Begoña Uranga
Sábado 10 de Octubre de 2009
Jugar y comer


Impresiona. Definitivamente. Allí, en pleno campo chileno, en San Francisco de Mostazal, de pronto, como de la nada, aparece la enorme y súper iluminada estructura de cemento, rodeada de un gigantesco estacionamiento. Luces azules, rojas, moradas, amarillas y un incesante movimiento en la nada misma, podrían hacer creer a un despistado que se trata de una inmensa nave extraterrestre, recién aterrizada.
Así de impactante es la aparición del Casino Monticello, “el complejo de entretención” que tiene a los santiaguinos y sus alrededores pagando un increíblemente absurdo peaje de ida y vuelta y viajando 45 minutos, para sentirse en algo así como en Las Vegas, la Meca del juego.

Dentro, todo es enorme y luminoso. Las 24 horas. Con un lujo “muy producido”, pareciera que aquí la consigna es que no se note pobreza. Las lámparas situadas sobre las escaleras mecánicas, corazón del casino, una mezcla iluminada entre el carnaval de La Tirana y pintor surrealista.

Como no todo va a ser jugar, hay varios restaurantes en el primer piso, además de un buffet de comida internacional, El Capataz, y uno más pequeño en la zona del bingo. SantaBrasa, Segafredo, La Fête chocolates, un club para espectáculos, el Bravo Bar y el Hola Café. Por ahora. Porque la consigna es seguir creciendo.

El Hola Café sigue la estética del lugar: mucha luz, tonos rojos, techo con figuras y diferentes ambientes tipo lounge. De entrada, un tártaro de atún, fresco pero al que le sobraba jengibre. Salteado oriental, curry verde de pollo, ensaladas y unas grandes costillas ribs. Platos bien preparados, sin demasiadas sorpresas y dentro de lo esperado. Todo más bien tradicional. Vino por copas y una buena oferta de vino Premium a precio rebajado. Unos $12.000 por persona.

Ya repuestos, hay que dirigirse a la sala de juegos. Las croupiers están enfundadas en unos largos y apretados vestidos rojos, que las hacen aparecer claramente incómodas. Las tragamonedas están repletas, mujeres en su mayoría, hipnotizadas frente a las tintineantes pantallas.

Si la cosa es jugar bingo, el segundo piso es la meta. Grandes mesas redondas, frente a un tecnologizado juego, en las que se comparte con desconocidos. Un buffet, más bien triste y con poco surtido, permite comer por $ 5.000, sin líquidos, mientras se juega. Sin mantel ni nada, sólo acarreando el plato.

Un punto destacable es el personal del establecimiento. Claramente de la zona, con una preparación intensa, son amables, educados y hasta modulan como en FM. Quien haya hecho los cursos de entrenamiento merece un premio. Realmente. El público es otro must: se podría pasar horas tratando de adivinar la procedencia de ese mar humano que abarrota el lugar. Toda una experiencia.

MONTICELLO Gran Casino Dirección: Ruta 5 sur, peaje de Angostura
Restaurantes desde $ 5.000

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