
1
Había llamado a Ennio Moltedo por teléfono a su casa en Viña y no me contestaba. Ennio vive solo y tiene sus años. ¿Estaría enfermo? Como no me respondió en dos o tres semanas, le escribí un correo electrónico a un amigo suyo que sé que está siempre en contacto con él: quería contarle que su libro Concreto azul ya está completamente digitado y corregido, listo para armarse. Sabía que la noticia lo alegraría. Me llamó al día siguiente. Le pregunté a Ennio por qué eligió a Concreto azul como el primer libro suyo que quería volver a publicar, un libro editado en 1967. Me respondió lentamente, dejando que las palabras cayeran una a una sobre el hilo del teléfono: “La poesía nace con la niñez. En esos primeros años, en ese mundo incierto en que todo te maravilla o te impresiona, causándote temores, está uno observando y preparando la poesía. No hay poeta que no haya sido poeta-niño. Ya de mayor, viene la retórica y luego el raspado de la olla. Pero la poesía estuvo antes. Concreto azul me ha parecido el inicio, la razón de todo lo que hice después. Ahí están los puentes de Viña que ya no existen. Cada vez que paso por ahí, los vuelvo a construir”.
2
Fuimos a enterrar a mi tío Jorge Mouat al cementerio, el hermano menor de mi padre, el hermano menor de cinco hermanos de los que ahora sólo quedan vivos mi tía Adriana y mi papá. Jorge Winston Mouat Martínez nació en plena Segunda Guerra Mundial y era un hombre macizo y alto, risueño y expansivo. La leyenda familiar señala que una tuberculosis lo afectó a los doce años de edad, y llevó a mi abuela a exagerar los cuidados del niño, obligándolo a comer un bistec con huevo al almuerzo y otro a la noche durante meses y tal vez años. La receta materna permitió que el muchacho saliera fortalecido y rico en proteínas. Cuando yo era niño, mi tío Jorge y su mujer venían con frecuencia a casa a jugar naipes con mis padres. Yo me entretenía contando la cantidad exacta de cigarrillos que él fumaba y se los remarcaba cada vez que encendía uno nuevo: “Jorge, llevas siete cigarrillos fumados. Estás prendiendo el octavo”. Qué mocoso insoportable. Él se reía y nunca olvidó el detalle, incluso cuando dejó de fumar. Dueño de un espíritu encomiable para disfrutar la vida aunque el diablo metiera su cola. Acabado el funeral y disperso el cortejo en el cementerio, acompañé a mi padre a abrazar a su hermana mayor, Adriana. Nunca olvidaré en mi vida lo que vi: dos hermanos octogenarios apoyando su frente en la del otro, sostenidos en un abrazo sutil, frágil, único, inmortal.
3
Una mujer que sabe de las últimas pérdidas me regala un poema de Oscar Hahn: “Pasarán estos días como pasan/ todos los días malos de la vida/ Amainarán los vientos que te arrasan/ Se estancará la sangre de tu herida/ El alma errante volverá a su nido/ Lo que ayer se perdió será encontrado/ El sol será sin mancha concebido/ y saldrá nuevamente en tu costado/ Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido/ anegado sin brújula y perdido/ llegar a puerto con las velas rotas?/ Y una voz te dirá:/ ¿Que no lo sabes?/ El mismo viento que rompió tus naves/ es el que hace volar a las gaviotas”.
4
Termina el funeral de mi tío, y acompaño a mis padres a la tumba de su hija, mi hermana. Apoyo mis manos discretamente sobre sus hombros. Escuchamos juntos al viento: el mismo viento que rompió tus naves y que hace volar a las gaviotas.
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Posteado por: María Ines Amenábar Christensen 25/06/2011 13:10 [ N° 1 ] |
Francisco: sí ,se ha ido Jorge.Mi familia también está triste. Era un gran hombre y como tal formó junto a su mujer,mi prima, una maravillosa familia. Ese día, penoso para todos, percibimos en los testimonios emocionados de sus hijos |
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Posteado por: milagros Novoa Zamora 25/06/2011 18:25 [ N° 2 ] |
Francisco:el fragmento de poema enviado viene en este momento como anillo al dedo para un ser cercano.A veces la vida nos regala las palabras justas a través de terceros y nos dá la oportunidad de maravillarnos de lo que ellas pueden lograr en nuestro interior.Leo tu columna siempre,y te felicito por ser capaz de hacer de ella un espacio de humanidad y de simpleza. |
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