
Volvía del taller a casa el miércoles de la semana pasada y en la esquina de Echeñique con Eliecer Parada me crucé con un centenar de personas arremolinadas en torno a la animita que recuerda a Amalia Herrera Ugarte.
Amalia murió en esta esquina el 31 de agosto de 2010, cuando iba en bicicleta a encontrarse con una amiga en el Campus Oriente de la Universidad Católica, desde donde seguirían camino al teatro.
Se cumplía un año del accidente, y sus padres y su hermana menor, Mañu, acompañados de familiares, sus amigos del colegio y la universidad, amigos de sus amigos y vecinos de Ñuñoa, se congregaban para recordarla y convocarla.
Veníamos con Guillermo Elgueta, y nos sumamos al grupo. Una lienza cargada de fotografías de Amalia y amarrada al árbol de la esquina coloreaba la noche, iluminada en este rincón de la ciudad por decenas de velas encendidas en su nombre. Algunas compañeras de su equipo de fútbol se atrevían con una guitarra y unos versos. Otros conversaban animadamente entre ellos. Unos pocos estaban en silencio. Yo buscaba a sus padres, a Gonzalo y Soledad, para abrazarlos. No alcanzo a imaginar en qué se convierte física y síquicamente la pérdida de un hijo cuando sucede de este modo, sin aviso y en forma repentina. Cuando un llamado telefónico te deja suspendido y no podrás sacártelo de encima. Es tan devastadora la realidad de la muerte, y tan indiscutible, que una manera de sobrevivir a su ocurrencia cerca de uno es dejarse tocar por el cariño que recibimos los que continuamos vivos.
Lo que se ha hecho con Amalia Herrera Ugarte en esta esquina de Ñuñoa es emocionante. Casi no hay noche en que no haya una vela prendida o una nueva flor, o un remolino alentado por el viento. O un muchacho o una muchacha junto a su bicicleta conversándoles sin apuro a esas flores y esas fotografías. O como he visto otras veces, transeúntes que se detienen por un momento, se persignan y continúan su marcha.
Abrazo a Soledad, su mamá, en esta noche del primer aniversario de la muerte de Amalia, y ella me comenta que hay un texto escrito por su hija en donde habla del sentido y el significado de las animitas. Me lo envía el jueves en la mañana. Es un trabajo que Amalia entregó en la universidad pocos días antes del accidente. Le preguntaron por qué la animita no es una obra de arte y cómo se relaciona con la identidad, y ella respondió que "el arte popular, a diferencia del culto, no esconde una ligazón directa del resultado con la materialidad que le sirve de medio", y que "la animita no requiere ser original, ni identificarse con un autor socialmente reconocido, porque su valor no está tanto en distinguir como en congregar".
Su valor no está tanto en distinguir como en congregar. ¿Alguien podría discutirle a Amalia su afirmación?
Comenta su madre, Soledad, que muchas veces, en viajes familiares, hablaban con sus hijas sobre los cientos de animitas que hay en los caminos de Chile. "Como miles de familias nos imaginábamos las historias, nos preguntábamos por qué algunos tienen animitas y otros no, quiénes las visitarían, si hacían favores o solo atesorarían afectos, en fin. Pero jamás pensamos que tendríamos una propia, que cada vez es menos propia y más de todos".
Una animita menos propia y más de todos. Amalia lo supo antes que nosotros, y lo escribió.
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Posteado por: Rodrigo Ignacio Thomas Alvarez 10/09/2011 10:57 [ N° 1 ] |
Gracias Francisco por la emoción que deja tu homenaje a la |
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Posteado por: Sebastian Cifuentes Saavedra 12/09/2011 13:47 [ N° 2 ] |
Amalia dejo una verdad como puño con su descripción de las animitas. Una muchacha clever, una pérdida terrible. |
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Posteado por: patricia hogge morel 15/09/2011 19:23 [ N° 3 ] |
Muy lindo...siempre me ha costado entender el fenómeno de las animitas, hasta me ha parecido a veces mucha superstición, incluso en mi juventud mas de alguna vez pensé: sacaría todas estas cuestiones; pero esta columna me ha hecho reflexionar y abrirme al sentir de los que las erigen...gracias. |
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Posteado por: María Cristina Vildósola cincinnati 11/10/2011 11:43 [ N° 4 ] |
Nunca he entendido esto de las Animitas en la calle. Sé que su alma se va al cielo o al infierno pero supongo que la familia y amigos podrán rendirle un pequeño homenaje a sus difuntos en tales circunstancias.Creo que esto es algo tan personal que nadie se puede meter. Dar una opinión sí, pero decidir qué hacer,no. Que descansen en Paz todas las animitas del mundo. |
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