la retórica ni a la grandilocuencia, sino a la modestia, la contención y el humor. Pontifica, pero también ridiculiza esa tentación. Predica, pero hace visible que su esfuerzo por practicar es muy dificultoso.
Por debajo, su conclusión coincide con la idea central del ambientalismo radical: que el freno a las emisiones de carbono supone un cambio estructural de los hábitos de vida, empezando por la desvalorización de la prosperidad, el trabajo y, sobre todo, el uso del tiempo, en favor de otros valores, como el crecimiento moderado, la vida familiar y la reducción del espacio.
Lo contrario de lo que la humanidad ha venido haciendo en los últimos 500 años.
Katastrofin Aineksia
Dirección: John Webster. Con: John Webster, Anu Webster. duración: 85 minutos.
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 25/07/2009 12:23 [ N° 1 ] |
Lo radical no es cierta postura ambiestalista, sino el radical desastre que los humanos sedentarios han dejado en un planeta que no comprenden. El problema está en que la tierra aun funciona, entonces creen que no pasa nada. La imbecilidad a este respecto ha llegado a tanto que incluso se habla de oportunidades de negocio que ofrece el cambio climático. |
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