
Dos jóvenes de 18 años, Aurora (Manuela Martelli) y Alejandro (Pablo Ruiz), llegan a pasar la noche de Navidad en una casa abandonada de la precordillera de Santiago. La casa perteneció a la familia de Aurora, pero su madre la ha vendido tras la muerte del padre, y ahora la joven espera recuperar algunos recuerdos de su progenitor. Alejandro ha sido golpeado por su padre y entiende que no puede seguir en su hogar.
No son una pareja, pero estalla entre ambos un conflicto sentimental. Y cuando parece que todo llega a su fin, se presenta Alicia (Alicia Rodríguez), una niña de 15 años que ha huido de su casa para encontrarse con el padre al que nunca conoció. En la decisión de protegerla y acogerla transcurre el resto del metraje.
Como los de La sagrada familia, los personajes de Navidad están en el medio de una crisis de la institución familiar, desorientados e irritados, y buscan su lugar en el mundo sin que todavía hayan terminado de aceptar que el cielo protector se ha venido abajo. A tientas, en esta noche solitaria de la Nochebuena, los tres tratan de recomponer el espacio de pertenencia que esa crisis les ha quitado.
Lo hacen con los instrumentos que el instinto y los afectos les ofrecen: la búsqueda de la identidad sexual, la recuperación de las raíces perdidas, la constitución de una familia vicaria. Pero en el centro de sus conflictos hay una sola figura pivotal: el padre, la presencia más determinante en lo que Freud consideraba el mayor de los misterios, la formación de la identidad. El padre: el criminal más seductor dentro del triángulo edípico de la familia.
El padre muerto (Aurora), el padre ausente (Alicia) y el padre malo (Alejandro) son variantes de la misma dialéctica entre abandono e individuación, pérdida e infatuación, soledad y maduración. Desde el momento en que lo saben, los tres deben hacerse cargo de sí mismos. La cámara movediza y el montaje hiperfragmentado, que se van aquietando hacia el final, sugieren algo de este proceso.
En Navidad hay más guión que cine, aunque parezca lo contrario. La historia es mínima y los incidentes se suceden sin estridencia. Los personajes tienen poca densidad −la improvisación no ayuda mucho− y sus intervenciones caen con cierta flojera. Pero aquí y allá se advierten las preocupaciones típicas del guionista: que no queden cabos sueltos, que los datos entregados en un momento se completen o resuenen en otro, que los símbolos se presenten con naturalidad, que haya coherencia y unidad en el fondo de lo disperso.
En contraste, se divisan menos las preocupaciones típicas del cineasta: el punto de vista, la continuidad espacio-tiempo allí donde sea relevante, la significación del plano dentro de la escena −y de ésta dentro del total−, el cuidado del montaje.
Dado que Sebastián Lelio ocupa ambas funciones −las de director y coguionista−, es posible que Navidad tenga un problema de énfasis y equilibrio. Pero, a diferencia de La sagrada familia, presenta un foco claro y fuerte, un mundo propio y una línea temática consistente y atrevida. Un gran salto adelante.
Navidad
Dirección: Sebastián Lelio. Con: Manuela Martelli, Pablo Ruiz, Alicia Rodríguez.
duración: 99 minutos.
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 30/08/2009 00:28 [ N° 1 ] |
Nos enfrentamos una vez más al ya eterno problema... la película no es tan mala, es mejor que la anterior, esperemos la siguiente, puede a que ahí sí... Mismo caso de la literatura, Zambra no es tan malo, Fuguet tiene algunas cosas, pero a la hora de la verdad nuestro arte es mediocre. Con excepción de la poesía, Harris, ciertas cosas de Zurita y de unos pocos más, en Chile no hay nada. Dónde está un escritor como David Leavitt o como Piglia, dónde están los cineastas como los Cohen, etc, etc. Sólo gente que, de manera loable, intentan mostrar sus fantasmas. Y son fantasmas tan mínimos, como los del film que don Ascanio comenta, es decir, ¿Qué novedá hay en el problema del padre? Pensemos, mejor, en "No country for old men". Cine puro y una larga divagación sobre la muerte, de hecho actúa la muerte, transfigurada en un larguipelo Bardem. Eso es reflexión seria, pero peliculitas como esta de Lelio, nos han llevado a pensar que hasta el telesérico Illanes es un autor. No, ni Lelio es cineasta, ni Illanes autor, sólo son personas que intentan lo que ellos entienden por arte. Entendimiento muy pobre, por lo demás. |
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Posteado por: Juan Ignacio Zambrano Jechan 07/09/2009 01:04 [ N° 2 ] |
Dos cosas imposibles que me gustaría ver: Un guión escrito por José Manuel Rodriguez Angulo, para poder enterarme que es lo que el llama "arte" y que es aquello que ni "Lelio" ni Illanes (ni tantos otros) no logran entender. Por lo demas me gustaría ver tambien una critica mejor redactada. Saludos |
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 09/09/2009 10:13 [ N° 3 ] |
señor Juan Ignacio Zambrano, |
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