
Días atrás expuse sobre el alma. Qué decir, además de que no sé casi nada sobre ella, salvo que me importa, que se parece mucho al espíritu y que escribo con frecuencia el vocablo que la nombra: alma.
Revisando lecturas posibles que acompañaran estas cavilaciones sobre el alma, me crucé con el último texto en prosa que escribió Raymond Carver. Era un hombre joven, pero estaba muy enfermo, sabía que le quedaban solo semanas o meses de vida, y tenía que hablarle a un puñado de estudiantes de la Universidad de Hartford que se graduaban y se supone tenían casi una vida entera por delante. Entonces Carver eligió una frase de Santa Teresa a la que recurrimos como si se tratara de un respiradero cuando trabajamos con las palabras: “Las palabras que llevan al obrar preparan el alma, la ponen presta y la mueven a la ternura”. Carver les explicó a los graduados su elección: “Casi diría que hay algo místico en estas palabras al decirlas con total convencimiento. Percibimos la frase como un eco de otros tiempos más considerados. La utilización, por ejemplo, de la palabra alma, una palabra que apenas se utiliza fuera del ámbito de la iglesia o de la sección soul de una tienda de discos”.
Les decía Carver a los estudiantes que el alma puede habitar las palabras dichas y escritas, y que por lo mismo hay que cuidarlas, respetarlas, escogerlas con delicadeza, y sobre todo vincularlas a la acción que de ellas pueda desprenderse. Lo peor que le puede suceder a una palabra es existir como tal, lucir un cuerpo y estar vacía, ser sólo cáscara, caparazón, no resistir la trizadura natural de la vida o dejar en evidencia al primer combate lo falsa que es. “Presten atención al espíritu de vuestras palabras, de vuestro actos”, remató Carver, “es suficiente preparación. Cuando hayan pasado unos cuantos meses y lo único que recuerden sea haber asistido a un largo acto público para celebrar el final de una época de vuestras vidas, intenten no olvidar que las palabras, las palabras correctas y verdaderas, pueden tener tanto poder como los actos”.
Sandra Lorenzano ensayó un día unas instrucciones imposibles para escribir: “Escribir para intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos, escribió Marguerite Duras. O escribir para no morir, quizás. O para no ser más que palabras. Escribir porque no podemos hacer otra cosa; porque no queremos hacer nada más. Escribir rodeados de libros aunque eso nos lleve al silencio. Escribir con todo el cuerpo. Escribir por los que no están”. Escribir con el alma, agrego.
¿Por qué escribe usted? se titula un gran poema de Óscar Hahn: “Porque el fantasma porque ayer porque hoy:/ porque mañana porque sí porque no/ Porque el principio porque la bestia porque el fin:/ porque la bomba porque el medio porque el jardín”. Léanlo completo, lleguen hasta el último verso, y luego lean el poema que Wislawa Szymborska le dedicó al alma, que en una de sus estrofas dice: “Podemos contar con ella/ cuando no estamos seguros de nada/ y tenemos curiosidad por todo”. Szymborska sabe que no hay punto de partida más vital que no saber, y sale a buscar las palabras con las cuales viajará incierta, curiosamente.
Sólo se puede escribir de aquello de lo que no sepas demasiado, pensaba Goethe. Una proposición fascinante. Buscar, husmear, orbitar, trazar una ruta nunca antes recorrida, avanzar a tientas, retroceder, desviarte en el camino, detenerte, creer que llegas y no llegar. “Porque escribí no estuve en casa del verdugo”, escribe Enrique Lihn, “ni me dejé llevar por el amor a Dios/ ni acepté que los hombres fueran dioses/ ni me hice desear como escribiente/ ni la pobreza me pareció atroz/ ni el poder una cosa deseable (…) Pero escribí y me muero por mi cuenta,/ porque escribí porque escribí estoy vivo”.
“Porque escribí” se llama el poema de Lihn. Un poema para ser leído con los ojos bien abiertos, sin perderse detalles de las palabras que lo habitan, de los pliegues insinuados, del silencio profundo e inevitable que provoca terminar de leerlo. Un poema escrito con el cuerpo y con el alma.
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Posteado por: Rafael Rosende Alvarez 24/09/2011 09:48 [ N° 1 ] |
PORQUE ESCRIBÍ Y ME MUERO POR MI CUENTA... "Como muchos de sus libros de poesía, De estos parajes quería escribir. La letra elegante y clara Hacia el final, sólo creía escribir. Estando en cama, Hacía el gesto de escribir hasta la desesperación: Una mañana, cerca del final, Estaba parado al lado de una mesa. De la muñeca colgaba su lápiz. Si no hubiéramos estado Parado ahí cuando llegué, _____________________________ Enrique Lihn: vistas parciales |
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Posteado por: Rafael Rosende Alvarez 24/09/2011 13:13 [ N° 2 ] |
«Pero escribí y me muero por mi cuenta(...) Esas líneas memorables citadas por Francisco Mouat, "Como muchos de sus libros de poesía, De estos parajes quería escribir. La letra elegante y clara Hacia el final, sólo creía escribir. Estando en cama, Hacía el gesto de escribir hasta la desesperación: Una mañana, cerca del final, Estaba parado al lado de una mesa. De la muñeca colgaba su lápiz. Si no hubiéramos estado Parado ahí cuando llegué, |
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Posteado por: Pamela Qimporta Nada 25/09/2011 14:13 [ N° 3 ] |
Cada vez que escribo algo en mi blog anónimo dejo algo de mi alma en ello, las palabras son la clave para poder expresar aquello que sentimos y los pensamientos, algunos más ocultos que otros, se desnuda parte del alma, pero a la vez expresarla toda es imposible, porque es infinita, siempre que se habla de estas cosas, faltan las palabras o sobran... Saludos |
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Posteado por: Edo. Romero G. 26/09/2011 18:33 [ N° 4 ] |
¿ por qué Noe está disponible, Está Muy buena ! |
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