Francisco Mouat
Sábado 17 de Octubre de 2009
La capital de un imperio que nunca fue


Francisco Mouat.jpg

¿A quién abrazo, Pierre Jacomet, para festejar la alegría de haberte conocido? Dos o tres semanas atrás, todavía tocado por tu muerte física, por el dolor de imaginar cómo iba a ser el mundo sin el regalo de tu conversación libre y animada con vista al mar, me preguntaba dónde estarías, a dónde te habías ido, tú, que decías que morirse no era necesariamente desaparecer, sino pasar a otro estado, como ocurría al final con todas las extensiones de la naturaleza; los perros, las piedras, el ser humano, el perejil, los arbustos, las naranjas.

Leo tus ensayos de Lucidez del abismo y me asombro de tu asombro. Citas a Chuang-Tzu, que tanto te inspiraba: “Sé de la alegría de los peces en el río, por mi alegría cuando recorro las márgenes del río”. Hablas de la tristeza y la alegría con el mismo fervor con que narras tus encuentros con Víctor, un mendigo al que entiendes como un ser superior, que te lleva a cuestionar tu supuesta generosidad cada vez que le das una limosna: “¿Quién muestra más grandeza de alma? ¿Yo, al dar, o él, al recibir? ¿No es generosidad la humildad? Transcurren unas pocas líneas y aparece Montaigne: “Al ver a los pordioseros, se pregunta Montaigne si tendría la capacidad para soportar la indigencia con igual entereza”.

Leo tu traducción de los ensayos de Montaigne y me maravillo del talento con que lo reescribiste. Lectura obligatoria, decías, para el que quisiera hacerse preguntas y pensar. Una de las cosas que te fascinaba de él era la frescura y la libertad con que el francés conversaba con el papel, y por extensión con el lector. Decías que era un maestro de la asociación libre, un viajero del espíritu que se subía a un navío imaginario y conducía la embarcación trazando una ruta nueva, inexplorada hasta ese momento por el lenguaje y el pensamiento. A ratos pienso que en tu magnífico esfuerzo por traducir a Montaigne a nuestra lengua, te convertiste en un nuevo Montaigne con cuatro o cinco siglos más de historia a cuestas, testigo del regreso a la Tierra de “antiguas perplejidades y terrorismos religiosos, políticos y financieros”.

Vuelvo a ver una conversación que sostuviste en mayo de 2008 con Cristián Warnken en el cable, y me emociono cuando él te pregunta quién eres y sonríes antes de responder, te das vueltas en la silla y le dices: “No sé quién soy”, para después rematar: “Tal vez soy la capital de un imperio que nunca fue”. Tu risa es un canto de libertad, la libertad experimentada por un hombre que ha logrado entender que la vida “no es quietud ni aburrido paisaje”.

Poco más de un mes atrás, más o menos en la misma fecha en que Pierre Jacomet dejó de respirar en el Hospital Naval de Valparaíso, comencé a cruzarme en auto, de vuelta a casa, con un mendigo en una de las esquinas de Bilbao y Américo Vespucio. Suelo venir a eso de las diez de la noche desde mi taller, y él acostumbra a estar ahí, moviéndose entre los autos, pidiendo una limosna. La primera vez que lo vi no reaccioné. Pensaba en otra cosa y permanecí impávido, algo asustado de su aspecto, indiferente al gesto de sus manos: se las llevaba a la boca y nos decía –con urgencia– que quería algo para comer, que tenía hambre. Al cabo de cuatro o cinco semanas, mi relación con él ha cambiado, y cuando el semáforo está en rojo cruzamos incluso un par de palabras. Sé algunas cosas de su vida, muy pocas. Vive en la calle, bajo unos puentes, en el sector de Quilín o Departamental. Alguna vez, no hace mucho, estuvo durmiendo en una hospedería del Hogar de Cristo, pero huyó para no volver. Me dijo que prefería la intemperie. Se llama Juan, y podría tener entre sesenta y setenta años de edad.

Una noche cualquiera le entregué algo de ropa; una polera y dos o tres chalecos, entre ellos uno bien bonito, con cierre, que se lo puso de inmediato. Anoche pasé por ahí y le pregunté si le había servido la ropa. Se rió, y me contestó que la tenía para el fin de semana, para los días de fiesta. Su chiste, su risa, me recordó a Pierre Jacomet. Cuando me cruzo con Juan en las noches, pienso que Pierre también está en él, y que a través suyo me abraza. Ahora sé con quién festejar la alegría de haber conocido a Pierre Jacomet, la capital de un imperio que nunca fue.

6 Comentarios publicados
Posteado por:
ricardo misito castaño
17/10/2009 12:58
[ N° 1 ]

Siempre seremos "parte" de la capital de un imperio que nunca llegaremos a ser, solo una pequeña comuna iluminada, con un farol en una esquina cualquiera.
No somos más que Don Juan, vestidos, ocasionalmente, para los días de fiesta.

..."todo pasa y todo queda"

RM

Posteado por:
Ricardo Peña y Lillo Valenzuela
18/10/2009 20:08
[ N° 2 ]


Francisco logra distinguir en las expresiones de un mendigo, algo de quien se marchara recientemente, Pierre Jacomet.

En un momento muy especial, sentí ver en una rosa blanca, solitaria, florecida a destiempo, un mensaje de mi madre fallecida.

He escrito en la columna de Warnken “Alada” (Nº 54), lo siguiente de un insecto que no podía volar:

“Apareció caminando sobre el cristal de mi escritorio. La espanté y en lugar de volar, dio un salto, atenta hacia mí. Repetí la acción y volvió a dar saltos y caminar. Fue un diálogo entre seres diferentes. Se la veía recuperada y con la actitud normal de un ser adaptado a su nueva realidad. Le puse cuidadosamente un papel como plataforma para trasladarla a otro lugar; y se resistió, caminando lateralmente, como desconfiando, hasta que accedió. Caminó por el papel mientras la llevé al jardín, donde supuse encontraría mejores condiciones para su nueva realidad.
En ese momento, estaba leyendo lo que escribí acerca de cómo se produciría la adaptación a los nuevos cuerpos en caso de existir alguna forma de reencarnación; y el tema fue ilustrado por la tranquilidad de esa mosca que al no volar se adaptó a la frecuencia de los caminantes, comunicándose de un modo más directo conmigo.
… sus expresiones corporales se grabaron en mi memoria como enigma de un lenguaje a traducir... en su resistirse a subir al papel, parecía decir:
¡Espera un momento…!
¿No me reconoces…?
¡Soy yo!
…”

Aclaro que para entender realmente lo que he escrito se requiere pensarlo en la frecuencia precisa; la misma necesaria para comprender que el escrito de Francisco Mouat tiene varias aristas en la búsqueda del rastro trascendente que deja cada vida luego de su paso por lo que conocemos como vida. ¿Alguna forma de reencarnación… o una forma de vida eterna diluida en la humanidad, que emerge en los momentos más inesperados en la confrontación del recuerdo con la realidad?

Posteado por:
Noelfa Huerta Olivares
19/10/2009 18:03
[ N° 3 ]

Francisco:la partida de su amigo lo tiene viviendo un duelo que siempre es necesario y lo que escribe sobre él me dice que fue realmente su amigo y Pierre,donde esté y si aún lo puede ver, estará sonriendo feliz de saber que contó con un buen amigo ,tan escasos en estos tiempos donde todo pasa rápido y nadie se preocupa de nadie.
Ahora Ud. tiene un nuevo amigo y le aseguro ,por experiencia,que ese mendigo le llenará su alma de las mejores cosas.Son seres sabios que la vida los llevó a vivir de esa manera, o buscando la libertad de vivir libres ,sin ataduras materiales o bien abandonados a su suerte por ser drogadictos o alcohólicos. Son solos ;pero aprecian a la gente que no los ignora y los ve porque la gran mayoría nunca los ve,no existen y están ahí sin ser vistos.
Tengo la maravillosa experiencia de haber conocido a uno de ellos,un hombre joven,enfermo de sida y alcohólico al que nadie se acercaba por su enfermedad,un día me acerqué a él y le pregunté porque se había abandonado de esa manera, me contó de su enfermedad y yo tomé sus manos entre las mías y le dije,hijo el sida no se contagia porque yo te tomo las manos y nunca voy a olvidar sus ojos llenos de lágrimas por un gesto que no me costó nada y que me dió tanto en cambio.Me prometió que iría a verme a mi casa totalmente sobrio, mi amistad con él duró tres años,siempre le llevaba un vaso de leche con café caliente, un par de panes con mantequilla y queso y un poco de ropa.
continúa

Posteado por:
Noelfa Huerta Olivares
19/10/2009 18:18
[ N° 4 ]

De repente se me perdía y como vió que me preocupaba me pasó un papel con un número de teléfono a donde llamar cuando no lo viera por muchos días.
Lo ví por última vez para el 18 de Septiembre del año pasado cuando llegó a mi casa a cumplir con su promesa de ir sin una gota de alcohol.No lo ví más y supe que había fallecido por otros mendigos como él.
Por el papel que me dió llegué hasta su madre, ella sabía de mí y me contó su final.Murió en sus brazos, ella lo que más temía era que un día él muriera botado y solo,como había elegido vivir.
Días antes de ese 18 de Septiembre en que me fue a ver ,había dejado de tomar y no volvió a hacerlo.Sólo vivió dos meses después de eso y nunca voy a olvidar el cariño de su mirada cada vez que me veía, ni su frase entre risueña y triste "mire tía, el sobrinito que le vino a salir"

Posteado por:
Arturo Rivera Dominguez
23/10/2009 23:50
[ N° 5 ]

Un ser marvilloso, Pierre Jacomet. No, yo no lo conocí en persona,¡que lejos de eso!. Lo conocí gracias a Cristián. Pero en cuanto a Ud., Mouat, que hermoso es su acercamiento a don Pierre, habla y transmite bien lo que siente u piensa a su respecto. Esto en la primera mitad.
Pero es lamentable su 2ª mitad. Partiendo de un pequeño elemento de don Pierre, se diluye en asuntos personalísimos, que no llegan a ser universales. El homenaje a don Pierre queda a medias, y merecía más. Gracias por el esfuerzo.

Posteado por:
raúl suarez sazié
19/11/2009 12:58
[ N° 6 ]

Sr Mouat: sus ar´ticulos son muy entretenidos y profundos. Me encantaría conocerlo, dónde puede ser. haga algún encuentro en un café de la capital, ahí iremos a verlo. AStte

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