Liberty Valance
Sábado 26 de Septiembre de 2009
Siglo XIX: Cartas con historia


Correspondencia entre el Teniente Alejandro Bello y una desconocida, de nombre Isidora.
1914
Querida Isa:
“Esto le interesará y cuando nos veamos se la regalo. No creo que sea gran cosa, pero no es mi materia y lo desconozco. Le cuento que cayó en mis manos por buena suerte, o por mala, una revista de poesía que se llama Azul, y a los días conocí a uno de los poetas que la escriben. Tiene 21 años, cinco menos que yo, y es de apellido Huidobro. Se entusiasmó cuando le dije que casi era piloto militar, porque sólo me faltaba el vuelo para el título. ¿Sabe lo que me pidió? Que le hablara de cómo se ven las cosas desde el cielo, de las nubes y del viento. Parece que quiere escribir de un avión y de un viaje. Ya le contaré más”.
Alejandro.

Querida Isa:
“De nuevo apareció Huidobro, que a juicio mío está medio cucú. ¿Sabe lo que me propuso? Que despegue de Lo Espejo, emprenda rumbo al mar, a Cartagena; y nunca vuelva. Que en el aire vea lo que hago, pero que desaparezca del mapa, como se dice. Si lo hago me prometió dos cosas: escribir un libro en mi honor y que me estaría esperando para siempre en Cartagena. Primer poeta que conozco y creo que va a ser el último. Espero que esté bien, lo mismo que sus padres”.
Alejandro.

Querida Isa:
“Todavía creo que no es verdad lo que me dijo, pero ahora que lo veo escrito, entiendo su decisión como definitiva. Lo lamento, pero descuide: nunca más sabrá de mí”.
Alejandro.

Correspondencia entre Gabriela Mistral y Pedro Aguirre Cerda.
1939
“De todo te he dicho en las cartas: estimado, amigo, recordado, señor, distinguido, querido, respetado. Pero cuando te veo a ti, tú a mí y nadie más vemos, entonces te digo de otra manera. ¿Esto se sabrá? Espero que no, ¿o espero otra cosa? Es mi problema: no sé qué esperar”.
Gabriela.

“Espero entregarle noticias sobre su próximo destino, seguro será en el extranjero y en mejores condiciones económicas. Usted sabe cuál es ahora mi posición en el país y así como puedo hacer cosas, hay otras que no puedo hacer más. Espero que lo entienda y que no le cueste ser feliz, y si me permite el chilenismo: no se amargue el pepino”.
Pedro.

“Le encuentro razón con la frase ‘gobernar es educar’, pero antes hay que decir que ‘gobernar es amar’. En esa época me sentí gobernada”.
Gabriela.

“Eso pasó entre colegas docentes: una maestra y un profesor de castellano. Déjelo como un recuerdo maravilloso. La quinta pata de los recuerdos siempre da pena. Por eso no hay que buscarla”.
Pedro.

“Fue en el zaguán de una escuela pública del Valle de Elqui: ¡cómo poder olvidarlo!”.
Gabriela.

“No le ponga tanto, yo le puse mucho durante un tiempo y ya ve como me dicen. Hablemos de otra cosa: de viajes y política. Me va a llegar un barco de España con refugiados. ¿Cómo le cae Neruda?”.
Pedro.

“Mal”.
Gabriela.

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