Francisco Mouat
Sábado 02 de Octubre de 2010
Café Marisol (2)


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No hay una sola gran razón por la que un grupo de amigos frecuentamos el Café Marisol, en Pedro de Valdivia casi esquina Eliodoro Yáñez, a unos pocos pasos de la radio que nos convoca diariamente. No es sólo la calidad del café, razonable y claramente mejorado en el tiempo, desde que llegó la máquina nueva. Tampoco la gratísima atención de Enrique o Daniela, o el temperamento amable de Walter en la caja apurando las tazas, cobrando y administrando una banda sonora experta en Johnny Cash, Creedence y ahora último hasta Los Jaivas. (El otro día, víspera del dieciocho, entré y sonaba “La Conquistada”, con el mejor Gato Alquinta. Era un sueño: una de tus canciones favoritas de la vida escuchándose a buen volumen en el café de todos los días.)

La calidad del grano, la buena onda de los muchachos y la música ayudan, por supuesto, a moldear el carácter del lugar, como ayuda también el televisor apagado y el menú casero y económico de la hora de almuerzo, cada vez más popular entre los vecinos y trabajadores del sector. Pero hay algo más, que es espiritual, que no cabe en una palabra, y que lo aporta –imagino– cada uno de los que elegimos a este café –sencillo, muy sencillo– como un sitio necesario para vivir.

Perdemos horas en él y sospecho que ganamos tiempo. Se trata de un refugio inmejorable. No quiero ni imaginarme cuando el Café Marisol sea sólo un recuerdo en nuestras vidas. Ese será inevitablemente un recuerdo triste. Uno comprende mejor la pena que experimentan los parroquianos de un café que cierra sus puertas cuando se hace habitual e irrenunciable en tu vida. Sucedió con el Riquet, en Valparaíso. Afortunadamente el escritor Carlos León, que no perdonaba pasar todas las tardes en él junto a sus amigos, estaba bien muerto ya el día en que el Riquet bajó la cortina: no se hubiera repuesto jamás de haber visto clausurado a su café, aun cuando ahora se sabe que reabrirá sus puertas, para dicha de los porteños. Todavía me acuerdo de cuando Julio Martínez, Jota Eme, reclamó el fin del Café Santos. Le faltó llorar para que la representación de la tragedia fuera completa.

Te acostumbras a sus mesas, en el caso de Marisol sin vanidad, probablemente feas. Te acostumbras a sus mozos, a la conversación distendida y ociosa, a mirar el fondo de la taza sin que nadie te apure, a ver cómo otros corren por la calle y tú permaneces detenido junto al tiempo. El Café Marisol es un café de iguales, no hay jerarquías. Tengo separado un texto magnífico para ponerlo en las paredes del café, lo saqué de las reglas escritas por Paul Greenwood para su coffehouse londinense, en 1674: “Quien inicie alguna disputa pagará una ronda a todos los presentes. Lo mismo vale para quien tenga la osadía de brindar con café a la salud de un amigo. Se evitarán las discusiones en voz alta y no se tolerarán tristes amantes, pues todos procurarán hablar animadamente, aunque no en exceso”.

No hay reloj mural en Marisol. Hay fotos sepias de Alejandro Michel Talento, Lucho Córdoba, Emilio Gaete y Malú Gatica. A nadie le importa demasiado fijar la hora, o tenerla a la vista. Marisol no es un sitio, aclarémoslo ya, para sostener reuniones de trabajo. Aunque tal vez estemos equivocados. Las mesas están demasiado juntas una de otra, y las confidencias que aquí decidieran compartirse con otro acabarían probablemente siendo de conocimiento público, aun cuando la música de Walter ayuda a mantener cierta intimidad. A lo mejor en las mesas de Marisol se han fraguado crímenes por encargo, o se ha terminado de ultimar un plan maestro para desvalijar solapadamente a una repartición pública. ¿Cómo saberlo? No desconfiamos de la señora mayor que almuerza sola casi todos los días a eso de las tres de la tarde, y que a fuerza de acostumbramiento hemos terminado incluso saludándola con discreción. No desconfiamos de ella porque en estas mesas nos sentimos como en casa.

Walter, que es hijo de Marisol, nos ha hecho una promesa: instalar en la fachada una nueva pizarra con aquellos productos que los amigos pedimos a diario, y que poco a poco se han ido convirtiendo en un clásico del café. Llevan el sobrenombre con que entre nosotros nos identificamos: “Mono de Nieve” (jugo natural de naranja-plátano), “Cepillín” (quesillo, tomate y palta en molde tostado), “Café Galucha” (expreso doble cargado), “Oso Yogui” (jugo natural de naranja-zanahoria) y “Tío Jessie” (café cortado más fruta de la estación).

El día en que inauguremos esa nueva pizarra junto a Walter y Enrique, me encerraré a leer en una de sus mesas el ensayo de Antoni Martí que acabo de comprar, Poética del café, que en sus primeras páginas contiene una frase magnífica de Julio Camba: “Aunque muchos van al café para hablar de política o para jugar al dominó, los verdaderos hombres de café no van a eso ni a nada parecido. Van al café, y esto es todo. Van al café para estar en el café”.

7 Comentarios publicados
Posteado por:
gloria guzman grimaldi
02/10/2010 11:10
[ N° 1 ]

Saludos Francisco, fuimos asiduos al café Riquet en Valparaíso, sabemos que se va a reabrir,pero,no se si podrán recrear la atmósfera del viejo café,pasamos agradables tardes con mi marido y mi hijo Juan Manuel,por entonces de 4 años, quien no incomodaba a los mozos cuando se tiraba al suelo, no íbamos a ese lugar simplemente,por ir, era un lugar con historia,parte de ella fue subastada tiempo después, lo mejor, es que era un lugar para encontrarse,algo que como anhelo,tenemos todos los seres humanos.

Posteado por:
Eduardo Hurtado G
04/10/2010 12:46
[ N° 2 ]

Don Francisco, ahora tendrá cafe gratis para un año.

Posteado por:
Guillermo Rodolfo Leon Daguerressar Cruzat
04/10/2010 13:14
[ N° 3 ]

Estimado Francisco Mouat, junto con saludarlos, quisiera enviarles a todos los periodistas que trabajan para el diario el mercurio por ser creibles, y excelentes profecionales.

Hace ya casi mas de año y medio uds. me hicieron un reportaje para la revista del sabado, lo cual gracias a uds. me encuentro excelentemente bien.
Tanto economicamente como personalmente, no supe como o quien quien dirigirme para dejarles mis saludos.
En estos momentos me encuentro en Clemsa S.A Maquinarias, y me encantaria poder saludar al Sr. German y a la Srta. Leyla quienes fueron los que se pusieron en contacto conmigo.

Sin Mas que decir, me despido afectuosamente.

Atentamente.
Guillermo Daguerressar C.
Clemsa S.A.

Posteado por:
corso maltes dragosevic
04/10/2010 20:42
[ N° 4 ]

hola Francisco, los cafés son nuestros segundos hogares y no hacen sentir, por algunas horas, viajeros dentro de la ciudad que vivimos día a día, como estar dentro de un tren mirando hacia afuera el paisaje con detención a ratos, desenfocado en otros....

bueno si lees los comentarios. tengo Alicia en las ciudades (no es de dvd, es dvrip) así que si aún quieres una copia me avisas a titecalvo@yahoo.es

un abrazo

Posteado por:
Manuel Enrique Méndez Gómez
06/10/2010 17:13
[ N° 5 ]

Hola Francisco.
Por allá por los años setenta, los que somos de " Provincia" solíamos juntarnos con los amigos en algún bar compartiendo una copa o " Vaso" de vino.
Bueno, en esos años yo era un lolito, entonces mientras mis contertulios ( adultos) tomaban su buen vino yo lo hacía con café.
El pasar de los tiempos, estos se han convertido en una buena excusa para juntarse y charlar un rato, o para esperar a alguien, aún cuando a veces sabemos que nunca vendrá:

ESPERANDO UN CAFÉ

Hurgo en este espacio,
hasta encontrarte de nuevo,
donde estuviste antes…
¡ donde siempre te encuentro !

Conviertes en paisajes,
todos los lugares nuevos,
y en cada rincón que nace...
¡ contigo, son espacios abiertos !


En este sitio, hay esencias de ti,
y en una copa… ¡ tus besos !
y tu ausencia que veo venir,
¡ te convierte en recuerdo !

LEUNAM.

Saludos.

Posteado por:
Miguel Salas
10/12/2010 11:52
[ N° 6 ]

Tomando cafecito en horas de trabajo?

saludos

Posteado por:
Antonieta Rodríguez París
28/12/2010 21:06
[ N° 7 ]

Mientras estudié en Valparaíso me gustaba el café Riquet, aunque era caro para una estudiante. Ahora me encantan muchos otros cafés y solo para tomar un cortado y estar ahí. Compré el libro POETICA DEL CAFE y todavía lo estoy leyendo y disfrutando,por eso no te había escrito antes. Me gustan tus columnas,soy lectora asidua de tus textos.

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