Con ella sueñan los extranjeros. Es, también, el anhelo de muchos chilenos. Todos comparten, sin distingos, la fascinación por conocer ese lejano territorio insular, que queda a más de cinco horas de avión y que está llena de magia y encanto.
Es cosa de ver la cara de incredulidad que tienen los turistas que diariamente ponen pie en la losa del aeropuerto Mataveri, en Isla de Pascua, para comenzar a entender que el atractivo Rapa Nui es algo que ha trascendido las fronteras. Sus inmensos moáis, vigilando toda la isla, son el testimonio de este pueblo que parece atrapado entre la conservación de sus tradiciones y la modernidad que se cuela en cada visitante que recibe.
Una isla que se siente invadida por los continentales, no sin razón, porque llegan a establecerse sin limitaciones y están transformando, negativamente, uno de los últimos bastiones en los que el hombre vivía en armonía con la naturaleza. Aquí, donde nadie se mata trabajando –no hay para qué ni por qué– hay pesca abundante, verduras y frutas casi silvestres y un clima propicio para ver pasar la vida.
La gran mayoría vive del turismo, por lo que el pequeño pueblo de Hanga Roa está súper poblado de pequeños cafés y restaurantes, así como quioscos donde se venden las tradicionales empanadas de atún, hoy –por cierto– escaso en algunas épocas.
El cebiche es el rey. Pero con verduritas y sin nadar en limón. Una delicia que se suele preparar bien, al igual que los carpaccios. El atún grillado es otro plato emblemático. Acompañado de ensaladas de tomate, lechuga, palmito y palta cuando se encuentra. A precios nada de módicos. Una humilde ensalada vale aproximadamente $ 4.000. Y $ 10.000 un cebiche, generoso, pero nada para morirse.
En general, una cocina sencilla basada en los productos locales, sin grandes preparaciones. Las langostas ni se ven y, las pocas que hay, cuestan mucho más que en cualquier local elegante de Santiago… En su reemplazo, los rape rape, una especie de la familia de las langostas, más pequeñas y cabezonas, de sabor delicioso, que sirven sumergidas en lechuga y sin ni una gota de mayonesa, ¡imperdonable!
Porque, exceptuando los grandes hoteles de lujo como el Explora, la gastronomía de la isla carece precisamente de cuidado por los detalles. Esos rape rape definitivamente estarían en todo su esplendor sobre una tabla, o una piedra incluso, acompañados de mayonesa fresca y con la hojita de lechuga decorando y no tapando su aspecto glorioso. No hay aliños, ni presentaciones muy especiales, tampoco cuidado por el suministro. Se acaba algo y se acaba. Total, no pasa nada.
Lo mismo que el servicio. Lento, poco experimentado y sin ninguna vocación. Muchos han optado por contratar meseros continentales, algo más rápidos en el proceso. La excepción, el Vikingo, un viejo y cascarrabias francés, instalado en la caleta, con precios altísimos pero exquisita gastronomía, en un ambiente modesto.
LA KALETA
Dirección: La Caleta s/n
HETUÚ
Dirección: Atanu Tekena s/n
CAFÉ RAÁ
Dirección: Atanu Tekena s/n
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Posteado por: Eduardo Hurtado G 22/08/2009 21:39 [ N° 1 ] |
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