
La aceptación de uno mismo es un aspecto central en la madurez humana. Se trata de una de las “pegas” sicológicas más arduas para la mayoría de las personas aceptar el propio cuerpo, las características de base, las falencias, así como los dones. A pesar de que las personas conscientes suelen trabajar en torno a esto desde jóvenes, la integración y aceptación de base respecto de nuestras condicionantes suele ocurrir en la crisis de la mitad de la vida, alrededor de los 40 años. Cuando este proceso es bien resuelto, un sentimiento de paz, de caminar con dignidad, de relajación, de aceptación de nuestra historia, de comprensión y amor hacia nuestros padres, de ser libres de trabas, culpas y vergüenzas nos acompaña y desde ahí podemos seguir creando nuestra vida en una plenitud no antes conocida.
En cambio, cuando este proceso no se completa, la persona camina desde bases poco sólidas, desde el ocultamiento ante sí misma y los demás de su propia naturaleza, entonces surge la simulación, el constante disfrazarse y fingir para simular características falsas, como una falsa edad, apariencia física, falsa situación socioeconómica, falso conocimiento intelectual, cultura, falsa preocupación por los otros, falsa bondad, falsa perfección e impecabilidad. Todo esto se traduce en una disociación entre pensamiento, emoción y acción, no pensar ni sentir lo que se hace, lo que produce relaciones humanas tensas, egocéntricas, narcisistas y faltas de contacto real y de amor.
La maduración en relación con la propia identidad es también un proceso que deben realizar los grupos, familias, países y naciones para generar una nota clara, un aporte sólido, un ir creando relaciones y redes desde un sentimiento de dignidad y coherencia. De cara al Bicentenario y mirando nuestra historia y nuestros logros, me parece entrever que Chile y los chilenos no hemos alcanzado esa madurez sicológica colectiva y no la lograremos hasta que no aceptemos, valoremos y apreciemos nuestras raíces indígenas, nuestro cuerpo mapuche (y de las demás etnias), nuestra genética y carácter como el fundamento de lo que somos; no como algo del pasado, sino como un aspecto vital de nuestra constitución presente como personas y nación.
Nuestra base es mapuche (y otras) aquí y ahora, en el presente, pasado y futuro, lo indígena es la trama de base del tejido de nuestra identidad, forma parte de nuestro ADN y mientras no aceptemos esa raíz, mientras no amemos eso, no podremos estar en paz ni ser una nación sólida y digna. Muchas veces he escuchado decir a extranjeros que viven en nuestro país que una de las características del chileno es la simulación, el doble standard, el mostrar una cara falsa, eso es fruto de que nuestra psiquis colectiva ha vivido permanentemente en el ocultamiento de su identidad indígena, como una vergüenza se oculta el apellido, se reniega del tipo físico.
Esta es una de las tareas que nos aguardan como psiquis colectiva, descender, como en el mito de Quetzalcoatl a rescatar los huesos de nuestros antepasados, encontrar las virtudes y alturas de nuestras raíces para caminar dignos, con la frente en alto, claros de lo propio, de la particularidad de nuestra identidad y del aporte que desde ahí podemos hacer al mundo.
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Posteado por: Agustin Maldonado 01/08/2009 11:41 [ N° 1 ] |
Otro ejemplo: basta con pensar el porqué las mujeres quieren ser todas rubias. Privilegian la cáscara cuando lo hermoso, lo permanente, lo real, está en lo más profundo del ser. |
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Posteado por: Guillermo Réne Águila Tobar 01/08/2009 12:11 [ N° 2 ] |
Estimada Patricia, despues de leer tu articulo, nada más se puede agregar, felicitaciones y mi respeto y mi admiración. |
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Posteado por: ERNESTO MANUEL HOLMAN GROSSI 01/08/2009 23:15 [ N° 3 ] |
Patricia, felicitaciones por tu artículo, me emociona en lo profundo encontrar un artículo tan sólido qué, escrito en forma simple, revela una verdad: "LA" verdad que debería hacerse carne en Chile sobre todo en estos tiempos en que nuestras autoridades gubernamentales están desarrollando el aspecto comercial de la "IMAGEN PAIS" y que sin un desarrollo identitario al interior de éste, no lograremos nunca el nivel de país desarrollado al cual pretendemos llegar. Ojalá este artículo caiga en muchas manos para generar así una conciencia colectiva. |
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Posteado por: francisco muñoz caro 02/08/2009 02:38 [ N° 4 ] |
Mucho gusto, primero que nada mis felicitaciones patricia por tocar un temón nacional, la identidad pais, y quisas una de las causas de nuestro frio desempeño social y comunicativo, vivo en el extrajero hace unos meces y la sociedad que me ha tocado compartir no esconde su pobreza, sino que la doblega con su identidad, el gusto que deja una charla con alguien aca actualmente, es de disconformidad (gestion del gobierno)y seguridad, como? nadie esconde la falta de dinero, y como se han aceptado socialmente nadie mira en menos al de al lado, y las clases sociales se fucionan casi como si no existiera geografía, el barrio existe, la convicencia existe, esta es una ciudad de 50 50, les falta todo pero lo tienen todo, nosotros tenemos todo pero nos falta un switch, como no disimular?? como llamarme francisco muñoz?, llegue aca porque me tocó leer un tremendo libro sobre nosotros, los gigantes chilenos, que no miraban al lado porque en ellos estaba todo, Jose Bengoa, historia de los antiguos mapochues del sur, aqui creo humildemente que se describen gran parte de las raices de la sociedad chilena. un abrazo y muchas gracias! |
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Posteado por: felipe aguero piwonka 02/08/2009 09:47 [ N° 5 ] |
Excelente columna! |
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Posteado por: Paulo César Saavedra Montti 03/08/2009 22:02 [ N° 6 ] |
Patricia, le faltó comentar que junto con tener ADN mapuche, tenemos ADN español, y de la peor calaña imaginable. ¿No será que la influencia de este último gen es el que nos hace ser hipócritas y aparentadores?. ¿No será que esa ascendenca española compuesta por delincuentes, trabajadores mediocres y uno que otro ambicioso y egocéntrico conquistador es la que ha influido en nuestras conductas modernas? |
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Posteado por: viviana cerda arancibia 06/08/2009 22:42 [ N° 7 ] |
La gran tragedia de nuestro pais es tratar de ser lo que no somos..sin saber lo que realmente somos.La negacion se ha transformado en otra forma de identidad y transitamos "pensando en nuestro norte",estando situados al Sur del Mundo. Por donde caminemos y miremos,estan los signos que evidencian nuestras raices y el sincretismo cultural ,desmintiendo el odioso arribismo que ha intentado borrar la verdadera genetica cultural de CHILE. Patricia,agradezco tu columna siempre acertada y tratando temas interesantes con perfiles distintos. |
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Posteado por: Sergio Godoy Mena 08/08/2009 08:06 [ N° 8 ] |
El comentrio de Paulo ( No. 6) levantara ronchas a quienes no acepten esa verdad incuestionable. Sera acaso la mezcla de patanes y mapuches la consecuencia de nuestro contemporaneo proceder? |
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Posteado por: alvaro lozano comparini 08/08/2009 12:28 [ N° 9 ] |
Si vamos a hablar de nuestra "identidad profunda", hablemos de lo bueno y malo. Patricia ya habló de lo bueno de nuestros nativos, pero que pasa con lo malo...por ejemplo el robo el los supermercados es lejos más alto que el promedio de latinoamérica, no seremos un país corrupto.....pero el "choreo" hormiga es claramente parte de nuestro mestizaje..que decir del servicio de los mozos, qué diferencia hay con la amabilidad del garzón inca, maya, carioca o gaucho. |
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Posteado por: alejandra pinto soffia 07/10/2009 21:53 [ N° 10 ] |
estaba en una consulta psiquiátrica acompañando a una amiga muy querida y cayó en mis manos esta columna que ahora comento y me hizo tanto sentido. La mitad de la vida, marcada por la cuarentena, es el momento de aceptarnos, como dice Patricia. Y es cierto, pienso que, tal vez, los mayores desajustes y desequilibrios en esta etapa vienen de la mano del no aceptarse, no aceptar nuestro cuerpo que crece y se desbanda con el azúcar acumulada, nuestro pelo que encanece y que las mujeres tendemos a teñir, las arrugas, etc. y no solo nuestro cuerpo, también neustros errores y defectos y más aún nuestras virtudes, dones o talentos. Es difícil hacernos dueños de nuestra vida, en el sentido de poder dedicarnos a lo que nos gusta sin tener que hipotecar nuestras vidas en nombre de la subsistencia, pero, pienso que es inevitable hacerlo si queremos vivir sin cuentas pendientes, no con las casas comerciales, sino con una misma. |
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