Al comenzar esta película, Raquel (Catalina Saavedra), la empleada doméstica del matrimonio Valdés y de sus cuatro hijos, cumple 41 años de edad y más de 20 de trabajo en el mismo hogar. Es una mujer lacónica, inexpresiva, huraña, de la que no se sabe si trabaja demasiado, o si es demasiado lo que detesta su trabajo. La hija mayor, Camila (Andrea García-Huidobro), por ejemplo, cree tener evidencia de que Raquel la odia.
La dueña de casa, Pilar (Claudia Celedón), se esfuerza en contemporizar con la nana, insiste en integrarla a la familia y se niega a considerar las señales de advertencia. Aunque el hogar sufre de una ligera disfuncionalidad, con un marido (Alejandro Goic) huidizo y dedicado a las miniaturas navales y el golf, Pilar siente que el comportamiento de Raquel es uno de sus problemas principales. Advierte, ambiguamente, que la suya no es la familia de la nana, puesto que sólo ocupa una posición servil, pero que tampoco tiene otra.
Raquel cumple sus tareas rutinarias –despertar a la familia, asear, cocinar– en medio de cefaleas y desmayos que revelan su estrés. Pero boicotea a otras dos empleadas de apoyo (Mercedes Villanueva y Anita Reeves) con artimañas simples y cínicas, que anulan lo que ella percibe como una amenaza de desplazamiento.
¿Qué oscuras heridas hay tras la conducta de Raquel? ¿De qué honduras proviene su resentimiento? ¿Cuáles de sus muchas carencias explican sus silencios, sus infantilismos, sus manías siniestras? ¿Qué domina en ella, una subnormal o una psicópata?
Por mucho rato, parece que la película no intentará responder estas preguntas, que no incurrirá en el psicologismo de manual. Si aun no la ha visto, no siga leyendo por ahora.
Porque todo cambia en el último tercio del metraje, cuando aparece la tercera empleada, Lucy (Mariana Loyola). A partir de ese momento, la fuerte y oscura Raquel –que recuerda a las protagonistas de Seth Holt en A merced del odio (1965) y de Claude Chabrol en La ceremonia (1995)– se convierte en vulnerable y quebradiza. A partir de ese punto, todo su comportamiento se explica por un par de datos. El espectador, que hasta entonces pudo estar incómodo, encuentra un súbito alivio en estas motivaciones sumarias que hasta un adolescente –o sobre todo un adolescente– podría comprender.
Curioso caso el del cineasta Sebastián Silva. Aunque se trata de cintas muy diferentes, tanto en La vida me mata (2007) como en La nana empieza filmando una cosa y termina filmando otra. Esta vez, parte en una investigación conductual y deriva a un psicodrama explicativo: el jogging y el MP3 adquieren el poder de cancelar el conflicto, cualquier conflicto, sea de clases o de afectos.
Esta película ha tenido un exitoso recorrido por festivales internacionales y no se puede negar que está sobre la media del cine chileno reciente. Pero en la profundidad de sus intereses –reflejada en parte, aunque no únicamente, por el desenlace– se revela todavía como un cine de sombras cortas.
La nana
Dirección: Sebastián Silva. Con: Catalina Saavedra, Claudia Celedón, Anita Reeves, Mariana Loyola, Alejandro Goic.
duración: 95 minutos.
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Posteado por: izaskun arrese ortiz 22/08/2009 11:37 [ N° 1 ] |
Pobretón el análisis de Ascanio. Sumamente parcial, si hay tiempo para contar toda la película, debería haberlo para argumentar el par de párrafos finales donde hace análisis y da opinión. |
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 22/08/2009 21:16 [ N° 2 ] |
Don Izaskun, |
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 23/08/2009 11:25 [ N° 3 ] |
Para mí está muy clarO. La película del joven Silva es muy pobre intelectual y artísticamente. Lo extraño es el éxito internacional. Ello significa varias cosas, y una no menor es que los incapaces también han copado los espacios de la cultura y se aplauden entre ellos. |
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Posteado por: Leonor Henríquez C. 24/08/2009 17:24 [ N° 4 ] |
La película me sorprendió gratamente, la actuación de Catalina Saavedra, genial!!!en realdiad el nombre "La Nana" es lo de menos, porque para mi se trata de la vida interior de una mujer cualquiera, con sus temores, aprehensiones, Catalina da para muchos papeles en realidad, me gustaría verla en otras facetas, |
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Posteado por: Carlos Correa Acuña 01/11/2009 08:54 [ N° 5 ] |
Esta cinta de Sebastián Silva propone una temática muy propia chilena. "La nana" viene a ser una institución dentro de la familia acomodada de nuestro país y como tal es una fuente casi inagotable de historias, confidencias, encuentros y desencuentros. En esta oportunidad, Silva construye a Raquel - gracias al talento extraordinario de Catalina Saavedra -, la protagonista central de esta historia y que se presenta como la huraña asesora puertas adentro de la familia Valdés, con quienes lleva trabajando por más de 20 años. El primer tercio del metraje se dedica a retratar la vida cotidiana familiar y el rol que Raquel juega en ella. Silva filma rudamente al llenar de primeros planos la pantalla y con ello lograr capturar mínimos gestos, emociones, introspecciones y diálogos no verbales que dan continuidad al relato y entregan pequeños trozos de una historia que debemos ir construyendo. Especial atención merece el desarrollo de los personajes, ya que a pesar de basarse en posibles estereotipos, son capaces de entregar su sello y carácter individual. Primero Raquel: oscura, llena de frustraciones, sin sueños ni proyecciones, viviendo una vida en absoluto grata y con un stress en aumento constante. La (dis)funcional familia compuesta por Mundo (Alejandro Goic) un padre huidizo, desconectado y preocupado de sus aficiones; Camila, la hija mayor en irregular transición adolescencia-adultez; un hijo adolescente en pleno desarrollo púber; dos hijos menores en la flor de la niñez y Pilar (Claudia Celedón) una madre que contiene toda la estructura anterior para flotar sin sucumbir en este océano familiar, da un marco justo para el desarrollo de la historia. |
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Posteado por: Carlos Correa Acuña 01/11/2009 08:54 [ N° 6 ] |
El metraje es sobre Raquel indudablemente, sobre su incógnito pasado, sobre sus dudas y temores y sobre la gran carencia que ella vislumbra pero no asume: la ausencia de afectos en sus relaciones personales. Todo el entorno ayuda, tiene vida propia pero no desvía la atención central. Por el contrario, ayuda a incrementar la tensión con los conflictos familiares y sociales junto a la tozudez de Raquel para no aceptar ayuda de las otras "nanas" haciéndoles la vida insufrible, al punto de lograr apartarlas del hogar (y por lo demás no aceptar a nadie que se atreva a traspasar su metro cuadrado de pseudo poder al interior de la casa). No hay respuestas, sólo interrogantes, que sólo dejan entrever finos detalles cuando llega Lucy, la joven y sencilla nana sureña que logra conectarse con Raquel de forma espontánea, casi mágica, sin explicación y que con sencillez logra que la protagonista pueda ver la vida desde un rincón distinto. Entrar en mayores descripciones sería revelar la historia y su descenlace, sin embargo es preciso destacar que la tensión acumulada no alcanza a resolverse correctamente, ex profeso o bien debido a un manejo poco logrado de la cadencia final. El film genera debate, acepta ángulos y enfoques múltiples y el guión explora interesantes ventanas tras la historia de cada integrante de la familia. Es un aporte indudable, con premios muy merecidos y por cierto un escalón adelante en la filmografía chilena de los últimos tiempos. |
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