
Un gran antropólogo definía a la nación moderna como una "comunidad imaginada". Imaginada, porque nunca todos nos hemos visto las caras y, sin embargo, tenemos una pertenencia común. Si aquello fue posible, primero, por el impreso que permitía comunicar más allá de la distancia de la voz, la televisión llevo esa imaginación a su expresión máxima, porque sin conocernos nos hemos visto las caras y hemos podido vivir simultáneamente una misma experiencia.
Esa misma experiencia no tiene nacionalidad. La podemos vivir con millones de personas alrededor del mundo. No obstante, la fuerza de lo nacional tiene una dimensión particular cuya explicación entre los estudiosos suele ser más bien peyorativa, mientras la gran mayoría de las personas la vive con pasión.
Lo que hemos vivido en estos días es, ante todo, una increíble experiencia humana. Por ello ha concitado la atención mundial. Es, además, una experiencia nacional. La forma en que la han vivido los propios mineros y el país ha tenido un sentido nacional arrollador. Tanto en el dolor –la imagen de la cueca a la bandera quedará como una de las grandes imágenes de la historia de Chile- como en la alegría, con esos reiterados "ceachei" gritados en la salida de cada uno desde la cápsula que lleva la bandera, lo ha demostrado.
Así como el sentimiento nacional ha producido tantos horrores en la historia cuando deviene en nacionalismo, puede construir una cohesión fortalecedora cuando no es "contra" otros sino "por" otros, que son sentidos y vividos como miembros de una misma comunidad. Aquello que llamamos sentimiento, porque es una emoción anterior a una razón, tiene un sustento en este caso, y en otros, profundamente político. Político en el sentido más clásico, que se define por el valor superior de lo público –lo comunitario- por sobre lo privado y lo individual.
Es radicalmente serio que esta tragedia se haya producido por una negligencia privada -que las instituciones públicas fueron negligentes en prevenir- y que haya sido la voluntad pública, finalmente política, la que logró revertirla. No se trata de contraponer lo privado con lo público; al contrario, se trata de rescatar –el término es literal en esta ocasión- el valor esencial de la política en la construcción del bien común.
La hazaña que hemos vivido es, antes que nada y por sobre todo, de los propios mineros que supieron sobrevivir. Vaya para ellos el mérito principal. Pero la sobrevivencia no habría podido sobrevivir sin la polis.
La vida que celebramos de cada uno de los 33 es también la vida que podemos celebrar de la política. Es la vida que debemos cuidar. Si no, la comunidad imaginada será solo una imaginación sin sustento para ser comunidad. Y la comunidad democrática sólo la construyen la política, el espacio del disenso y del encuentro, el espacio de la igualdad y de la siempre incierta construcción del bien común.
Esta es la historia de una tragedia con un final feliz. Queda para el futuro evitar la tragedia y queda cuidar el final feliz.
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Posteado por: roberto viera gonzalez 16/10/2010 09:34 [ N° 1 ] |
Y ... ¿Qué me dice usted de esta negligencia estatal? Una educación pública abandonada totalmente. Esta si que es tragedia. Hoy en El Mercurio sale en primera página: "Agresión a docentes se castigará con expulsión". ¡Por fin pasaron los 10 años de esta negligencia estatal absoluta! |
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Posteado por: rodrigo gonzález fernández 16/10/2010 11:57 [ N° 2 ] |
El gran revuelo que ha causado la hazaña reciente de los 33 mineros y el rescate ordenado con fuerza y liderazgo por el Presidente Sebastián Piñera fue motivado por la permanente búsqueda del Presidente de la República por lograr un mundo mejor para todos, basado en valores y de principìos , de responsabilidad ética y social apuntalado por garantías y seguridades dejando atrás ideologías rotas y las filosofías abandonadas ya por el pueblo de Chile Los ciudadanos en Chile, los mineros y autoridades posiblemente añoraban utopías y heroísmos y que sufría una crisis de ideales, pero que posee fe y seguridad en lo que emprende, se expresó en un mundo en que el enemigo y el amigo lucen los mismos colores y banderas. La bandera Chilena que los une. |
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Posteado por: Ricardo Corral Barrios 16/10/2010 16:25 [ N° 3 ] |
Más que una experiencia nacional diría que se trata de una lección de humanidad universal. |
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