
Cuando todo está movido, es la oportunidad para preguntarse cómo queremos que sea el nuevo orden. La pregunta debería ser cómo gestar una realidad sociocultural donde todos tengan cabida, donde las personas tengan la posibilidad de desarrollar su potencial y ponerlo al servicio del bien común en un contexto de respeto y aprecio a la naturaleza. Este debería ser el eje organizador de la economía, política, educación, salud y no el crecimiento económico como fin en sí mismo, como ha ocurrido hasta el momento.
Tener esto claro permitiría jerarquizar y ordenar las decisiones preguntándose si éstas aportan al mayor bien de la mayoría, y del planeta como una entidad viviente, si llevan a la realización integral del ser humano, si nos permiten vivir una vida más plena y de sentido.
Desde esa mirada la economía estaría al servicio de una ecología humana.
El propósito del estudio a nivel escolar y superior sería desarrollar al máximo las habilidades integrales de las personas, su creatividad, imaginación, su sentido, es decir, la multiplicidad de lo que somos. Las carreras no se escogerían como un mero recurso para obtener mejores sueldos, sino que como caminos de vida, de inspiración donde las personas se puedan desarrollar, crecer en ámbitos más específicos desde donde puedan aportar al medio y experimentar la plenitud de dar y servir.
El trabajo no tendría un fin meramente instrumental para recibir una retribución económica, sino que este sería un efecto colateral natural. Y la actividad laboral se entendería como el campo de oportunidad para crecer, aprender, relacionarse, aportar lo mejor de uno.
Las empresas se entenderían desde su fin de servicio y aporte a la comunidad y la productividad sería un efecto natural y secundario. Por tanto la idea no sería crecer interminablemente generando multinacionales y monopolios, sino que mantener una expansión adecuada a una escala que les permitiera el buen servicio a la sociedad, puesto que el eje central no sería la codicia o la competencia sin tregua. Además operarían bajo la conciencia de ser focos de desarrollo personal para quienes trabajan en ellas, dentro de un marco armónico con su vida afectiva, familiar.
Una sociedad cuyo fin último es la realización integral y no el consumo insano y un vivir acelerado es sana en su fundamento y seguramente no acudiríamos a todas las drogas, estimulantes, calmantes que necesitamos para soportar vivir en el mundo que hemos creado.
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Posteado por: Pedro Gaspar Garrido Sobejano 02/10/2011 13:11 [ N° 1 ] |
Patricia: Nada que decir. Mi esposa y yo fuimos educados así tanto en nuestro hogar como en la enseñanza que recibimos de manos de distinguidos maestros. Así fue también mi desarrollo laboral y profesional, refugio donde pudimos criar y educar a nuestros hijos. Hoy, vemos con angustia su diaria lucha por subsistir en la inhumana sociedad que hemos creado. Deseo que de verdad los tiempos venideros, habida consideración de las diferencias culturales, sean como lo viví y tan claramente lo estableces. Sin duda alguna seríamos mejores como personas y por ende, como sociedad. |
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Posteado por: josé ortiz vera 03/10/2011 10:15 [ N° 2 ] |
felicitaciones por la profundidad e inteligencia de tu análisis... espero que tus contenidos tengan eco cada día en más gente. |
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Posteado por: Omar Henríquez Fuentes 03/10/2011 21:04 [ N° 3 ] |
Profundo y hermoso. |
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