Francisco Mouat
Sábado 22 de Enero de 2011
Manual del distraído


Francisco-Mouat-nueva.gif

Tengo cerca de cincuenta años. He vivido algo, puede decirse. En el conjunto de la historia de la humanidad, no soy más que una muestra microscópica de polvo, si es que. Pero visto en forma aislada y con detenimiento, soy algo más, igual que cualquiera de nosotros: un planeta pequeño con nombre propio, un día y una hora de nacimiento, un tiempo de existencia, una fecha de expiración que no puedo ni quiero anticipar.

El tiempo envejece sin prisa y sin pausa, y mientras transcurre verifico cómo se van diluyendo mis ambiciones remotas. Empiezo a vivir cada vez más distraído. Anhelo días distraídos, sin propósitos claros, nítidos. Una leve idea en el horizonte es más que suficiente; un destello, la aparición fugaz de una emoción que me recuerde que no estoy completamente dormido.

El otro día, en el rito cada vez más relevante del café conversado en un boliche con la Solcita al arrancar la mañana, le decía cómo me gustan los días a los cuales llamo en esta página distraídos. Aquellas jornadas en que no hay un objetivo que cumplir, y donde no habría nada que hacer necesariamente. Yo quiero que mi vida sea decorosa, idealmente digna, no demasiado activa; no aspiro a más. Yo quiero días distraídos. No aspiro a la felicidad total, ni al desasosiego permanente, ni al libro estelar, ni a la absurda trascendencia, mucho menos al éxito o el fracaso, dicotomía perversa que nos convierte en unas máquinas aborrecibles. Si he de angustiarme en un momento, quiero encontrar puertas de escape en el fondo de mí mismo. ¿Pedir ayuda? Por supuesto. Si tengo la dicha de disfrutar, quiero encontrar cómo y a quién agradecérselo. ¿Carecer de objetivos claros en la vida me convierte en un pusilánime? ¿O esta carencia es una manera de mitigar el vacío que nos acompaña cuando tenemos conciencia de sabernos derrotados pero aún vivos?

Con un amigo discurríamos el otro día cuáles serían nuestras diez palabras favoritas. O las más bellas y sugerentes. Alcanzamos a nombrar cuatro o cinco en las dos horas que estuvimos juntos: libertad, miedo, amor, furia, belleza. Ahora que lo pienso, agregaría correspondencia, contradicción, caos, sol, lluvia, tierra, aire, fuego, ocio, y dentro del ocio la palabra distraído.

Entre mis libros favoritos, hay uno de Alejandro Rossi que se llama Manual del distraído. La sola presencia de la palabra distraído en el título enaltece al libro. Como advierte el propio Rossi en la primera página, no hay limitaciones de género en él, lo que lo convierte de paso en el libro ideal o perfecto: “Ensayos canónicos y ensayos que se parecen a una narración, narraciones ensayísticas y narraciones cuyo único afán es contar una pequeña historia. Reflexiones brevísimas, confesiones rápidas y recuerdos. Un libro que huye de los rigores didácticos y que fervorosamente cree en los sustantivos, en los verbos y en los ritmos de las frases. Un libro que expresa mi gusto por el juego, por la moral, por la amistad y, sobre todo, por la literatura”. Con una solicitud final al lector, que también podría ser una súplica, y que es el deseo de cualquier escritor verdadero: “Léelo, si es posible, como yo lo escribí: sin planes, sin pretensiones cósmicas, con amor al detalle”.

El amor al detalle que menciona Rossi ayuda a entender la distracción de la que hablo. Detalles que hacen la diferencia entre un día aplanado por las horas y el calor y las obligaciones que nos imponen, y un día en que distraídamente nos encontramos en la puerta del ascensor con una joven doctora en filosofía a la que nunca antes habíamos visto y con la que inmediatamente intercambiamos libros.

Este párrafo pensaba seguir reflexionando sobre el amor al detalle, cuando un amigo me acaba de enviar un correo desde Montevideo con el video de la canción Amigo lindo del alma, de Eduardo Mateo. Escucho ahora mismo esta versión interpretada por Rubén Rada, Hugo Fattoruso y Jaime Roos y me conecto con mi amigo lindo del alma que está en Montevideo, y que estará allí todo el verano, hasta fines de marzo, cumpliendo el sueño de vivir tres meses en Uruguay, distraídamente. Mi amigo lindo del alma no tiene aún ni treinta años, ha vivido todavía menos que yo, es otra muestra microscópica de polvo en la historia de la humanidad, y sin embargo cómo pesa en la vida mía de todos los días.

Pesa sin pesar, no se convierte en una carga. Él tal vez lo sabe, aunque no se lo he dicho expresamente, pero su amistad –que no tiene un rumbo, pero que está ahí, al alcance de uno, ¿hay otra medida posible para la amistad– es un soplo de viento fresco, una brisa en medio del calor del verano, un motivo para figurar entre las mejores palabras de la vida que apunto esta mañana, distraídamente.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
gregorio saez fuentealba
23/01/2011 14:36
[ N° 1 ]

Espero tus columnas cada sábado porque ma interpretan cabalmente.Esta especialmente me llegó profundamente.En mis años de jubilación,he disfrutado vivir sin objetivos.Leer un libro nuevo,releer otro que leí en mi juventud,escuchar el silencio,caminar sin rumbo.Converso con mi amigo de años y lo disfruto más que antes.

Posteado por:
Raquel Ramirez Vidal
23/01/2011 17:57
[ N° 2 ]

También me gustan los dias distraidos para " no hacer nada " mientras busco en Internet un nuevo cantante de fados, o recorro mi pequeño jardin, mientras me como,lentamente una bella manzana.
Siempre leo las columnas de Francisco Mouat; y en esta, a la lista de palabras sugerentes,añadiria sin dudarlo, la palabra poesia.

Posteado por:
Verónica Paz Cifuentes Alarcón
25/01/2011 10:58
[ N° 3 ]

Siempre leí tus columnas cada sábado en la Revista. Hace un año que ya no vivo en Chile y las sigo leyendo, pero por internet. Me sigue gustando a la manera "tradicional". Imperdibles me parecen tus reflexiones, transversales, sensibles, cotidianas. Para todo aquel que disfrute de la vida, de sus grandezas y pequeñeces. Felicitaciones!!

Email Contraseña

Archivo

      Mayo 2012     
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Los más comentados

Homosexualidad y dignidad

211 comentarios

Los verdaderos protagonistas

104 comentarios

Ese, no volverá

72 comentarios

¿Dónde estudiaste?

56 comentarios

El clero bajo sospecha

48 comentarios

Habla el padre Felipe Berríos: "Soy un cura feliz, por mucho que a algunos les moleste"

44 comentarios

Carta desde Burundi

43 comentarios

Los más recientes

De la indignación al compromiso consciente

1 comentarios

Artesanos

0 comentarios

Paco Goldman, feliz en Buenos Aires

0 comentarios

No abandonarse a sí mismo

3 comentarios

Macedonio

4 comentarios

Hay vida, muchacho

0 comentarios

José Mindlin

2 comentarios



  • Blogs de Revistas
Acceso a ediciòn impresa de El Mercurio Noticias online en Emol.com