Francisco Mouat
Sábado 09 de Enero de 2010
Tiro Libre: 2010


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Entre Navidad y Año Nuevo recibí un regalo, una carta de Gwen Saffie que atesoro y transcribo: “Estimado Francisco. Hace exactamente un año recorté un párrafo de tu columna, que decía: Que el 2009 nos ofrezca momentos estelares, amor apasionado, dosis moderadas de dolor, una buena cantidad de razones para brindar aquí y allá, especialmente tiempo: para caminar, para conversar, para jugar, para leer, para viajar, para no hacer nada, para trabajar lo justo. Que la vida nos regale vida, la posibilidad de agradecer el privilegio de estar aquí y ahora respirando, escuchando la respiración, cadenciosa, que sube y baja, sube y baja. Cuando lo recorté, iba en mi segunda quimioterapia por cáncer de mama y las cosas se veían, por decir lo menos, nebulosas. A los treinta años es difícil enfrentarse al cáncer, sobre todo si no tienes antecedentes familiares, bajos índices de riesgo y una hija de un año y un matrimonio de dos. Llevo ese párrafo en mi billetera, para recordar siempre qué es lo que quiero en la vida: y es simplemente eso, vida. Hace una semana mi hija se agarró uno de los tantos rotavirus que pululan por Santiago y por primera vez se enfermó. Lo curioso es que yo daba gracias a Dios por tener la oportunidad de estar aquí, viva, cuidando a mi hija. El 2009 me ofreció todo lo que describía aquel párrafo: amor, dolor, tiempo, viajes, caminatas, celebraciones. Pero lo más importante es que me ofreció vida, y yo no la dejé pasar. Vivo intensamente, con pasión, mucho más liviana que antes, mucho más feliz. Y ahora me toca pasar el testigo: le transcribí este párrafo a la esposa de un colega de trabajo que hoy está pasando por lo mismo que yo hace un año, envuelta en la misma nebulosa. Espero que a ella también le despeje un poco el camino para que vea lo invaluable que es estar hoy aquí, respirando. Curioso como un simple párrafo puede ayudarte a aferrarte a la vida y patalear. Gracias por eso”.

Gracias a ti, Gwen. Como tú, también agradezco estar vivo, ser aún protagonista de una historia menor que, a medida que transcurre y avanza en el tiempo, quisiera irse escribiendo cada vez más puertas adentro. Como si la existencia humana fuera un viaje de búsqueda, un viaje que empieza en la calle principal de una ciudad nerviosa y que un día, después de tanto andar a prisa, al cabo de años de mañanas, tardes y noches repetidas mecánicamente, nos ofrece de regalo un árbol en el camino, un pimiento de raíces fuertes y sombra protectora bajo el cual detenernos a respirar, simplemente respirar. A veces entiendo mi vida como un viaje sin plan detrás de palabras mágicas e inesperadas que, impresas sobre papel, logren apaciguar el desasosiego que supone estar vivo y no saber mucho más que eso, salvo que un día dejaremos de estarlo.

Pienso en ti, Gwen, pienso en Cristina, en Mónica, en Anisol. A todas ellas las visitó la misma enfermedad, a la que no pienso nombrar nuevamente para no fortalecerla.

Escribo y envío: “Anisol: hoy no alcanzo a ir a abrazarte, pero uno de estos días me dejaré caer para darte un abrazo que condense lo que siento: quiero que estés bien, pongo mi energía a tu disposición”. Escribir a veces es abrazar, y que ese abrazo no se diluya cuando nuestros cuerpos se separan.

Anisol responde: “Aquí estamos, pasado el primer shock, parándonos de nuevo, poniendo todo mi esfuerzo, voluntad, ánimo, amor, qué sé yo, para crear el destino que quiero. Sin negar la realidad que estoy viviendo, pero concibiendo el destino como una dirección y no como una sentencia. Me siento física y anímicamente muy bien. Quizás lo más difícil ha sido recobrar una cotidianeidad que ya nunca vuelve a ser cotidiana; es abrumador tener conciencia de que cada momento y cada acción tienen un sentido, mas allá de lo significativa y bella que pueda ser también la inconciencia. Te mando un beso y un abrazo a todos los tuyos. Sigan mandándome bonitos pensamientos, que es la energía que necesito. Gracias por pensar en mí”.

Que el 2010 les regale nuevas y vigorosas células para cantar entre todos esta canción del grupo Congreso que escucho entusiasmado esta mañana, del disco La loca sin zapatos: “De qué me sirve el verso sin tu boca, aquellos sueños sin tu corazón”.

2 Comentarios publicados
Posteado por:
ARISTIDES ELEUTERIO RIOJA CATAMARCA
10/01/2010 15:31
[ N° 1 ]

Muy buena la carta de Gwen Saffie.Emotiva, lo tuyo lo mismo de siempre, citas y más citas de otros...una pena

Posteado por:
Alicia Reyes
16/01/2010 16:54
[ N° 2 ]

A mí, en cambio, me hizo llorar por su belleza y profundidad.

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