
Ojos para ver y oídos para oír eso que nunca vemos y nunca oímos entre tanto ruido externo e interno, entre tantos deberes y cosas urgentes. Parar el tiempo y hacernos presentes, plenamente presentes y escuchar y contemplar, tocar y oler esa trama invisible, los hechos insignificantes que sostienen a la vida, lo que está detrás; las tonalidades de la luz, la leve brisa en nuestra piel, el sabor del agua.
Enfocarnos en lo insignificante, ahí hay un portal, ahí, en el umbral donde se aquieta la mente y se pacifica el corazón. Poner atención a las cosas más leves, sutiles, comunes, en ellas podríamos encontrar claves vitales, puertas de acceso al encanto, al disfrute, al sentido, a la fuerza a la plenitud.
Cuando ya nada parece bastar, ningún estímulo ser suficiente, una hoja que cae de un árbol puede cambiar nuestro día, una palabra, una sutil muestra de ternura en la entonación de la voz puede salvar a una vida humana del desamor, jugar con un niño puede devolvernos la sabiduría perdida, disfrutar de pisar las hojas de otoño puede llenarnos de encanto, entregarnos a las lágrimas, purificar nuestro corazón, contemplar el balanceo de la hierba, abrirnos la puerta a los misterios de la vida y en todo gesto, y en todo ser, podríamos encontrar el arrullo de lo divino. Eso que tanto hemos buscado en alguna vivencia extraordinaria está en todas partes, impregnándolo todo. Acallar los ruidos y los argumentos; la píldora de la inmortalidad que tanto han buscado los alquimistas, las respuestas que buscamos en la desesperación del dolor estuvieron siempre aquí, no es preciso ir a ninguna parte, aquí, en este momento, en cada piedra, en el silencio entre tu voz y mi voz, en el aire que entra y sale de nuestros pulmones todos los días de la vida.
El gran viaje no es desplazarse por el espacio, de un lugar a otro, de un paisaje a otro, sino penetrar en él, en este instante en lo leve, a lo sutil, a lo aparentemente insignificante; allí está la gran transformación de la vida.
El exceso, el ruido, la predilección por las emociones impactantes, por hacer y tener más y más, la pérdida del valor de la sencillez y la inocencia es uno de los motivos centrales por el cual las personas no pueden entrar en contacto con la experiencia del alma.
Ante la imposibilidad de sintonizarnos con el agua de vida, nos volvemos sagaces, astutos, escépticos, y pensamos que es de personas poco inteligentes vivir intuyendo algo más allá de las formas materiales, la presencia intangible que mora detrás de cada ser.
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Posteado por: Agustin Maldonado 15/08/2009 15:54 [ N° 1 ] |
Patricia, que gran mujer es usted. Una compañera para la vida. |
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Posteado por: María Cecilia Bianchini Blamey 15/08/2009 18:03 [ N° 2 ] |
Querida Patricia, con fe y alegrìa puedo darme cuenta que cada dìa uno se encuentra con màs personas que tienen sed de "agua de vida". |
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Posteado por: juan alberto pavez celis 17/08/2009 13:38 [ N° 3 ] |
disculpe srta patricia pero pienso que con esas cosas simples que usted relata no llegaremos a encontrar un camino que nos ayude ni menos encontrar el agua viva. |
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Posteado por: viviana cerda arancibia 18/08/2009 14:53 [ N° 4 ] |
Patricia , que cierto es lo que dices,el gran escenario de la vida nos ofrece tantas opciones de vibrar en su belleza,y de ampliar el espectro pauperrimo de lo que se asocia con la felicidad. Lamentablemente el escepticismo,la astucia y la sagacidad traen aparejados tambien el cinismo...pero aun quedamos muchos que nos sentimos arrebatados por una puesta de sol,por un magnifico o simple paisaje y por la mirada de nuestros hijos...aunque haya muchos problemas por resolver y mucho camino sinuoso que transitar, logro entrar en el silencio que permite sentir mi corazon. gracias por tu columna. |
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Posteado por: Leonor Henríquez C. 19/08/2009 12:41 [ N° 5 ] |
Nos convertimos en materialistas cuando negamos nuestro espiritu. ¡¡Gracias por tus palabras!! |
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Posteado por: Barbara Quevedo Rios 19/08/2009 18:06 [ N° 6 ] |
Mi querida Paty, que puedo añadir si ya lo has dicho todo. Gracias por recordarnos que en lo simple esta la felicidad. Un gran abrazo. |
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