Después de los agitados días del dieciocho, saturados de empanadas, asados, choripanes y anticuchos, y antes de lanzarse a los desbordes gastronómicos y etílicos de las celebraciones de fin de año, lo mejor es dedicarse a purificar el ánimo y el estómago.
Para ello, lo más indicado son los pescados y mariscos. Sanos, ricos y livianos.
Incluso se puede respetar el régimen comiendo las delicias del mar, sin remordimientos y terror ante la implacable pesa del baño. Y, puestos a elegir, siempre es un agrado volver al Miraolas, la marisquería y restaurante de Vitacura, donde la calidad y calidez son el sello de la casa.
Sencillo y acogedor, el local ha ido creciendo pero conserva el mismo espíritu que le ha dado fama y que tiene un público fiel y adicto, entre los que se encuentran muchos extranjeros y, sobre todo, españoles. Porque el Miraolas continúa con la tradición de la cocina vasca que dio origen al establecimiento.
Para comenzar, un imbatible: las ostras. Frescas, heladas, gordas, con ese sabor intenso y suave a la vez, que no cansa y fascina. Para seguir, sin exagerar, los mejores erizos de Santiago y sus alrededores. Unas lenguas grandes, de intenso color amarillo-naranjo, impecables, acompañadas de cebollita y cilantro al gusto, con tostadas, mantequilla y un buen sauvignon blanc. Manjar de dioses. ¡Literalmente! Es cosa de cerrar los ojos y sentir el ruido del océano y el sabor del mar en el paladar y el estómago. ¡Una bendición de la naturaleza!
Mientras, se puede pedir una sangría, que aquí preparan en contundentes jarras, dulce y fresca. Deliciosa.
La oferta del mar es extensa. Desde las sabrosas cocochas por las que mueren en España, pasando por unas chisporroteantes angulas o un delicado cangrejo dorado. La oferta de pescados depende de la generosidad y veleidades de la mar, que puede entregar vidriola, kana kana, breca, congrio, salmón o la fuera de serie merluza austral.
Esta última es servida en medallones, en la mejor tradición española, que le da otro sabor, definitivamente. Si no se le teme al ajo y al aceite de oliva, cualquier pescado se puede preparar con un sofrito en el que los ajos casi caramelizados son una tentación irresistible. Lo bueno: no hay peligro de morir atacado por un vampiro. Lo malo, no hay pololeo que lo resista.
Nadie se puede ir sin postre. Desde un suave y casero merengue vasco, hasta los helados artesanales –con historia propia– como el de chocolate con almendras caramelizadas, fuera de serie. Un lugar al que siempre se vuelve con ganas y cuyos sabores se añoran. Un clásico.
MIRAOLAS
Dirección: Vitacura 4171
Reservas: 2060202 – 2065106
Precio por pareja: $ 33.000
Cerrado domingos noche
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