Francisco Mouat
Sábado 16 de Julio de 2011
Viaje al corazón


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Hay una canción muy bonita del grupo Congreso que se llama Viaje hacia el corazón. La volví a escuchar el otro día después de mucho tiempo, cantada ahora por Magdalena Matthey a propósito de un nuevo disco que está preparando con una selección de temas de Congreso a los que ella les da una vuelta de tuerca, un giro, un matiz propio. Creo que Magdalena dijo esa noche en Peñalolén que iba a cantar “Viaje al corazón”, y el nuevo e improvisado título de la canción me pareció tan hermoso como el original.

Mientras la escuchaba cantar, “amor vengo a buscar las alas que te di para poder volver al sur”, pensé en un viaje cualquiera al corazón, o en un viaje mío, personal, que perfectamente podría ir en esa dirección; un viaje sin mapas que emprendo una y otra vez, guiado por el espíritu y la idea de que aquella ruta que voy trazando irá dibujando a un hombre que vive, respira y recita en voz baja versos de Vallejo: “¡¡Ya va a venir el día/ ponte el cuerpo!!”.

Viajar al corazón es, por ejemplo, salir a buscar un libro que deseas leer y encontrarlo después de mucho tiempo en una librería de Mendoza: los Diarios de Alejandra Pizarnik, una poeta argentina que se suicidó muy joven, en 1972, cuando sólo tenía 36 años. Mi hija Antonia quería leerlos, yo también. Junio de 1955: “Quisiera pensar en algo sublime. En el nacimiento del Hombre, en los sacrificios de Oriente, en el asta de la bandera de Etiopía. Quisiera electrizar mis ojos y sacudirles su inercia doméstica. Quisiera levantar mis piernas, manchar el cielorraso, arrodillarme junto a un sapo ahogado, clasificar los tonos de un pétalo, registrar los bolsillos del rey de Suecia, distinguir al tacto los cuatro reinos animal, vegetal, mineral y humano”.

Alejandra Pizarnik piensa que hay que escribir cuando se tiene qué decir. ¿Qué diría ella?: “¡Mis angustias! ¡Mis anhelos! ¡Mis invisibilidades!”. Aquellas zonas de nuestra existencia que no se ven y son invisibles incluso a nosotros mismos. Tantas y tan indescifrables. Cada uno de nosotros, examinado de cerca, desprendería un planeta de posibilidades. Somos, entre otras cosas, un puñado de oportunidades, y el viaje que hagamos, y los corazones que vayamos encontrando en el camino, serán una parte significativa de nuestra biografía, aunque nunca lo sepamos, y, como dice Borges, es mejor que no lo sepamos.

Avanzar en las páginas de Pizarnik durante los cerca de veinte años que atraviesan sus Diarios es internarse en un corazón que sufre, un espíritu que trabaja como escritora a tiempo casi completo y siente angustia porque no finaliza los textos. ¿Alguien los finalizó? En 1966 murió su padre. 27 de abril: “Cómo me gustaría estar lejos de la locura y de la muerte. Vivo por hora, mirando el reloj. Me faltan ganas de tener ganas. No quiero preguntar a nadie. Apagaron la luz en mí –no del todo puesto que sufro–. ¿Y la esperanza en la literatura? Aún quedan resabios y sin embargo no sé qué decir ni cómo ni para qué”.

Avanzo en la lectura de Alejandra Pizarnik sin tregua. 16 de febrero de 1968: “Esto parece literario en el peor sentido del término: pero se puede morir de distancia”. 13 de febrero de 1971: “Aparentemente es el final. Quiero morir. Lo quiero con seriedad, con vocación íntegra”. 9 de octubre de 1971: “Las palabras son más terribles de lo que sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana. En cuanto al escribir, sé que escribo bien y esto es todo. Pero no me sirve para que me quieran”.

Pizarnik tuvo fe en la literatura, lo prueban su poesía y sus Diarios, pero no le alcanzó para querer seguir viviendo. Leerla es celebrar la literatura y los viajes al corazón, así como yo celebro la música de Bach y el cariño expresado libremente, sin ataduras ni cálculos. Carla Cordua, una filósofa a la que admiro y leo por su inteligencia y humanidad, y porque en su camino ilumina a escritores que me gustan, a Borges, a Pessoa, a Juan Luis Martínez, a Kafka, me escribe un correo diciéndome que tiene unos libros de regalo para mi hija Antonia y para mí en su casa. Cuando vuelva de Mendoza iré a buscarlos. Encontrarnos será un nuevo viaje al corazón.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Roxana Ximena Zepeda Rivera
16/07/2011 15:09
[ N° 1 ]

Querido Panchito Mouat, tú lucidez para tus textos me impresiona cada día, yo inicié un viaje al corazón cuando decidí retornar a vivir a mi Vicuña querida, y estoy cada vez más convencida que tome una gran decisión...
Un abrazo de corazón a corazón... Roxana

Posteado por:
Mónica Salvador Traub
21/07/2011 12:00
[ N° 2 ]

Encontrarse contigo de tanto en tanto en tus crónicas llenas de coincidencias y azares es un regalito. Como tú, tengo mi Antonia que también gusta de la poesía y las novelas. Somos afortunados de los hijos q leen.Saludos desde este lado.

Posteado por:
Elizabeth Muñoz henriquez
28/07/2011 01:49
[ N° 3 ]

hola, siempre leo tu columna y muchas veces he querido comentarla, solo que esta vez el titulo me ha hecho mucho sentido, pues el corazón me ha hablado fuerte y he sentido un gran dolor,claro cómo no si me dio un infarto... en fin, doy gracias a Dios porque tuve una atención de primera,lo cual no siempre es posible...Pero cuando hablas del viaje al corazón del otro, pienso en la importancia de conectarse con aquellos que amamos y además en tantas personas llevamos en nuestro corazón y que no siempre nos hacemos el tiempo, para decirles cuanto les amamos, si alguien se lo hubiera dicho a Alejandra, ella se hubiese sabido amada, por lo tanto, el viaje al corazón debe ser constantemente ida y vuelta, para que el morir sea natural y no por falta de una visita al corazón o porque nadie te lleve en su corazón ¿a cuántas personas llevas en tu corazón y no se lo haz dicho últimamente?

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