Ascanio Cavallo
Sábado 31 de Octubre de 2009
Cine: "All inclusive"


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¿Dónde está el centro real de All inclusive? Desde la perspectiva del paisaje, debería estar en un huracán que se cierne sobre el balneario de Xcaret, en la Riviera Maya, que encierra a una familia mexicano-chilena y la enfrenta con sus contradicciones. Sólo que el huracán nunca llega, o llega de una forma tan tardía y oblicua, que casi carece de importancia.

Pensando en la locación, y en los cuatro días que los protagonistas pasan en ella, podría estar en las alienadas rutinas de los resorts con “todo incluido”; pero para esto se necesitaría ironía, y el poquísimo humor que hay en esta película anda más cerca de un adolescente masturbándose, una gorda fea y una que otra borrachera.

Desde la perspectiva del protagonista, el pater familias Gonzalo Fernández (Jesús Ochoa), el centro sería el descubrimiento de una enfermedad grave que, a sus 50 años, amenaza con separarlo de su familia; pero con esto tampoco pasa nada. Desde la visión de su esposa, Carmen (Valentina Vargas), es la fragilidad de lo que ha construido en más de 20 años de matrimonio, incluyendo sus propias frustraciones; aunque no hay riesgo real.

Para los tres hijos, los centros son otros: el encuentro con una sexualidad reprimida, por Macarena (Ana Serradilla); el hastío con su familia, por Camila (Martha Higareda); y el despertar sexual, por el adolescente Andrés (Jesús Zavala). Claro que todos estos son problemas menores, y más encima los padres los conocen.

Tampoco los personajes ayudan a cubrir los vacíos narrativos, como ocurre en muchas películas que se alimentan sólo de sus sujetos. Los momentos de cambio que viven los de esta cinta son más esotéricos que personales: Carmen leyendo a Paulo Coelho, Gonzalo recibiendo una imposición de manos de una vieja cubana, Camila abrazando a un chamán… Coelho parece dar la medida intelectual de esta familia.
Y entonces, si los centros dramáticos y narrativos son difusos, y los personajes poco estimulantes, ¿hay al menos un eje estético, una visión del mundo, un punto de vista que permita trascender esas debilidades?
La fotografía es hermosa, el montaje es correcto, la banda sonora tiene sus gracias; pero esto no es la estética. Sólo es su material básico. La estética es el diálogo entre los instrumentos expresivos y una visión del mundo. Y de esto no hay huella en All inclusive: sólo un desarrollo funcional, lineal y concreto, apegado al primer piso de lo que cuenta.

Siempre se puede argumentar que no se debe medir con estas varas a una película que sólo pretende entretener. OK. Para eso no se necesita crítica, ni positiva ni negativa. Ni siquiera se necesita la película. Cada quien se entretiene como quiere. Pero cuando se habla de cine, es desleal no intentar un diagnóstico mínimo que tenga en cuenta las capacidades del medio. Y el de All inclusive está entre preocupante y grave.

All inclusive

Dirección: Rodrigo Ortúzar. Con: Jesús Ochoa, Valentina Vargas, Ana Serradilla, Leonor Varela, Martha Higareda. duración: 96 minutos.

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