
Esta suerte de catálogo de desastres se divide en capítulos como “Volcanes”, “Terremotos”, “Maremotos y tsunamis”. Pero también “Hambrunas”, “Crímenes de Estado”, Naufragios”, hasta llegar a 28 apartados que separan analíticamente las diversas maneras en que el azar, el descuido, la fuerza de la naturaleza o la decisión humana pueden acarrear miles y hasta millones de muertos. El texto es apasionante, escrito con soltura y sin cargar innecesariamente las tintas (por lo general, los testimonios de los sobrevivientes contienen el dramatismo necesario). Tampoco abruma con el acopio de fuentes y notas, aunque se advierte un estudio riguroso.
Los chauvinistas criollos echarán de menos, sin duda, que un país tan expuesto a terremotos y erupciones volcánicas sólo aparezca mencionado con motivo del incendio de la Iglesia de la Compañía, en 1863; una causa posible es que los devastadores terremotos ocurridos en Italia, China o Japón han tenido muchas más víctimas fatales. El posible ninguneo palidece al lado del catálogo completo, que salta del horror al error y de vuelta al horror multiplicado por la desidia o la voluntad asesina de los seres humanos. De hecho, cuando más estremece el libro no es con la crónica de tifones o inundaciones, sino con la hambruna de la papa en Irlanda, que mató a un millón y medio de personas y forzó a otro millón a la emigración, en una población de apenas ocho millones de habitantes. La ceguera, el burocratismo y el extremismo ideológico de las autoridades fueron, mucho más que el hongo que envenenó los campos, las reales causas de una mortandad terrible. Casos poco conocidos como El Congo, propiedad privada, por décadas, del rey Leopoldo de Bélgica, o las masacres en Armenia se suman a tantos otros casos que grafican los extremos a que puede llegar la ideología y el menosprecio por los derechos humanos.
Tampoco hay que despreciar, desde luego, el ímpetu de la naturaleza desatada, ya sea por sus conocidos estallidos o por casos más misteriosos y traicioneros, como una noche en que una nube de gas emerge de un lago africano y asfixia a miles de personas (y animales) en cuestión de minutos. Pero quizás el dato más preocupante es la erupción volcánica del lago Toba, en Sumatra, hace 64 mil años. La extrema violencia del estallido y la ingente cantidad de material lanzado a los aires causó un invierno volcánico de 6 años, con temperaturas máximas de 5 grados. Se estima que la población era de un millón de personas; sobrevivieron 10 mil.
John Withington. Turner, Madrid, 2009. 440 páginas.
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Posteado por: jaime vicente subercaseaux astaburuaga 18/11/2009 01:58 [ N° 1 ] |
Estos curas, ayer visité el lugar, el monumento del incendio, por ningún lado tiene algo que diga que murieron 2.000 personas, la placa es tan críptica que cualquiera creería que está dedicado a los cristianos asesinados por los romanos, o algo por el estilo. Para peor, el monumento, hecho por subrrogaciòn popular, tiene cuatro àngeles y una virgen, o sea dele con que esos cuentos de hadas son verdad, estos curas son muy frescos. Cuando son pedófilos, los cambian de iglesia, cuando mueren dos mil personas dentro de un templo "fue voluntad divina", menos mal que dios y los ángeles los cuidaban, o si no podría haberles pasado algo malo. Apenas puedo imaginar como deben haber sido esas escenas de horror, viendo como cientos y cientos de personas eran consumidas por el fuego, principalmente madres con sus hijitos, de seguro que el cura se salvó saliendo por alguna puerta piola. Es difícil no creer en cuentos de hadas (o sea Biblia y demases) si desde la cuna nos están embutiendo estas falsedades, y para peor estamos ansiosos de creer que hay otra vida. Hablaba con la paquita que cuidaba la reja, y cuando le conté de que se trataba el monumento, le dió la pálida y se agarró de la reja, no podía creer que 2.000 personas hubiesen muerto de esa manera, y para más remate en "la casa de dios", claro que esa reacción no fue nada cuando le dije que era ateo, casi me miró como si yo fuera la encarnación de satanás (otro cuento para hacernos favorecer a "los buenos" o sea a ellos). Puchas que me enrabio con estos temas, pero peor que los curas, encuentro a los que compran la pomá. Saludos |
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