
Jorge Coaguila me envía desde Perú un documental sobre Julio Ramón Ribeyro, que debiera ser materia obligada en colegios de la plaza durante los últimos años de enseñanza media. En clases de Lenguaje, además del Quijote, Kafka, García Márquez y Nicanor Parra, por citar algunos ineludibles, habría que también leer ciertos cuentos de Ribeyro, luego aprenderse de memoria una parte al menos de sus Prosas apátridas, y después sentarse a ver este sencillo corto de veinticinco minutos donde distintos entrevistados van contando aspectos esenciales de su vida y su literatura.
Hay un término empleado en la película por su amigo Guillermo Niño de Guzmán que me parece extraordinario: escala técnica. Después de escucharlo y saber en qué consiste, tendríamos que integrarlo a nuestras vidas sin transar un ápice su ejecución permanente. La escala técnica de Ribeyro y sus amigos no tiene nada que ver, por supuesto, con aviones ni aeropuertos, y se concretaba cada mediodía de sábado a comienzos de los años noventa, cuando Antonio Cisneros, Fernando Ampuero y el propio Niño de Guzmán lo pasaban a buscar en bicicleta para ir por el Malecón a Chorrillos, y de vuelta hacer una parada que ellos llamaban escala técnica en la bodega de un vasco que a Julio Ramón le fascinaba, especialmente aquella terraza donde se sentaban a descansar y a picar un poco de tortilla de papas, jamón serrano, habitualmente una copa de jerez, cuando no vino tinto o cerveza, antes de irse a casa.
Los que convivieron durante esos años con Ribeyro, los últimos de su vida, aseguran que fueron quizás los más felices, justo antes de que los dolores de su cáncer le quitaran la posibilidad de gozar como a él le gustaba. Alcanzó a recuperar la ciudad de su infancia y juventud, los afectos, y se encontró con lectores jóvenes y renovados que seguían a su literatura con avidez, como un animal sigue a su presa para alimentarse con ella: “Cada vez le doy más parte al placer en mi vida: el placer de beber, el placer de fumar, el placer de comer y el placer de amar”.
Escala técnica. ¿No es acaso la vida nuestra algo parecido a una escala técnica por el planeta Tierra en la que, si la suerte nos favorece, gozaremos un rato antes de emprender vuelo directo a la nada? Se me aprieta el estómago y también el alma cuando pienso en la inevitable extinción de todos y cada uno de nosotros. No soy capaz de contener una pregunta tan vasta y demoledora. ¿Dónde están mis amigos, mi familia, mis afectos que ya no viven físicamente entre nosotros? No me canso de interrogarlos.
La escala técnica que nos propone Ribeyro es una parada necesaria y tan ineludible como la muerte: a cargar combustible, a ejercitar el cariño, a vivir la detención como ejercicio vital. Deberíamos propiciar el día de los bares, los cafés y las bodegas de los vascos en el calendario todas las semanas, a la manera de Ribeyro. Una cosa sencilla, como es casi todo lo mejor: simple, desprovisto de boato, sin aspaviento ni alharaca, sin violencia, sin un lenguaje que lo proclame imperativamente y lo haga oficial; delicado, a fin de cuentas. Se trataría, como en la literatura de Ribeyro, de darle palabra al mudo, al que está acostumbrado a que su voz no exista o no sea escuchada por el poderoso y el charlatán.
Es durante la escala técnica que nos miramos a los ojos para decirnos cosas que importen. Fue en esa terraza limeña donde unos amigos hacían un alto en el camino junto a sus bicicletas para pedalear la amistad.
Levanto mi taza de café esta mañana y bebo a tu salud, Ribeyro. Prometo delante de tus libros serle fiel al concepto que acuñaste. A esa escala técnica que, si le creemos a los que iban contigo, te hacía feliz. ¿Leíste el verso en que Wislawa Szymborska dice: “Que no se enoje la felicidad, por considerarla mía”?
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Posteado por: Gilda Bilbao Villegas 28/05/2011 12:10 [ N° 1 ] |
Francisco hace mucho tiempo que leo tu columna y también hace tiempo que quería agradecer cada una de tus reflexiones, tan sabias, profundas, pero expresadas con una simpleza que me conmueve cada sábado. Comparto contigo la importancia del disfrute vital a cada momento, mientras sea posible....del mismo modo me pregunto por nuestra muerte y el olvido...gracias por dar luz donde a veces hay sombra y por recordarnos nuestras infinitas posibilidades y límites... |
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Posteado por: María Ines Amenábar Christensen 28/05/2011 12:30 [ N° 2 ] |
Sin escalas técnicas la vida podría parecerse a un páramo,sí, tal cual. Cómo escribía una periodista argentina ,hace pocos días atrás :"aterrador"... |
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Posteado por: jorge garcÃa cazenve 30/05/2011 00:36 [ N° 3 ] |
Frsncidco.-muy estimulante tu columna,sólo dos cogollos en palabras de julito martínez: 1.-como desear que los momentos mágicos de la escala técnica,como a lectura y la conversación estimulante,perduren.- |
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Posteado por: claudia patricia sgombich pèrez 30/05/2011 08:52 [ N° 4 ] |
hola francisco,no puedo más que sentirme plenamente identificada y una abanderada de la Escala Técnica de Julio Ramón Ribeyro y Cía; y me encanta que la traigas a tu artículo porque reafirma la fuerza poderosa que constituye la amistad y que a mi parecer tenemos que conservar latiendo cada día de nuestra existencia porque nos hace humanos de nuevo,nos hace sentirnos vivos,felices,útiles,formando parte de un todo desde la perspectiva de una reunión con tus "comadres" (en mi caso) y con tus "compadres" (en el tuyo)donde el tiempo se hace infinito,la entrega fluye y el placer de compatir te hace ser mejor persona. |
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