Yoani Sánchez
Sábado 16 de Abril de 2011
Pepito, el niño pícaro de nuestros cuentos


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La risa, el choteo y la guasa han sido terapias colectivas en esta Isla donde la frustración y la inconformidad se exorcizan a base de humor. Nos reímos de nosotros mismos y eso es saludable, pero también lanzamos los dardos de la broma contra quienes nos gobiernan, acto que hacemos la mayor parte de las veces en la intimidad de la familia o en el cerrado círculo de los amigos. Ponemos apodos, buscamos similitudes burlescas entre una figura pública y otra, acopiamos chistes y soltamos la carcajada en un gesto a veces más triste que alegre. En fin, que nos desternillamos de la risa teniendo mayores motivos para llorar que para estar contentos.

Esa tendencia nacional a la jarana, se ha concretado en el personaje de un niño pequeño, eterno escolar de preguntas incómodas. Pepito, la figura principal de muchos de nuestros cuentos satíricos, tiene la lengua afilada y los bolsillos rotos. Sus historias circulan en la clandestinidad, se esparcen de boca en boca y cada cual le agrega un detalle más, una pizca de pimienta a las andanzas de este pilluelo. Desde que tengo uso de razón estoy oyendo hablar de un chiquillo que protagoniza casi todas nuestras bromas. Pepito viajó a la Luna cuando la Unión Soviética y Cuba lanzaron su primera misión conjunta al espacio, estuvo junto al Papa Juan Pablo II durante su visita a La Habana y jura haber entrado al secreto búnker donde pasó su convalecencia Fidel Castro. Ha estado en todas partes y en ninguna.

La fuerza de este infante terrible está dada por su capacidad de decir aquello que pensamos pero no nos atrevemos a verbalizar. Pepito es Cuba, pero sin máscaras, sin doble moral, sin simulación. Sus anécdotas recogen las penurias cotidianas, las largas colas, la premisa más extendida del mercado racionado “hay pero no te toca, o te toca pero no hay”. Con ironía, el niño pícaro de nuestros cuentos nos advirtió de la sombra osuna que se proyectaba desde el Kremlin, fue balsero cruzando el estrecho de la Florida acompañado de tiburones y se burló de la lagartija que su madre le ponía en el plato durante los años más difíciles del Período Especial. Nada hubiera sido igual sin Pepito. Sin su presencia los momentos peliagudos habrían tenido un tinte más dramático. Recordamos aquella historia de su visita al infierno donde comprobaba que, como en el socialismo cubano, el aceite hirviente escaseaba, las máquinas para pinchar no tenían piezas de repuesto y los demonios dormían la siesta en horario de trabajo. También estuvo tocando las puertas del cielo, pero San Pedro se negó a abrirle argumentando que si dejaba entrar a ese diminuto cubano, después el consulado celestial reventaría de solicitudes. Pepito se ha burlado de lo más doloroso que tenemos y, sin embargo, ¡cuánto nos gustan sus gracias!

Justo cuando pensábamos que este escolar de salidas imprevistas iba a acompañarnos para siempre, Pepito empezó a languidecer. Sus chistes se hicieron espaciados, sus bromas dejaron de renovarse y en las calles sólo se escuchaban sus viejos cuentos readaptados al momento. Surgieron entonces las teorías, también burlescas, sobre lo que le estaba ocurriendo al infante incisivo que se había reído tanto en las buenas como en las malas. ¿El humor nacional había comenzado a secarse? ¿Ya no había motivos ni siquiera para bromear? Llegaron entonces los chistes argumentando que Pepito había sido detenido por delitos de lesa hilaridad, que finalmente la larga mano de la censura había cerrado su boca o que había decidido trasladar sus bromas al exilio. Pero muchos sabíamos que su extinción estaba dada por algo más trágico: el efecto de la prolongada angustia estaba haciendo mella en nuestro humor, las dificultades cotidianas, nos estaban impidiendo levantar vuelo con el sarcasmo.

En estos tiempos que corren se ha vuelto difícil escuchar alguna historia de Pepito y echamos de menos sus corrosivos cuentos. Cada día me despierto pensando que regresará, que la broma se instalará de nuevo en nuestras vidas, en la forma de un niño revoltoso que no respeta a nada ni a nadie.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
rodrigo gonzalez fernandez
16/04/2011 11:18
[ N° 1 ]

Cuesta creer, en los tiempos actuales, la forma de vida del pueblo Cubano, sometido por la dictadura de los Castro y otros. Sin embargo, ese pueblo no ha tenido la capacidad de organizarse, de rebelarse e ir en busca de mayores libertades.
www.el-observatorio-politico.blogspot.com

Posteado por:
Ivan Perez Gutierrez
16/04/2011 11:22
[ N° 2 ]

Me tinca que Pepito se aburrió de esperar que los cubanos adultos hicieran algo concreto y no seguieran toda la vida contando chistes fomes. Ya tiene guata y barba y anda perdido en algún Hotel para extranjeros tratando de saber como es la vida en países libres, con ciudadanos menos chistosos pero más exigentes con ellos mismos.

Posteado por:
Gerardo Bilbao
16/04/2011 19:03
[ N° 3 ]

Es que a "Pepito" hace mucho tiempo que lo llaman por su apellido solamente, el es de apellido "Chaquetero" por si no lo sabian.

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