
Leyendo atentamente a Sebald, a Max Sebald como le decían sus cercanos, quise saber un poco más de su muerte, la muerte violenta de un escritor con una debilidad por los cementerios y por las caminatas sin rumbo fijo, un ciudadano alemán avecindado en Inglaterra desde joven con escaso o nulo interés por la actualidad, la que casi siempre le parecía de una banalidad sorprendente. Leí algunas notas sobre el accidente que lo mató un viernes de diciembre de 2001. Él iba manejando un Peugeot junto a su única hija, en Norwich, y sufrió un ataque fulminante al corazón. Perdió el control del auto, se pasó a la otra pista y chocó de frente con un camión. La hija quedó mal herida pero sobrevivió. Hasta ese momento sólo se habían traducido al español dos libros suyos: Los emigrados y Los anillos de Saturno.
A la escritora catalana Nuria Amat le gustaban mucho los libros de Sebald. Poco antes del accidente, contactó a un amigo que lo conocía para que hiciera gestiones con él y la recibiera. Sebald, que no daba entrevistas y mantenía un riguroso bajo perfil, le mandó a decir que no había problema en reunirse a conversar, que bastaba con que el día de la cita golpeara a la puerta de su despacho en la Universidad de Norwich y entrara.
La entrevista de Amat es interesantísima. Sebald: “Mi literatura está hecha de todo cuanto me rodea. Lo mismo pueden ser pescadores de playa, playas aisladas, vidas de escritores, recuerdos ínfimos de mis paseos solitarios. Todo cabe en un libro. Escribir es como pasear por la historia y por la biblioteca de la vida. Ambas realidades son una sola cosa para mí. Trato de vivir rodeado de las cosas que me gustan y considero natural incorporarlas a mi escritura. Todo forma parte de lo mismo. Escribir y vivir. Sólo entiendo la escritura como reflejo de un mundo interior, privado. No me interesa el pasado por sí mismo, sino por todo lo que puede aportar a la propia vida”.
Sebald empezó a escribir tarde, a los cuarenta años. “Por cansancio, por enfermedad”, no lo sabe bien. Y dice que desde entonces escribe sin ningún tipo de ambición: “Por una necesidad imperiosa de realizar un trabajo muy privado. Seguramente como un medio de defensa. Creo que seguiré escribiendo hasta la muerte. He pasado toda mi vida dando clases y ya estoy cansado. La Universidad ya no es lo que era. Los escritores ya no estamos bien vistos en este Reino del Saber y de la Gran Burocracia. Por otro lado, la literatura exige todo mi tiempo. Mi idea es retirarme a escribir a una cabaña que tengo por algún lugar. Sin embargo, tampoco quiero depender de la literatura. He visto a muchos escritores malograrse por requerimientos de publicación. Es algo importante a tener en cuenta. No hay que depender económicamente de la literatura porque entonces se escriben cosas para los demás y no para uno mismo. Tal vez tengo esta suerte: no parezco un escritor. De hecho, y tal como están las cosas, lo único sensato sería retirarme a vivir en esa cabaña. Dejar de dar clases porque la Universidad acaba con la vida literaria de uno. Hay que irse. Todo se destruye”.
A Sebald le interesaba como a nadie la relación entre los vivos y los muertos. El otro día almorcé con un amigo, y en la mitad del plato se despachó una frase que Sebald hubiera escuchado con atención: “Soñé con mi padre. Yo le pedía que me dejara abrazarlo, porque sabía que sólo podía abrazarlo en el sueño. ¿Te das cuenta? Yo sabía en el sueño que estaba soñando… Quince años que murió mi viejo”. Ese mismo día, otro amigo me mandó desde Ecuador un texto en donde aparecía su padre, vivo. “Recuerdo aquel lunes, cuando fui a nadar con papá, mi viejo querido, de 79 años, y yo, su hijo, un niño de apenas 37. El tiempo se detuvo y la simpleza y la nada se posó sobre nuestras pieles mojadas. Reímos y luego nos quedamos en silencio, pero tranquilos. Luego, escribí en una hoja de papel: Lunes, papá y yo nadamos juntos. Reímos mucho. Jugamos con el agua. Después, al regresar a casa, él se quedó dormido y yo fui a preparar una taza de café”.
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Posteado por: paulina elisa bonati concha 23/07/2011 17:17 [ N° 1 ] |
A través de la columna que escribe, me he podido dar cuenta como el dolor por la muerte de alguien , a quien queremos mucho, que ha estado vinculado con nosotros, y muchas cosas que hacen tener un vínculo diario, permanente de recuerdos. Y en este contexto tan triste, tan solitario y tan sentido por todos, es que me ha gustado como se manifiesta en su columna sobre la muerte de su hermana. |
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