
En el rescate exitoso de los treinta y tres mineros que quedaron atrapados bajo tierra durante más de dos meses, los responsables de primero encontrarlos y luego sacarlos con vida hicieron un gran trabajo. Magnífico que haya sucedido así. Lo contrario habría sido la representación del infierno en el subsuelo de una mina del norte chileno.
Esa es una parte de la historia. Otra es cómo se cuenta. Es más vendible, no hay duda, explorar el carácter emocional y épico del rescate de estos trabajadores que pudieron de algún modo renacer, después de haber vivido en la incertidumbre y la desesperanza e incluso el terror de morir antes de ser encontrados. Profundizar en las causas que provocaron el derrumbe no es asunto que vaya a ser borrado con la pericia de ingenieros, autoridades y rescatistas, pero tampoco es rentable desde el punto de vista de las comunicaciones. Sin duda vale más la pena, es un negocio más seguro, estrujar a las familias de los rescatados que vivieron la emoción inmensa y legítima de recuperar a sus parejas, hijos, padres, tíos, yernos, cuñados y abuelos.
El trabajo del ingeniero Sougarret (por nombrar a una de las cabezas del grupo de rescatistas), del ministro Golborne y de todos los que bajo su mando ayudaron a concretar el ascenso desde el subsuelo fue meritorio y puso de relieve la energía invertida en treinta y tres vidas humanas que, dicho sea de paso, no habían sido precisamente muy consideradas por los empresarios mineros que permitían la explotación de esta mina en condiciones riesgosas, y sin las fiscalizaciones adecuadas para garantizar, hasta donde fuera posible, que esas vidas no sufrieran accidentes evitables.
Se escucharon bocinazos el miércoles 13 de octubre, se improvisaron celebraciones con banderas en plazas, se insistió hasta la majadería en el simbolismo del número 33, se advirtió por un momento que el rescate de los trabajadores debía vivirse y entenderse como una fiesta nacional. Treinta y tres vidas humanas puestas a salvo después de setenta días sin saber qué iba a ocurrir con ellas. Uno hubiese preferido menos transmisiones con la adrenalina a mil y un poco más de reflexión y humanidad. Entiendo el desahogo del núcleo duro de esos treinta y tres hombres y de ellos mismos, por supuesto; entiendo la emoción de Sougarret, Golborne y su gente, que trabajaron duro y vieron recompensado su esfuerzo. Puedo entender también el alivio que deben haber sentido los propietarios de la mina al saber que su empresa no se convirtió en un cementerio, y vaya que estuvo cerca de serlo.
Lo que no entiendo demasiado bien, o no logro descifrar aún, es qué ocurriría con nosotros si no nos transmitieran en directo por radio y televisión los alcances de la operación rescate. ¿Es verdad que nos importa la vida y el destino de estos treinta y tres hombres? Tengo derecho a dudar. Yo creo que no. Antes de quedar encerrados en la mina por el derrumbe, yo apenas sabía algo de uno de ellos, Franklin Lobos, porque era futbolista y uno lo vio jugar.
Y no creo que mi caso sea una excepción. Nos alucina la fuerza de un ser humano expuesto a una situación límite, su capacidad para luchar, pero no creo que nos importe demasiado el destino de estos hombres que volvieron a la superficie de la Tierra. Nos despierta curiosidad saber qué harán ahora, cuántos de ellos regresarán a su vida de mineros y cuántos arrancarán a perderse antes de meterse nuevamente a un pique. Seguro será noticia cuando se cobre el cheque nominativo que les entregó a cada uno el millonario Farkas. También es noticia que salgan del hospital, la intriga sobre lo que registró en su bitácora el minero-escritor, y cuándo los fanáticos de la U recibirán su carnet de socios vitalicios y lleguen a conocer el complejo donde entrena el equipo de sus amores. Pero los vamos a olvidar. La televisión también los va a olvidar, y ya no se congregarán ciudadanos en la Plaza Italia para celebrar que están vivos. Los vamos a olvidar y hay dos maneras de decirlo: la vida sigue, o el show debe continuar. Usted elija. A mí me gusta más que la vida sigue. Que invertir en el rescate de los mineros fue un asunto de lesa humanidad, y que por eso fue importante, más que porque haya ocurrido en Chile. Que cada día tiene su afán. Y que esta mañana estoy un poco triste porque acabo de enterarme que el fin de semana pasado, cuando se preparaba la salida de los treinta y tres trabajadores, se murió Américo Grunwald, ese judío rumano que fue prisionero de los nazis en varios campos de concentración, que sobrevivió al Holocausto y se vino a Chile con su nueva esposa, se avecindó en Concepción y prometió hacer reír a lo menos a una persona todos los días de su vida para sanarse de sus traumas. Grunwald cumplió su palabra, hizo reír finalmente a miles, y murió a los 87 años en perfecto silencio mediático, como casi todo el mundo, como es normal y cotidiano que ocurra.
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Posteado por: Humberto del Pozo Lopez 23/10/2010 10:56 [ N° 1 ] |
El pasado es incomprensible y el presente insufrible mientras no reconozcamos los hechos. Porque la verdad está en los hechos. Y los hechos son que Pinochet ordenó vejar, asesinar y degollar a adversarios políticos que tenia presos o estaban totalmente indefensos, y hasta mucho tiempo después de haberlos vencido el 11 de septiembre de 1973, sólo para infundir el terror en los demás y así poder gobernar e imponer su voluntad a su antojo. Y lo hizo en connivencia con los dirigentes de la Derecha que gobernaron con él y lo apoyaron, muchos de los cuales están hoy en el Gobierno con Piñera, en el Congreso o siguen en el Poder Judicial que nada hizo para impedir o mitigar el horror. Entretanto no miremos a la cara a las víctimas y a sus familiares y los responsables, los cómplices, los encubridores y los que se hicieron los ‘ciegos’ y se beneficiaron de los horrendos crímenes no lloren sinceramente por su culpa y el horror y sigan sin hacer nada para reparar el daño infligido, y mientras no haya duelo sincero por las víctimas, no recuperaran su dignidad perdida ni podrá haber reconciliación, ni paz en el alma de las víctimas ni en el alma de los victimarios ni en el alma de sus descendientes...
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Posteado por: gloria guzman grimaldi 23/10/2010 11:36 [ N° 2 ] |
Todo se ha vuelto un "reality", independiente de lo trabajoso y noble del empeño que pusieron todos quienes rescataron a estas 33 almas de las entrañas de la tierra, somos partícipes,por que todos vamos por la vida pariendo algo; un sueño, un dolor,un proyecto etc. Y no esta mal que nos olvidemos de ellos, con todo, la vida de estas personas tiene que continuar con normalidad, de lo contrario sería como seguir enterrados. |
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Posteado por: Walter Serrano Serrano 23/10/2010 11:48 [ N° 3 ] |
Porque ahora saldrán muchos de nuestros representantes al extranjero, y eso puede pasar si no sabemos administrar el estar en el lugar de privilegio donde el destino nos ha ubicado. "Todo el mundo" ya vió por TV, en directo, todo lo que ocurrió; todos los medios del mundo ya hicieron sus análisis y comentaron con amplitud el hecho: Chile fantástico, su gente, su Presidente, los rescatistas, los mineros; todo bien merecido. Pero lo que viene ahora es muy importante: Qué hacemos con esa fama: O somos HÉROES BOBOS, que dondequiera que vamos corremos a contar la historia, aunque nadie pregunte, o aunque pregunten, (y agreguemos, mostrar el papelito, y repartir piedras de la mina), o somos HÉROES CON PUDOR, que evitamos referirnos a la historia, porque tenemos una pisca de modestia, de recato; y porque si no sentimos ese pudor, entendemos que ya TODOS, absolutamente TODOS, conocen la historia. En el extranjero hay gente muy educada: aplaudirán y felicitarán de todos modos, pero en fondo pensarán "QUÉ LATEROS, si no somos imbéciles, si esto lo vimos perfectamente". El héroe con pudor, tampoco se las da de sabio, ni para "dar cátedra" ni por sentirse superior a los demás. Hay mejores y peores que nosotros; y esa pisca de sentido común (que ni siquiera es inteligencia, sólo sentido común) contribuirá a mantenernos arriba y a ser respetados como un país que entiende y sabe controlar estas cosas y no busca EL APLAUSO O FELICITACIÓN FÁCIL. Es difícil mantenerse arriba. Ojalá seamos un país mejor sabiéndolo hacer. |
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Posteado por: Manuel Enrique Méndez Gómez 25/10/2010 14:15 [ N° 4 ] |
Sr. López... se equivocó de " Columna" parece... ¡ Qué lata !. |
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Posteado por: Diego Vargas Melo 25/10/2010 18:20 [ N° 5 ] |
Eeehh...viejito...eehhh... Humberto Nº 1... |
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Posteado por: José Gervacio Reyes 17/11/2010 22:09 [ N° 6 ] |
Tarde es mi comentario lo reconozco pero leí por ahí que el rescate de los mineros sirvió para que todo el mundo se enterara de lo pobre que es Chile y de las malas condiciones laborales existente, y creo que lo peor era ese feo campamento que se levantó improvisadamente y con una mujer falta de cultura llamada alcaldesa, peor retrato no podíamos haber enviado |
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