Begoña Uranga
Sábado 07 de Noviembre de 2009
Comer: Lo bueno de Morandé


Es como emblemático. Desde avisos en la prensa hasta mensajes radiales.

¿Quién no lo ha oído mencionar? En los últimos años Las carnes de Morandé empezó a sonar con más fuerza, ya que auspició algún programa farandulero. A estas alturas, es una cadena con cinco locales en todo Santiago, que sigue alimentando la tradicional voracidad carnívora del chileno.

Quizás sea su arremetida publicitaria, hasta con agencia de comunicaciones. El caso es que la visita era un tema pendiente. A la hora de almuerzo, en el local de Echaurren, llama la atención la cantidad de gente que come en sus mesas. Un local sencillo y bien puesto, sin grandes adornos, pero cómodo. Muy del gusto del comedor de carne. Sólido. De hombres.

Una parrilla preside el salón de no fumadores, pero sorprendentemente no tiene mucho “género” en ella. Una pechuga de pollo y un par de lomos y sería todo. Nada que tiente a los golosos. Quizás aquí se almuerce temprano. Buen tiraje de los humos cárnicos, todo hay que decirlo. Nada de olor en la ropa.
El garzón, atento y con toda la paciencia del mundo ante el estudio detallado de la carta. Mientras, un pan delicioso. De vicio, para acompañar el pebre y la mantequilla. Una empanadita de queso de cortesía y un provoleta para ir picando. Esta última llegó toda “despachurrada”, con unas galletitas de soda encima. Mal. Olvidable.

Luego, una pechuga de pollo con puré de palta. Bien, correcta, pero nada especial. Le faltaba esa cosa sabrosa que uno espera de la parrilla y que la hace diferente a la de la propia cocina. El lomo, que se sugirió vetado por aquello del sabor, resultó mucho mejor.

En la mesa de al lado, un congrio frito acaparó todas las miradas. Gruesos trozos, en una fritura que parecía perfecta, orondos y apetitosos, como para arrepentirse del propio pedido. Pero era tarde. La señora que debía comerlo lo hizo sin apuro y disfrutando cada bocado. Como sacando pica.
Curiosamente, la carta no tenía interiores ni esas cosas típicas de picar como los chorizos, las longanizas y otros varios. Consultado el mozo, indicó que no las trabajaban demasiado, pero que chorizos había. Que como el público los pedía, existían fuera de la carta.
Preguntado por las parrilladas, trajo un pequeño papel en el que se ofrecían de dos tipos… pero nunca figuraron en el menú ni se supo de su existencia si no se hubiera preguntado. Raro. Suelen ser como la oferta central de una parrilla. En todo caso, un lugar agradable, para comer sin sorpresas, pero que tampoco entusiasma demasiado. Correcto.

Las Carnes de Morandé
Dirección : Morandé 538; Echaurren 406;
Mallinkrodt 184; Ruta 68, km. 16; Diego Portales 06603
Precio por pareja : $ 24.000
Cerrado domingos en la noche

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