Francisco Mouat
Sábado 11 de Septiembre de 2010
Bicicletas


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Ahora sé que se movía en bicicleta por mis barrios, pero también sé que no usaba casco. Estudiaba en el mismo campus que mi hija mayor. Se llamaba Amalia, que en mi vida es lo mismo que decir madre. Amalia como mi mamá, mi abuela, mi ahijada y un pedazo de mi hija menor. A fuerza de ir durante años como alumna al mismo colegio en la mañana donde yo iba a dejar a mis hijos, habremos cruzado casualmente una mirada. Tenía los ojos claros, es lo que aprecio en una fotografía que publican en Internet. Tenía apenas veintitrés años.

Decía que le gustaba andar en bicicleta y moverse sobre ella por la ciudad. Como a tantas otras mujeres, casi todas jóvenes a las que les basta un destello de primavera para salir a gozar el aire libre. Algunas saben que Santiago no es Amsterdam y no está hecha para cuidar a los ciclistas, y usan casco, se sienten un poco más seguras. Otras no se dan cuenta de ese pequeño y trivial detalle que a veces marca la diferencia entre la vida y la muerte. En días de árboles floridos y soles tibios y tímidos, cuando ya no hace tanto frío en la mañana y los parques recuperan luz y color, las veo pedalear por Santiago y celebro su vitalidad. Qué gráciles se ven, qué hermosas son. Casi no es posible distinguir sus rostros mientras avanzan a la velocidad de un paseante. No hay detalles en ellas que sobresalgan: es el conjunto, armonioso, lo que nos cautiva, nos enamora, nos obliga a detenernos y observarlas con admiración. Hay excepciones, por supuesto. Una tarde no vi que venía embalada, porque físicamente no tenía cómo verla arriba de mi auto, llegando a una esquina, a una mujer de unos treinta y tantos que andaba en bicicleta y que estimó –locamente– que yo le había tirado el auto encima en la ciclovía de Antonio Varas, frente a la escuela de Carabineros. Ella, que sí me había visto venir, nunca pensó en detenerse y me echó el rosario encima con furia, complementó con insultos manuales y amenazó con meterme preso porque yo no la había respetado. Me quedé de una pieza y no le dije nada. Ella venía en su mundo y yo en el mío, y estuvimos cerca de estrellarnos. Pude haberla atropellado, y eso que a mí me gustan, aunque ya no tanto como antes, las mujeres en bicicleta que pasean por Santiago.

¿Habré visto venir a Amalia alguna vez aquí cerca de Plaza Ñuñoa en bicicleta? Nunca lo sabré.
Nos cruzamos cada día de nuestras vidas con tantas personas a las que jamás volvemos a ver, o de las que no tendremos cómo saber qué siguió a ese fugaz encuentro. Sucede algunas veces que esas mismas personas a las que dejamos atrás o nos sobrepasan en la ruta se cruzan con uno más tarde de un modo inesperado.

Decía que le gustaba andar en bicicleta y se llamaba Amalia, Amalia Herrera. Ese día, venía de la universidad para ir al teatro. No sé qué obra iba a ver. ¿Qué importa eso ahora? ¿O importa demasiado, porque tal vez condicionó el camino escogido? La obra de teatro se representó normalmente, y hubo una espectadora que no llegó a la cita.

Amalia Herrera estudiaba Antropología. Probablemente quería entender un poco mejor esta majamama compleja e indefinible que somos cada uno de nosotros, los hombres sobre la Tierra, y además estaba sana, y tenía energía, y en bicicleta pensaba que llegaría a tiempo a la función.

¿Sabías, Amalia, que un día el gran escritor Elias Canetti, cuando era joven y tenía tus años, después de leer en el periódico una mañana que la justicia austriaca había liberado sin ninguna vergüenza a los asesinos de unos obreros de Viena cuyo gran pecado había sido manifestarse en contra del gobierno semanas atrás, apuró indignado su café y tomó su bicicleta para ir a sumarse a esa masa enfervorizada de miles de obreros que protestaban contra la injusticia y la impunidad, una masa que acabó quemando el palacio de tribunales?

Sospecho que si tú hubieras vivido en Viena en esos años y hubieses leído ese titular de un diario oficialista que decía que la sentencia era justa, habrías tomado tu bicicleta y habrías enfilado al centro presa de la misma indignación de Canetti.

Lo que quiero decir es que tú también soñabas con ser justa, y eras apasionada, y vivías tu mundo, y un poco por eso o por azar tomaste la bicicleta el otro día para ir al teatro y un accidente te botó en el camino. Ibas sin casco. A lo mejor ibas apurada. Te atravesaste en la ruta de un auto.

Un día después de tu entierro, pasé al anochecer por una esquina de Ñuñoa y vi a una muchacha arrodillada en la vereda, rezando o maldiciendo al destino, no lo sé, frente a unas velas encendidas, mientras los transeúntes y los autos pasaban y algunos miraban y todos seguían su marcha. Detuve mi auto para ver por última vez a esa muchacha que sufría y una camioneta se pegó a la bocina para que yo avanzara. Nadie me lo ha confirmado porque a nadie le he preguntado, pero estoy casi seguro de que esas velas estaban encendidas para recordarte allí donde tú habías dejado la vida junto a una bicicleta, Amalia. Sólo puedo decir que era una escena de mucho dolor, el dolor de los que te amaban y te sobreviven.

11 Comentarios publicados
Posteado por:
Gonzalo Herrera Jiménez
11/09/2010 11:18
[ N° 1 ]

Francisco:
Sí. Debes haber cruzado miradas, y tal vez alguna palabra, más de alguna vez en los catorce años en que Amalia estuvo en el colegio San Juan: como estudiante, como scout, como Presidenta del Centro de Alumnos, como amiga de tus hijos.
Sí. Amalia andaba en bicicleta como una forma de moverse en la vida: autónoma, esforzada, libre. La bicicleta fue una buena metáfora de su forma de vivir... y de morir.
Sí. Amalia estudiaba antropología, y también estética, porque necesitaba comprender y quería ayudar a cambiar este mundo, nuestro mundo.
Sí. Sin duda alguna Amalia hubiera acompañado a Canetti en su bicicleta para protestar por la injusticia cometida contra aquellos trabajadores. Amalia trabajaba con fuerza en el movimiento estudiantil porque quería, desde la educación, corregir las grandes injusticias que ella veía.
Sí. La muchacha que viste arrodillada en esa esquina probablemente rezaba por la Amalia, al tiempo que le regalaba unas flores y le encendía una vela. No maldecía, sino que daba gracias al cielo por haber conocido a la Amalia en su fugaz paso por su mundo.
Gonzalo Herrera J.
Papá de Amalia

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ana maria moll gonzalez
11/09/2010 18:17
[ N° 2 ]

Francisco: no leí la noticia en su momento, sólo hasta el otro día que escuché un comentario.
Seguramente Amalia se sentía tan libre como yo andando en bicicleta, si sólo dependes de tí para movilizarte. Yo le doblo la edad y su opción; qué dolor que me provoca saber que ya no está y que ese mismo casco que yo no uso podría haberla salvado, me da escalofríos. Qué dolor para sus padres, qué dolor para su familia. También me paseé por ese campus a la misma edad de ella, pensar que cuando llegué a vivir a este barrio, ella estaba en ese colegio que queda a cinco cuadras de mi casa, también estudié en un colegio del barrio, ahí donde quisieron construir un mall y en su colegio yo tenía buenos amigos, en mi adolescencia. Amalia tenía la misma edad de una de mis hija; hay una diferecia mi hija se mueve en auto y siempre pienso que un día puede no volver. Siento que la vida en esta ciudad se ha llenado de incertidumbre. Cuidamos y enseñamos a nuestros hijos, pasamos mucho tiempo en eso y a veces te son arrebatados de tu lado en minutos. Imposible estar preparados para un dolor tan grande.

Ana María Moll
mamá de mis adoradas cuatro hijas.

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Verónica Alejandra Olivares Larenas
11/09/2010 19:08
[ N° 3 ]

Francisco:
Amalia para mí representa todos nuestros hijos sanjuaninos,participativos,luchares,scout,deportistas. Todo lo que ha sucedido me ha llegado al alma,ella es una hermosa mujer porque para mí, ella entro en mí vida, planteando cual es la huella que yo quiero dejar, tengo claro que ella dejo muchas, A mí todo me atrae la educación justa, el medio ambiente ,la música ,el arte es decir la Vida.Quiero proponerte que con el centro de padres,hagamos una campaña para los alumnos y apoderados del colegio. Con todos los que aman sentir el viento cuando andan en bicicleta, moverse por la vida,para que usemos casco.Espero Amalia que te guste mi campaña.
Verónica Olivares
Apoderada del San Juan Evangelista.

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pamela abarca miranda
11/09/2010 19:46
[ N° 4 ]

Gonzalo, mis hijos usan bicicleta y fueron amigos de Amalia cuando eran niños, eran vecinos y disfrutaban en la pequeña plaza del pasaje su juego en bicicleta. Ahora que ya estan grandes recorren Santiago en bicicleta igual que lo hacia Amalia y yo veo que se sienten libres y felices de lo que implica andar en ellas, quisiera que eso no dejaran de sentirlo nunca. Un abrazo Pamela

Posteado por:
Carlos Aldunate del Solar
12/09/2010 10:25
[ N° 5 ]

Siento la necesidad de agradecer la profunda humanidad que todos los sábados trasmiten los artículos de Francisco, que siempre dejan algo más allá de la contingencia o de la frivolidad propia de los medios de hoy. Muchas gracias!

Posteado por:
RICARDO ALFREDO MISITO
12/09/2010 11:33
[ N° 6 ]

Francisco, sin duda un gran relato, desde el alma misma...se siente así. Pero cuando leí las plabras de Gonzalo, simplemente me quebré.

Posteado por:
Rolando Andres Flores Lillo
12/09/2010 15:26
[ N° 7 ]

Gracias Amalia por regalar tantas sonrisas en cada oportunidad que compartimos.

Fuerza a la Familia Herrera Ugarte.

Isidora & Rolo

Posteado por:
Daniela Andrea Riquelme Álvarez
13/09/2010 19:41
[ N° 8 ]

Francisco: Te escribo no sólo por este escrito tuyo, sino que es por algo más general.
Te cuento; tengo 18 años, soy de Chillán y hace unas semanas leí "inspiración" lo que me hizo escarbar la montaña de revistas y sacar las hojas donde tú escribiste para luego leerlas. Simplemente fue un impulso y recolecté un buen montón. Empecé a leer y me gusta mucho como escribes, encuentro que escribes sobres cosas simples de la vida, pero te preocupas de la estética de los relatos, cosa que a mi me encanta. Encontré entre las hojas que arranqué de las revistas "botella al mar" y me llamó la atención desde un principio. Como te había contado soy de Chillán y voy al mismo colegio al que íba Bruno Riveri, pertenezco al mismo movimiento (Arkontes) en el que estaba Bruno y ver su nombre en algo que tú habías escrito y que lo haya encontrado por algo del destino, no sé me choqueo y me produjo una obsesión por ti jajaja no, mentira, pero igual el tema de Bruno (a pesar de que no era taaaan amiga de él) me afectó harto y que haya sido inspiración para ti sin que él quizás lo haya podido imaginar me hizo empezar a leerte semana tras semana. Bueno, eso. sólo te digo que tienes una nueva admiradora,me gusta mucho como escribes. Yo también escribo de vez en cuando, sobre todo en este último tiempo, pero soy como Neruda, no los leo luego de escribirlos porque después no me gustan. Si a ti te pasa eso, te digo que por lo menos a mi me gustan mucho ;) Cuídate, un beso :)

Posteado por:
Patricia Fadic Guijon
15/09/2010 13:14
[ N° 9 ]

Gonzalo, Sole... un abrazo grande con todo el cariño y fuerza. Amalia, de una u otra manera representa a mis hijos. Su lucha por la vida, su fuerza interior, su amor por todo... colegio, compañeros, scout y sobre todo familia. Pienso que cada uno de mis hijos tiene una parte maravillosa de ella que siempre se iluminará.
Patricia Fadic

Posteado por:
Enrique Palma Urquieta
16/09/2010 10:14
[ N° 10 ]

Siempre en estos atropellos en que participan ciclistas la culpa será de cargo del automovilista, tenga o no tenga culpa, pero en Chile existe la mala costumbre de exculpar siempre al más débil. Lamentablemente a nadie se le ocurre que los verdaderos culpables son las autoridades municipales que le hacen propaganda al uso de la bicicleta, sin darse cuenta que su recomendación es una absoluta irresponsabilidad ya que no existen los medios mínimos de seguridad, ni los caminos suficientemente protegidos para que los ciclistas puedan transitar por ellos sin peligro de muerte.

Posteado por:
Italo De Barbieri O.
16/09/2010 10:50
[ N° 11 ]

Francisco:

Tú relato me provoca una tristeza enorme.Más aún en una joven tan llena de vida, que la pierde seguramente por alguien o algún automovilista que se impacienta o su vida gira a mil por hora y no tiene tiempo que perder.Más hace perder la vida de otro!,,paradójico no !

Te cuento que donde vivo la llaman la ciudad de las bicicletas(Ferrara-Italia)en donde todos nos movemos en bicicleta y ciertamente la cultura de cuidar al ciclista es importante.Como es una ciudad medieval de calles angostas en algunas partes, los automovilistas deben hacerlo con mucha precaución, sabiendo que la preferencia es a los peatones y ciclistas.Ayer sin ir más lejos tuve un "topón" con otra bici, suave, no paso nada, pero estuvimos al menos 2 minutos pidiéndonos mutuamente disculpas por tan torpe error.

Lo que quiero decir es que mientras no nos culturicemos y creamos en esta maravillosa forma de transporte respetando la vida y propiciando pistas para bicicletas, seguiremos cercenando vidas de quienes sentimos la libertad de moverse en un medio tan noble y entretenido.

Te saludo a tí y a la Familia de Amalia.

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