Lo primero que llama la atención en el aeropuerto de Ciudad de Guatemala es la cantidad de ron Zacapa que llevan los viajeros que salen del país. Tanto los turistas como los guatemaltecos que viven fuera se aferran, casi con fervor, a sus cajas de ron, como si en ello se les fuera un pedazo de la nacionalidad.
Aunque los países del Caribe son reconocidos –entre otras cosas– como la tierra del ron, los expertos se refieren al guatemalteco Zacapa como el mejor del mundo. “Un auténtico tesoro de la tierra de los mayas”. En su elaboración se utiliza sólo el primer prensado de la caña de azúcar y se almacena en barricas utilizadas anteriormente para Bourbons y vinos de Jerez. Todo el proceso de añejamiento se lleva a cabo en el altiplano de Guatemala.
El Gran Reserva, con 23 años de solera, es el producto estrella de la casa. Ideal para tomar puro o con un poco de hielo. ¡Delicioso! Hay que probarlo. Luego de una buena comida y tomándose un café, es la recomendación. Para reconciliarse con la vida.
Y otra alternativa para pasar un buen momento, olvidarse de todo y comer rico, es en pleno barrio Lastarria, concurrido y siempre entretenido. Allí, en la casona de El Observatorio, en la planta baja, se encuentra un nuevo local al más puro estilo europeo. Con una mezcla entre cava y bodega, cálido y acogedor, con unos mascarones que le ponen “el toque” a la ambientación.
El servicio es atento e informado y cuenta con una buena carta de vinos y licores. Un detalle: al pedir vino por copas, fue traído servido, sin asomos de la botella. Es de los pocos lugares que aún sirven agua durante la comida. Para empezar, una tabla para compartir con jamón de jabalí, queso azul y brie, fiambres y un delicioso puré de berenjenas con ajo. No había erizos y la ensalada de patitas de chancho quedó pendiente para otra ocasión.
Luego, un congrio braseado, con mariscos, a punto y realmente bueno. Así como el risotto de cordero, un plato contundente y suave a la vez. El garrón de cordero resultó lo mejor del día, definitivamente. Gustoso, sabroso y bien preparado. Una delicia.
Hay también costillar de jabalí, crema de piñones con aceite de tartufo blanco y confit de pato, entre otros. De postre unas muy bien preparadas Fresas Romanov. Un nuevo establecimiento que tiene todo para convertirse en un imperdible de la oferta gastronómica capitalina.
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