Rodrigo Pinto
Sábado 05 de Septiembre de 2009
Leer: Una bendición


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Toni Morrison (1931) recibió el Premio Nobel de Literatura en 1993, cuando había publicado seis novelas.

Poco, si se atiende a la dimensión habitual de la obra de otros ganadores, pero suficiente para llevarse el reconocimiento literario de mayor prestigio en el mundo (cuestión, claro está, discutible, por muchas de sus inclusiones pero sobre todo por sus exclusiones). Una bendición es su novena novela, e insiste en los tópicos que le dieron fama y prestigio en el ámbito de la literatura (Morrison destaca también como académica y defensora de los derechos civiles).

La novela, tal como Beloved, la más famosa de Morrison, transcurre en el siglo XVII, antes de la independencia de Estados Unidos y el vasto territorio aún mostraba la presencia de varias grandes potencias coloniales. Dos relatos se alternan: el de una joven y enamorada mujer que habla en primera persona, y otro a cargo de un narrador en tercera persona que sigue a distintos personajes relacionados con ella. El primero, por ejemplo, es el amo, Jacob Vaark, colono holandés a quien repugna el esclavismo por razones más bien ligadas a su ética del trabajo que a una condena por lo que realmente significa disponer de la vida de otros hombres. Sobre estas líneas que en algún momento se encuentran y giran hacia el final donde otro personaje, la madre de la joven, toma la palabra, Morrison construye una novela sobria y emotiva a la vez, que aborda con delicadeza y seguridad un asunto que sigue resonando en la sociedad estadounidense. Hay, en el mundo que describe, un estado de cosas insostenible, aunque nadie sea capaz de seguir esa línea hasta su lógica consecuencia. Cuando Jakob revisa una fila de esclavos que le ofrecen para pagar una deuda, tan sólo percibe que “el silencio le hacía imaginar una avalancha vista desde una gran distancia. Ningún sonido, tan sólo el conocimiento de un fragor que no podía oír”. La esclavitud, en esa temprana época, es inaudible, pero no menos preñada de amenazas, y es notable cómo Morrison recoge tanto esa sensación de podredumbre y humillación, de orden trastocado, de violencia infinita ejercida sobre los cuerpos y los espíritus, como la dignidad individual que crece y proyecta sus sueños y esperanzas a pesar de todo ello. En ese sentido, la novela de Morrison tiene una gran actualidad: tanto en ese mundo como en éste, la lección importante es que lo más irrenunciable es la dignidad y de ello trata precisamente la bendición a que alude el título. Con esta novela, Morrison, que se acerca ya a los ochenta años, confirma, por lo menos, que no se durmió en los laureles con el Nobel de Literatura.

Editorial Lumen, Barcelona, 2009. 189 páginas.

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