Rodrigo Pinto
Sábado 22 de Agosto de 2009
Leer: Diferencias


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Cada vez más, los catálogos de editoriales independientes –españolas, mexicanas, argentinas, chilenas- son la mejor fuente para buscar la literatura más viva, más actual y más renovadora de nuestro tiempo. Sexto Piso, en México, se propuso “crear un espacio donde se pueda acceder a ciertos textos que generalmente pasan inadvertidos pero que son pilares de la cultura universal”. Goran Petrovic, serbio, nacido en 1961, es una de las apuestas de la editorial y el lector no dejará defraudado las páginas de libros como Diferencias, cinco cuentos que dan la impresión de ser parte de un conjunto mucho mayor. El autor hila fragmentos –historias, personajes, lugares- como si se tratara de las líneas y dibujos de un tapiz, pero a la vez difumina sus límites: aunque cada relato crea su espacio de autonomía y se sostiene por sí mismo, al tiempo deja la impresión de formar parte de un libro inexistente hecho, precisamente, de múltiples fragmentos más.

Los dos primeros relatos marcan el tono y el estilo del conjunto. El primero, “Encuentra y marca con un círculo”, narra una autobiografía a través de fotos, una por año, desde el cero al 22; el segundo, “Bajo el techo que se está descarapelando”, cuenta una función de cine en una sala de pueblo, donde los espectadores se sentaban bajo la “hermosísima ornamentación del techo” que, sin embargo, por el paso de los años y la desidia, ya dejaba ver “las costillas de junco rotas y las entrañas oscuras, como podridas, del desván del cine”. Petrovic presenta a cada uno de los asistentes y al personal del cine, retratos que ofrecen, por extensión, la perspectiva completa de la vida pueblerina en la Yugoslavia de Tito. A la vez, el relato, magistralmente construido, abre paso a la intersección de las pequeñas historias personales con la gran historia del país, con elegancia y con un total y alegre desprecio por las convenciones: a veces las cosas ocurren como se espera que sea, pero a veces, simplemente, no. Quizá lo más sorprendente y sugerente de estos cuentos de Petrovic es su relación con las emociones. No hay aquí nada de esa frialdad escéptica y distanciada que parece la marca de lo contemporáneo. Aquí nadie se siente cool. Y por eso pequeñas historias como la del padre que no pudo matar al conejo destinado a la cena y que luego vivió por meses en la terraza tienen esa enorme capacidad ya no se sorprender, sino también de conmover: “Gracias a él (al conejo) aún ahora puedo recordar qué es lo que a veces le falta a la gente, qué son los verdaderos latidos del corazón y qué es la verdadera humedad del ojo”.

Sexto Piso, Ciudad de México, 2008. 172 páginas

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