
La Iglesia no hace encuestas. La Iglesia no mide. Sin embargo, fue la Iglesia la institución que por siglos estuvo encargada de contar personas. Tanto así que los Estados le encargaron a ella que lo hiciera y contó uno por uno, al que nacía, al que se casaba, al que moría. No lo hizo por razones demográficas ni legales, sino por una razón pastoral fundamental: porque registraba los sacramentos que permitían la salvación. La Iglesia contaba almas.
Contar hoy día tiene un significado enteramente distinto. Se cuenta para medir. Las encuestan no se hacen precisamente para que los encuestados se vayan al cielo. En sociedades altamente heterogéneas y dispersas, las encuestas son un modesto instrumento para tratar de entender a los individuos y sus percepciones de la sociedad.
Para la Iglesia las encuestas pueden ser un insumo para su pastoral. De hecho, la sociología religiosa empírica que empezó a desarrollarse en Europa en el periodo de entre guerras fue una necesidad pastoral que luego devino en una disciplina académica. Descartarlas porque son desfavorables, descalificar las interpretaciones sin ofrecer una alternativa, poco contribuye a un debate que más que nunca requiere diálogo. El descenso del prestigio de la Iglesia en la población chilena que muestran encuestas recientes obviamente no afecta la misión de la Iglesia, pero amerita reflexionar no sólo, o no tanto, en los temas que han concentrado su rol público en los últimos años, sino en la manera de comunicarlos.
La Iglesia chilena ha tenido históricamente un tremendo respeto y afecto de la población, más que en muchos otros países de raíz católica. Pero no sólo aquí, si no en muchas otras partes, diversos estudios sociológicos muestran un distanciamiento de los fieles de la institucionalidad. Posiblemente se deba a una mayor individuación donde las relaciones jerárquicas son más difíciles de aceptar y, por tanto, el discurso normativo. Y es ese el énfasis que ha predominado en el lenguaje eclesiástico en temas como el divorcio o la píldora del día después, en que su punto de vista ha sido ético y jurídico, más que propiamente religioso. Ha parecido, por decirlo en corto, una cátedra de derecho natural. Es justo que así sea en ciertos dominios, pero al prevalecer, tiende a esfumarse aquello más propio del lenguaje de la religión, anclado en la sabiduría, en la belleza, en el consuelo.
La ética no es lo mismo que la religión. No hablan la misma lengua, aunque se comunican.
El derecho de la Iglesia a participar activamente en el debate público parece un tema ya zanjado. Quienes insisten en sostener que la Iglesia es un poder fáctico o coercitivo tienen pocos argumentos si se les confronta a los derechos propios de la sociedad civil. Sin embargo, algunos necesitan levantar ese viejo anti-clericalismo para tener al frente a un enemigo que refuerce la propia identidad. La tentación de seguir esa misma lógica en una posición defensiva puede ser muy desgastadora si la asume la Iglesia institucional y acapara el centro de su participación pública.
La proposición de un indulto para el Bicentenario, a mi juicio, ha sido precisamente lo contrario. El indulto, en momentos en que los temas de la delincuencia están álgidos, ha sido de una tremenda audacia, y lo ha hecho con el lenguaje que le es más propio. Quizás no esté tanto en los temas –que la Iglesia no escoge, sino que están en su propia misión– donde radique esta lejanía, sino en el énfasis en la defensa de la norma. Eso se parece más a medir que a contar almas.
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Posteado por: Percival Alfred Cowley Vargas 22/08/2009 10:35 [ N° 1 ] |
Querida Sol: Primero: muy de acuerdo con lo que sabes decir tan bien. Segundo: seguramente recordar que si el lenguaje es fundamental, algo revela de lo que hay detràs. Tercero: prefiero hablar de personas màs que de almas, porque siempre importan los cuerpos. Cariños. |
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Posteado por: Germán Burgos Ffrench-Davis 22/08/2009 12:08 [ N° 2 ] |
la píldora del día después puede actuar entre la concepción y la implantación. ningÚn estudio ha podido descartar del todo esa posibilidad que, desde la perspectiva de la iglesia, que compartimos muchos, es un aborto o sea, el asesinato de un niño en el vientre de su madre. el divorcio y el debilitamiento de la familia son considerados como males morales graves, que afectan negativamente a toda la sociedad. la vida y la familia, así como otras muchas verdades, merecen una defensa y una convicción de parte la iglesia, que no necesita apoyarse en mayorías. la iglesia no necesita ni debe hacerle gestos populistas a la galería; debe defender velientemente la verdad y hacer que brille en los corazones, mediante el debate respetuoso, la acción pastoral y, en primerísimo lugar, la oración. |
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Posteado por: Felipe Astaburuaga Chales de Beaulieu 22/08/2009 17:36 [ N° 3 ] |
Excelente columna, como siempre, su análisis es un aporte a la discusión. |
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Posteado por: Juan Soto Moraga 29/08/2009 12:50 [ N° 4 ] |
Señora Sol: Respecto a la Iglesia Católica: ¿qué opina del Maciel y los Legionarios de Cristo? |
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