
Vivir para trabajar es un completo despropósito. Una broma cruel que el sistema nos gasta. Un castigo que golpea al cuerpo (que se fatiga) y también al espíritu y la dignidad, si cabe separarlos. Nos ataca donde somos casi todos vulnerables: en la obligación que tenemos, mes a mes, de pagar las cuentas y satisfacer las necesidades elementales de pan, techo, abrigo, educación y esparcimiento.
Algunos privilegiados caen en la trampa: no les basta con cubrir lo esencial: les parece relevante consumir aquí y allá, vestirse a la moda, comer platos caros (no necesariamente buenos), pasearse por la agenda cultural y social que imponen los medios de masas y la publicidad, sentirse al día, en onda, sintonizados, seductores. ¿Cómo se explica la payasada de que en una ciudad como Santiago, atestada de vehículos y con serios problemas de estacionamiento, proliferen camionetas de última generación que parecen camiones conducidas por ciudadanos y ciudadanas que van por el mundo de ganadores?
En mi caso, por formación o por costumbre he vivido alejado de la opulencia (agradezco no ser rico en este planeta salvaje) tratando de conectarme con otros asuntos que supongo interesan a la mayoría de los vivos: querer y ser querido, reír de buena gana y especialmente de uno mismo, descansar cuando estamos agotados, disfrutar el sexo, tomarse un café o un pisco sour con gente agradable. Me interesa también el amor al arte y por supuesto la literatura.
Lo digo con convicción pero al paso, para que no se tome como un deber sino como un placer complementario al otro gran deseo enunciado por el poeta de Viña: “Protégeme, Dios mío, del sentido pedagógico y deja que cada día me sorprenda viendo pasar –sin estilo– el viento por la esquina”.
Creo que algo más o menos así era lo que yo quería aquel día en que, con pasmosa tranquilidad, pensaba sentado en mi escritorio de asalariado, horas después de presentar mi renuncia indeclinable al trabajo que me había mantenido bien ocupado los últimos diez años de mi vida, cuál era el mejor oficio del mundo: yo quería apuntarme en él. Algunos, que saben que prefiero vivir que trabajar, me decían medio en serio medio en broma que fuera asesor. No sonaba mal. La responsabilidad en la ejecución no recae sobre uno, y nuestro radio de acción se desenvuelve en el plano de las ideas. Pero asesor de qué. Para ser asesor de algo tienes que forzosamente opinar sobre las cosas y tiene que haber alguien que le dé crédito -dentro del sistema, que a fin de cuentas es el que paga las asesorías- a tus puntos de vista, lo que no era el caso. Yo pensaba que podía ser profesor universitario en el campo del periodismo y las letras, pero es un hecho que los espacios de la Academia con mayúsculas, tanto en la docencia como en la investigación, no escapan al espíritu de competencia y mercado que anima hoy al mundo, y del que yo quería arrancar a perderme.
Quiso la Providencia que en ese momento ingresara a mi oficina un amigo fotógrafo, recién enterado de mi renuncia, para preguntarme qué iba a hacer, cómo me iba a ganar los porotos. Y le contesté que en eso estaba: discurriendo cuál era el mejor trabajo del mundo, porque ahí me quería anotar. Y él me dijo: dirige un taller literario. Puse cara de sorpresa, porque no se me había pasado por la cabeza una cosa así, y le pregunté si de verdad creía que yo podía hacer uno, si habría talleristas interesados, y si la experiencia sería capaz de retenerme en el tiempo.
Leer y escribir, transmitir mi entusiasmo por la lectura y la escritura, escuchar historias, tomarle el pulso cotidianamente a un puñado de ciudadanos que compartieran ese gusto y esa pasión, empezó poco a poco a parecerme no sólo una buena idea, sino una espléndida oportunidad.
Han pasado tres años y medio desde esa tarde en que mi amigo Somalo disparó una flecha directo al blanco. Tres años y medio en los que, sin exagerar un ápice, digo responsablemente que en verdad encontré –no pudiendo entonces sospechar ni imaginar– el mejor trabajo del mundo. Llegué a tener enfrente mío, revueltos en el computador, los originales de un libro de más de cien autores y muchísimas páginas que aparecerá en diciembre. El valor literario de estos escritos no es lo fundamental. Procuramos por supuesto que entre ellos haya cuidado y belleza. Que se cuenten historias. Que se pongan palabras en movimiento. Cada lector que pase por estos textos decidirá qué hace con ellos, cuánto y cómo los pondera. Lo que yo no puedo callar en este momento estelar en que escribo estas líneas, antes de que este libro se vaya a imprenta y lo celebremos como se merece, es el privilegio y la gratitud de haber encontrado junto a estos talleristas (los que estuvieron y los que están) un modo de vivir y una filosofía que hacía mucho tiempo anhelaba.
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Posteado por: ximena torres castro 27/11/2010 11:37 [ N° 1 ] |
Muy Muy buenooo...leo todos los sabado tu columna, es lo primero a lo que me dirijo en la revista, porque siempre me he sentido tan identificada con la vision de las cosas que alli refleja. Tienes el talento de poder usar las palabras, en forma tan aguda, que llega alma !!!Felicitaciones por tu decision.Escribo esto mientras miro el mar ! |
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Posteado por: Julio Valenzuela Ruiz 27/11/2010 12:04 [ N° 2 ] |
Desde los tiempos de "El Mirador" que me detengo a oír lo que Mouat va a decir o a escribir. |
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Posteado por: Emilio Oyarzo 27/11/2010 12:19 [ N° 3 ] |
Genial, me hiciste pensar en todo el tiempo invertido en estudiar algo que sea competitivo y rinda el dinero suficiente para sentirse una persona sin necesidades o todos los sacrificios realizados para alcanzar un lugar que a juicio propio valga la pena... no me enojo si tengo un quiebre como el tuyo para elegir por mi futuro, un abrazo |
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Posteado por: Rodolfo Nolberto Cabello Ramírez 27/11/2010 12:30 [ N° 4 ] |
Yo también sigo desde chico lo que Pancho Mouat decía en "El Mirador"... hoy soy profesional de la Prensa en mi querida Linares, Región del Maule... acá se vive eso de que cada día te sorprenda... y tenemos "VIDA", pese a los deberes del trabajo.¿Cómo encontrar |
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Posteado por: Eduardo Gustavo Fuentealba Rodrìguez 27/11/2010 16:35 [ N° 5 ] |
Todo trabajo es digno mientras quiènes lo proporcionan protegen màs al trabajador que a sus propios intereses. Por eso vale el dicho que dice: " HAY QUE TRABAJAR PARA VIVIR, NO VIVIR PARA TRABAJAR ". |
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Posteado por: Mario Ravello R. 27/11/2010 17:08 [ N° 6 ] |
De hecho existe una verdaderara,próspera y siempre creciente legión de seudo-intelectuales poseedores de un verdadero talento de charlatan que han descubierto que explotando dicho don,se puede parasitar a expensas del pueblo. |
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Posteado por: Sergio Labarca Maturana 27/11/2010 17:42 [ N° 7 ] |
ANTES DE ESCRIBIR HAY QUE HACER Si no has hecho lo suficiente en tu vida para que merezca que unos cuantos jeroglíficos que hayas inscritos sean considerados como mensaje de vida –con suerte- en algunos milenios más, serán descifrados: La civilización ha cambiado: los alfabetizados al no comprender lectura menos pueden escribir sus emociones: escribir es una cuestión para proyectarse al futuro para que alguien de los próximos treinta mil años encuentre una frase que les llame la atención: los dinosaurios, primates y el hombre, seres mamíferos iguales a los perros, en constante evolución biológica no hacían diferencia. Los que he socorrido en las calles protegiéndolos en nuestro www.refugiocachorritoserroy-3.blogspot.com son de nuestra especie: mamíferos hermanos de clase. Escribir para tu propio ego: sentirte que pudiste liberarte del pandemónium de pensamientos que sin volatizarlos tan fácilmente, al traspasarlos a través del teclado, aunque dificultosamente el intento vale para relajar tu mente: su hermana –la más preciosa que en la creación allá visualizado- ¡ensueño que aunque que sea por un efímero instante contemplarla la calma me ha inducido al sueño profundo! Que al soñar despierto, al dormir soñando no sé si estoy aleteando en alas de pajaritos en la selva del sur o en Santiago de Chile; que aún no he despertado para seguir escribiendo... Escuchar el sonido o la música de la naturaleza que me rodea es una satisfacción placentera: el clamor de los pajaritos llamando a las hembras; pero cuando percibo el aullido de los perros de la comarca campestre donde disfruto la naturaleza plena: sentimientos se ¡profundizan!
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Posteado por: Andrés Gabriel O´Ryan Cristi 27/11/2010 17:47 [ N° 8 ] |
Un gran sabio dijo que deberíamos trabajar solo 4 ó 5 horas diarias , porque la vida Dios la hizo para DISFRUTARLA. Atte. Andrés O´Ryan |
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Posteado por: Lino Disi Pavlic 27/11/2010 19:37 [ N° 9 ] |
Hay pocas cosa tan peligrosas como los intelectuales pretenciosos. Hasta cuando van a seguir escribiendo en miras de hacer sentir culpables a los que no tienen la capacidad de darse cuenta que NO HAY UN ESTATUTO DEONTOLOGICO DEL VIVIR AUTENTICO. Vayan a buscar sus propias respuestas. |
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Posteado por: GABRIEL OSORIO OZU 27/11/2010 20:36 [ N° 10 ] |
La hebefrenia en su máxima expresión. |
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Posteado por: Felipe Molina Muñoz 27/11/2010 20:48 [ N° 11 ] |
Sr. Moat, frente a su columna de éste día, sólo puedo llamarlo... M A E S T R O |
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Posteado por: Francesco Gandolini Ambrosoli 27/11/2010 23:17 [ N° 12 ] |
El mejor trabajo del mundo es hacer tu trabajo en forma eficiente y responsable y sentirte bien y útil al respecto. |
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Posteado por: Raúl Paci Jessen 28/11/2010 01:27 [ N° 13 ] |
"Ganarás el pan con el sudor de tu frente"; eso es, es muy sencillo, en la Vida nada es gratis, ni siquierqa el aire que respiramos, que así como vamos, tendremos que concretamente pagar por él, plantando por ej. cada ser humano un arbol y ¡ oh ' paradoja, solucionaríamos el problema de los gases en exceso. |
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Posteado por: Macarena Pérez de Castro Montero 28/11/2010 11:01 [ N° 14 ] |
No sé si compartir literatura sea el mejor trabajo del mundo... sin embargo, creo que es uno muy bueno. Este año realicé dos talleres de lectura (uno en inglés y el otro en español), en los cuales leíamos y discutíamos (a veces, acaloradamente) en torno a la palabra escrita y a su autor. Fue una experiencia, cercana, a lo mejor que he hecho a nivel laboral en mi vida. Y he hecho muchas cosas, de la más variada índole. Así es que puedo entender tu sensación de plenitud y de haber llegado al lugar buscado por tanto tiempo. Saludos. |
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Posteado por: Hector Eduardo Montaner Lucero 28/11/2010 12:09 [ N° 15 ] |
Concuerdo con usted señor Muat, pero me doy la importancia de sugerirle un tema próximo que tiene que ver con una palabra conceptualizada difícil de tocar por este tiempo que la "opulencia". Yo de iguál manera he vivido bajo aquella forma de vivir y agradesco de no ser un rico mas de este pai, pero creo que para mucha gente en Chile puedo o soy afortunado por una casa y un trabajo estable. |
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Posteado por: Miguel Schapira Schapira 29/11/2010 13:23 [ N° 16 ] |
Gracias por sus inteligentes y sensibles artículos. Soy periodista y "escribidor" en mis ratos libres. Me gustaría participar en alguno de los talleres que usted anima. ¿Cómo hacer para para sumarme a ellos? |
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Posteado por: Miguel Alejandro Guerrero Fuentealba 30/11/2010 18:15 [ N° 17 ] |
Excelente la columna!! Hace tiempo no leía algo así. |
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