Francisco Mouat
Sábado 11 de Junio de 2011
No sé gritar


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Releo a Ryszard Kapuscinski: Ébano, La guerra del fútbol, El mundo de hoy, su Poesía completa. ¿Qué puede importar que sus recuerdos reescriban la realidad y no sean completamente fieles a lo sucedido tantos años atrás? ¿Acaso el África soleada, colorida y pobre que narra en Ébano no es verdadera? ¿El Chile siútico que encontró en los barrios más pitucos de Santiago cuando vino por primera vez a este país, en 1967, tendría que sonarnos extraño y ajeno? En ese viaje a Chile, Kapuscinski tuvo que arrendar un departamento amoblado y caro en Providencia y se espantó del inventario que acompañaba el contrato de arriendo: un legajo de páginas que le hizo firmar la dueña, una mujer enpantuflada, asegurándole que la infinitud de objetos inútiles que había allí, “absurdas chucherías, gatitos, figurillas, platillos, tapetitos, cuadritos, jarroncitos, pajaritos de cristal, de felpa, de latón”, eran “objetos bellos, conmovedores y de un valor incalculable”. Kapuscinski venía de haber estado años conviviendo con los africanos y sus carencias, que como gran fortuna tenían un azadón de madera en sus casas, y se sentía aplastado y desanimado por este almacén de trastos en que le había tocado vivir. Sospecho que en estos más de cuarenta años la costumbre barroca de coleccionar cachivaches y objetos inútiles (se siguen regalando chucherías, especialmente en los matrimonios) no ha desaparecido en absoluto. Uno ha entrado a departamentos y casas que parecen museos o anticuarios y que tienen un efecto abrumador sobre el espíritu, intimidante incluso. Esos objetos pareciera que gritaran, como si nuestra presencia los animara a convertirse en terroríficos espíritus poseídos dispuestos a arrancarnos la piel de un zarpazo.

En la última etapa de su vida, el polaco escribió un poema titulado L’Ampolla 24.01.2006, después de visitar aquel pequeño pueblo catalán de poco más de tres mil habitantes: “Sobre mí un cielo cubierto/ enfrente un paseo con palmeras/ algo más lejos la bahía/ un pescador inclinado desenmaraña las redes/ el mar encerrado en sí mismo/ callado y gris/ Un restaurante/ El camarero sirve vino tinto/ las calles vacías/ apenas si pasa algún coche/ (“en la calle, en el coche, tomo nota para no perder nada” –Czeslaw Milosz)”. Kapuscinski empezaba a despedirse del mundo. Otro de sus últimos poemas, a la vena: “Al final/ todos nos encontraremos/ sin intercambiar palabras/ sin intercambiar miradas/ ni gestos/ a pesar de que desde entonces/ ya para siempre/ estaremos juntos”.

Kapuscinski fue un escritor de textos sin apellido. Cuando le preguntaban qué escribía, ¿crónicas, reportajes, novelas, cuentos, ensayos?, él se limitaba a decir: un texto. Un texto que ojalá fuera bueno, porque todo escritor deseaba que sus textos fueran buenos. Con un agregado decisivo: siempre intentó hablar con su propia voz: “Una voz personal, amortiguada. No sé gritar”.

En esa falta de énfasis, en la ausencia de estridencia, en su disposición permanente a confiar en sus propios sentidos, en la valoración del otro como protagonista de su propia vida, radica –creo– buena parte de lo mejor de la literatura de este polaco que seguirá traduciéndose y leyéndose por quién sabe cuánto tiempo más.

No sé gritar, escribió Kapuscinski. Tiene que ser verdad. Lo conocí en Buenos Aires, durante un taller para periodistas y escritores latinoamericanos. Hablaba en voz baja. No era particularmente histriónico, pero se sentía en la sala el peso de su testimonio. Que no supiera gritar lo considero un halago tremendo en estos tiempos en que la estridencia, la sonajera, el ruido y la voz del más fuerte se cotizan a alto precio. Vivir a gritos, violentamente para no perder el puesto en el campo de batalla, es uno de los grandes fracasos del hombre de todos los tiempos. Kapuscinski se restó a ese juego, y sin embargo su voz se escucha nítida en el paisaje de sus lectores. Él sabía que los días perdidos no se iban a recuperar, y por eso vivía intensamente, pero sin gritar.

Cada vez que grito, donde sea que lo haga, siento que fracaso profundamente.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Fernando Sánchez-Avila
11/06/2011 13:27
[ N° 1 ]

Mientras leo tu columna en el silencio de mi parcela, no dejo de asombrarme la sincronía de tus reflexiones a partir de Kapuscinski con mis divagaciones en estos últimos días.
Me gustaría proponer a tus lectores que a partir de mañana solo os enteréis de lo que pasa en el mundo por medio de la lectura de periódicos, en papel, o en la red. Nada de la estridencia intolerable de las locutoras de noticias en la TV o en radio.
Se habla de crispación, estoy seguro que esta es agravada por la agresión verbal que sufren especialmente lo televidentes con los chillidos e imágenes de los noticieros.
Leer las noticias en silencio sin tener que someternos a la basura publicitaria que por cierto ocupa más del 50% del tiempo que dedicamos a este ejercicio masoquista.
Podrán ver que luego de unos días vuestra capacidad de análisis y reflexión a mejorado
Los que tenemos el privilegio de contar con el cable podemos refugiarnos en nuestros canales preferidos lejos de la estridencia y el mal gusto, de la vociferación de voceras y voceros.
Mientras los canales se quedan sin audiencia pueden aprovechar de contratar fonoaudiólogos para enseñar a hablar sin chillidos a las locutoras cambiar los formatos que privilegian la delincuencia y los pormenores de la vida laboral de futbolistas y bataclanas.
Respecto al país siútico que encontró tu amigo polaco hace ya 40 años, creo que si llegará hoy y hojeara el Mercurio en las páginas sociales podría confirmar que este país es un caso perdido.

Un abrazo,


Fernando Sánchez-Avila

Posteado por:
María Ines Amenábar Christensen
12/06/2011 10:59
[ N° 2 ]

Que falta hace el silencio interior de cada uno de nosotros para transmitir justamente eso: lo que se cultiva dentro de él y-con serena paciencia- lo que.f inalmente, trasciende de ahí ,para compartirlo con los demás: sin estridencia ni atropello,pero sí con respeto y verdad; ponerla a ella,(la verdad) donde no existe o no la hay, porque no se la conoce y nadie puede querer lo que no conoce... más si es bueno hay que por lo menos hacerla oír con tenaz y perseverante insistencia. esto sea tal vez lo que nos libere de tanto " cachureo" de todo tipo, desde el "excesivo ruido " hasta las ideas tontamente preconcebidas... para ver lo que realmente nos hace mejores y vale la pena. Por ende, Ella, perdura;no es moda,no es tendencia,no es conveniencia ni se transa.
Hacen falta más voces firmes,con peso y,por lo mismo, que no usen el grito-el mismo- que a falta de qrgumentos "hace de parlante o altavoz" para hacerse oír en medio de una espiral vociferante ,voluble e ignorante -incluso de su propia naturaleza;de su propia interioridad. Atte

Posteado por:
Daniel Beza Islas
17/06/2011 05:00
[ N° 3 ]

Macedonio Fernández! grité para mis adentros. Luego me quedé quieto y no hice nunca más nada.

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