A menos de una semana de celebrarse las Fiestas Patrias, y a pesar de que el calentamiento global ha enfriado bastante a la tradicionalmente soleada primavera, ya se multiplican las banderitas tricolores en los autos y la gente se saborea de puro pensar en los futuros asados.
Es curioso el mes de la primavera y de la “chilenidad”, como popularmente se denomina –ya que en el diccionario no figura el término– a ese espíritu patriótico que invade el país de Arica a Punta Arenas y que tiene a todos los escolares bailando cueca y danzas chilotas, y, por ende, a sus mamás desesperadas comprando tenidas de huaso y sombreros de lana.
Es el mes en que los supermercados entregan cupones a sus clientes para participar en juegos tan poco habituales como la rayuela y el emboque, para ganarse sendas botellas de vino, en stands atendidos por patrióticas señoritas ataviadas con el traje típico. Las ventas del comercio alcanzan uno de los peaks del año y la carne de vacuno pasa a ser la comida obligada de cualquier chileno que se precie.
Los extranjeros se maravillan y sorprenden de este fervor dieciochero y lo plasman en blogs y relatos de viajes, en los que se da cuenta de esta revolución patriótica que se repite cada septiembre. Los alcaldes y autoridades se esfuerzan en repasar y/o aprender los pasos de cueca que habrán de dar, con mayor o menor gracia, en las infaltables fondas que se levantan en todo Chile.
Las cebollas comienzan a subir, preparándose para formar parte de las toneladas de pino que envueltas en masa, con pasas, aceitunas y un trocito de huevo, darán forma a los millones de empanadas que devorarán los entusiastas ciudadanos. Los toneles de chicha, prácticamente inexistente el resto del año, comienzan a aparecer para regocijo del público. Y los curaditos, esos infaltables y apreciados personajes de la cultura popular, ven concretados sus sueños de eterna tomatera.
Como en el centro de todas las celebraciones figura la comida, nada mejor que aperarse de harta sal de fruta y partir a las fondas a comer empanadas y anticuchos. O, para quienes sufren con las multitudes y los efectos posteriores de las comidas fonderas, la opción es hacer reserva y dirigirse a un buen restaurante chileno, de esos que todo el año mantienen especialidades nacionales. Donde están acostumbrados a preparar diariamente unos buenos porotos o una plateada, un pastel de choclo o una cazuela. Hay que irse a la segura. Como con esta proposición dieciochera, ¡tiqui tiqui ti!
ELADIO
Dirección Avenida Ossa 2234,
Reservas: 2770661
LA CASA VIEJA
Dirección Chile-España 249,
Reservas: 2047624
DIVERTIMENTO
Dirección Pedro de Valdivia Norte esquina El Cerro, Reservas: 3331961
Vichuquén
Dirección: Hotel Galerías, San Antonio 65,
Reservas: 4707400
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