Francisco Mouat
Sábado 13 de Noviembre de 2010
Palabras alas


Francisco-Mouat-nueva.gif

En su bloc de notas escribió un día Kapuscinski algo parecido a un poema sobre las palabras. Forma parte de su libro El mundo de hoy y es probablemente uno de sus mejores textos: “Hallar la palabra certera / en plenitud de sus fuerzas / tranquila / que no caiga en la histeria /que no tenga fiebre / ni una depresión / digna de confianza / hallar la palabra pura / que no haya calumniado / que no haya denunciado / que no tomó parte en ninguna persecución / que nunca dijo que el blanco era negro / se puede tener esperanza / hallar palabras alas / que permitiesen / un milímetro siquiera / elevarse por encima de todo esto”.

“Palabras alas”, así las llama, que permitan elevarse, dice él, aunque sólo fuera “un milímetro por encima de todo esto”.

¿Qué es todo esto que se mueve a ras de piso, a la altura del suelo, que repta sin capacidad para volar según Kapuscinski? ¿La miseria que nos ocupa?

¿Existen realmente las palabras puras? ¿Desprovistas de condición humana? ¿En quién confío para ensayar una respuesta? Uno que supo trabajar prácticamente toda su vida junto a las palabras fue el escritor Elias Canetti. Reviso el índice de nombres y conceptos de sus Apuntes, y palabras sólo es superada en cantidad de referencias a lo largo del libro por muerte, Dios y animales.

Canetti: “Uno quisiera escribir tanto como sea necesario para que las palabras se presten vida unas a otras, y tan poco para poder tomarlas uno mismo en serio”.

Cuando pierdes el control de lo que dices, de lo que escribes, de las palabras publicadas, cuando no las tomas en serio, no puedes ser verdaderamente un escritor. Cuando las palabras que empleas son tu prisión y no la expresión de una búsqueda; cuando las palabras se parecen más a una sentencia que a un destello, no estás siendo fiel al oficio de artesano de la palabra. Mientras ellas continúen siendo un desafío para ti, un reto, un viaje sin pasaje de regreso, sin un puerto seguro al que aferrarse, una ruta que te enseñe a ocuparlas con cuidado y al mismo tiempo dándote el tiempo necesario para que produzcan ojalá todas las notas; entonces probablemente el camino de la escritura estará poblado de sentido y sabrá tender puentes que valgan el esfuerzo. Escribe Canetti: “Ya no hay palabras potentes. A veces se dice Dios sólo por pronunciar una palabra que alguna vez fue potente”.

Un amigo viene a mi taller porque no encuentra las palabras precisas para decir lo que hoy le quema las entrañas, lo que lo irrita, lo que ve claro como el agua, lo que le parece es justo advertir antes de que se consumen hechos que él, avizora, son fatales para su actividad. Yo, por más que trato, siento distinto a él. No me importa lo suficiente lo que a él sí parece importarle demasiado. No puedo escoger, por lo tanto, las palabras con las cuales decir su verdad. Como mucho puedo ayudarlo a ordenarlas. Suplantar a otro cuando se escribe sólo es posible si lo que está en juego es una ficción creada por uno mismo. No existe otro modo de suplantar en la escritura. Se trata de un engaño calculado, que a su vez cuenta con la complicidad del lector, que sabe que será engañado y acepta jugar el juego.

Le leo a mi amigo el poema de Kapuscinski en voz alta. No encuentro otra manera de estimularlo para que haga el esfuerzo de encontrar aquellas palabras alas que permitan a su texto elevarse un milímetro siquiera de todo esto y decir, por una vez, en forma clara, lo que piensa y le parece importante de lo que está sucediendo alrededor suyo.

Sigo adelante con Canetti: escribe sobre palabras que lleguen al corazón de los oyentes, sobre buenas palabras que lo hagan a uno “olvidarse de sí mismo, apaciguar su vanidad, su deseo de tener siempre razón, sus ansias de dominio, sus mil y un espejos”. Escribe Canetti sobre mantener vivos a los hombres con palabras: “¿Acaso no es esto ya casi como crearlos con palabras?”.

No te rindas, le digo a mi amigo. Y le muestro el volumen de Canetti, tapa dura, mil doscientas páginas. Cincuenta años de apuntes que hoy hacen posible traerlo de nuevo a la Tierra. El arte de la palabra en su máximo esplendor. Enciendo la luz y leo: “La jerarquía más punzante y despiadada es la del arte. No hay nada capaz de abolirla. Se basa en la expresión de experiencias que son reales e inevitables. En el arte todo está aún por suceder. No basta con tener algo o estar en algún sitio. Hay que mostrar cómo se hace algo, tiene que ser hecho”.

Mi amigo se lleva consigo un trozo de Canetti y unos versos de Kapuscinski. Son como la pistola que dispara el juez en el punto de partida de la competencia. Los corredores salen en busca de las palabras que los mantengan vivos.

2 Comentarios publicados
Posteado por:
Manuel Enrique Méndez Gómez
15/11/2010 12:38
[ N° 1 ]

Quizás a Mosciatti, en su discurso aludido semanas atrás, le hubiera anticipado una visita a tu taller.
Qué nos pasa a veces que alzamos culto a la palabra... y luego " palabreamos"?...

Posteado por:
Roxana Osses Zarate
17/11/2010 15:00
[ N° 2 ]

Cada fin de semana que llega la revista a mi, lo que primero busco son tus palabras. Generalmente las comento con mis amigos en la semana. Me encantan tus comentarios, especialmente "palabras alas". Ya hablo de ti como mi amigo Francisco Muat.

Felicitaciones

cuando leo tus palabras, me remontas a tus momentos.

Gracias por hacerlo

Email Contraseña

Archivo

      Mayo 2012     
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Los más comentados

Homosexualidad y dignidad

211 comentarios

Los verdaderos protagonistas

104 comentarios

Ese, no volverá

72 comentarios

¿Dónde estudiaste?

56 comentarios

El clero bajo sospecha

48 comentarios

Habla el padre Felipe Berríos: "Soy un cura feliz, por mucho que a algunos les moleste"

44 comentarios

Carta desde Burundi

43 comentarios

Los más recientes

Familias no tan diferentes

3 comentarios

Garfield

25 comentarios

Nuevas tecnologías, viejos pánicos

1 comentarios

Fuera de lugar

3 comentarios

El clero bajo sospecha

46 comentarios

Amor incondicional

4 comentarios

Pepito, el niño pícaro de nuestros cuentos

3 comentarios



  • Blogs de Revistas
Acceso a ediciòn impresa de El Mercurio Noticias online en Emol.com