Francisco Mouat
Viernes 07 de Octubre de 2011
Sonia, la única


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La conocí cuatro años atrás, en una pequeña biblioteca del Café Literario de Providencia donde nos reuníamos una vez a la semana a hablar de libros y de la vida. De baja estatura, sonrisa fácil y voz suave y frágil, podía por edad ser la mamá de muchos de los que llegábamos a la cita. Sonia pedía la palabra con timidez, no se le ocurría interrumpir a alguien o levantar la voz, y nos leía unos cuentos suyos escritos a mano y premiados en concursos municipales, regionales y nacionales. Uno sobre casas embrujadas en Recoleta, otro de una animita en el Cementerio General. Uno sobre una quinta de recreo en El Salto y otro que le recuerda lo mejor de su vida, “El príncipe de la 30”, un chofer de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado al que conoció en los años cincuenta subiéndose al bus de la línea 30 cuando venía del liceo.

Sonia estaba muy orgullosa de los reconocimientos literarios que había obtenido, el premio de la Municipalidad de Recoleta, los de la Prodemu, el de las AFP. Bastaba escucharla leer sus cuentos para saber que Sonia escribía honestamente y era buena como la marraqueta crujiente y tibia.

Una vez Sonia participó en un concurso nacional de recetas chilenas. El concurso se llamaba “La cocina, el alma de Chile”. La ayudaron sus nietas que mandaron las recetas escritas a mano, con buena letra, porque a la máquina de escribir le faltaban dos teclas. Sonia pensó que la iban a descalificar porque las bases decían que los textos debían escribirse a máquina o en computador. Un día, almorzando en casa con su familia, sonó el teléfono. Le dijeron que la llamaba Alipio Vera, el periodista de Canal 13. Sonia pensó que era un yerno actor que tiene, uno que siempre la llama para bromear con ella y se hace pasar por Don Francisco, el papa Juan Pablo Segundo, Carlos Caszely o el Pollo Fuentes; pero no, no era el yerno actor, sino el mismísimo Alipio Vera que le decía que había ganado un premio en el concurso de las recetas, y que ahora mismo se iba a su casa un equipo de Canal 13 para hacerle una nota y mostrar en vivo y en directo cómo preparaba esos fritos de papas con crema de maicena.

En ese mismo concurso Sonia había participado con una receta de empanadas caseras que también sacó premio. Así que una vez tuvo que ir al Sheraton con cien empanadas recién horneadas en un horno en el que sólo cabían nueve. No fue un buen momento en su vida: no sólo porque llegó agotada para cumplir con el pedido, sino porque ella no se sentía cómoda entre directivos bancarios, hombres públicos y empresarios: Sonia Arancibia se quería enterrar en un hoyo y aparecer mágicamente de vuelta en su casa de Puente Alto, para volver a estar con su gente.

A Sonia le gusta usar la palabra mágico para nombrar las maravillas que ha vivido. Hoy está viuda, pero sabe que no cabe otra palabra, magia, para narrar cuando la sentaron en la casa de su madrina junto a Sergio Recabarren en la mesa. Era la visita anunciada. Aquel chofer de la línea 30, del recorrido Recoleta-Yarur, al que Sonia miraba con ojos enamorados, y que era hermano del novio de la hija de su madrina. Esa comida ocurrió el 3 de agosto de 1959. Sonia ya no estaba en el liceo, ya no usaba calcetines ni se hacía una cola de caballo con el pelo. El 5 de septiembre, fueron los dos de paseo al cerro La Loma y empezaron a pololear. Estuvieron juntos más de cuarenta años y se quisieron con el alma.

Sonia está viuda desde 2002 y nos vemos los miércoles. Yo le digo Sonia, la única cuando la veo llegar, y ella se ríe. Acaba de inventarse un correo electrónico con ese nombre. El miércoles pasado leyó un relato real protagonizado por tres de sus nietas: Amparo, Sofía y Josefina. Las tres encumbraban unos cometas en una playa solitaria, en Mirasol. Sonia las miraba disfrutar y no podía más de felicidad. Se supone que ese mismo día el mundo se iba a acabar, y que todos tendríamos que haber estado muertos de miedo. Sonia la única pensó ese día que los tres cometas de sus nietas tocaban el mismo cielo donde las muchachas dicen que vive su abuelo Sergio Recabarren, el príncipe de la 30.

9 Comentarios publicados
Posteado por:
Irmela Eckermann Ludwig
08/10/2011 11:19
[ N° 1 ]

Se agradece que un hombre joven, con cara de enojado, preste atención a una mujer que hace rato dejó la juventud, divino tesoro pero, tan light como pasajero.

Posteado por:
Vanesa Rivano
08/10/2011 18:48
[ N° 2 ]

Francisco, que lindo leer las palabras, sentimientos hacia una mujer como Sonia. Cuando hoy en día las mujeres que hemos llegado a cierta etapa de la vida somos llamadas peyorativamente, VIEJA.
Tu rostro luce duro, pero tus palabras son toda una dulzura y belleza.
Una Sonia desconocida.

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Diego G. L.
09/10/2011 08:07
[ N° 3 ]

Cada sábado disfruto tus columnas desde mi estar-lejosdechile. Me alegran el día, me muestran con sencillez y pasión tu mirada, llena de expresión y calidez.
Muchas gracias,
y cariños a Sonia,
diego.

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Jose Edgardo Friz Friz
09/10/2011 08:57
[ N° 4 ]

Un oasis en medio de la "politiquería", la violencia (también la de la palabra), y des-conformismo de todo...
Gracias Tenor.

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jairo andres loyola violante
09/10/2011 12:52
[ N° 5 ]

Siempre que veo a mi tia, la veo como es, dulce servicial amante de las palabras y las historias, de la conversacion amena, del interes propio de la gente buena, es lindo ver como personas que no son de la familia hablan tan bien de ella, y se hacen parte de lacalidez que transmite.

Posteado por:
Pedro Aliste E.
10/10/2011 18:28
[ N° 6 ]

¿Por qué dices "unos cometas"? Los chilenos decimos "unos volantines" y los españoles dicen "unas cometas".

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Enrique Parraguirre Villavicencio
10/10/2011 22:54
[ N° 7 ]

El yerno que mencionas estimado Pancho, soy yo, que aunque alejado un poco de las tablas, sigo haciéndole bromas y pintándole sonrisas a mi suegra...Sonia, la única. Al morir mi madre, ella ha llenado ese vacío y aunque a veces no estamos de acuerdo, le tengo un profundo cariño y respeto. Adoro su creatividad y el amor incondicional que le profesa a sus nietas. Ella es la reina madre de nuestra familia...y yo, el hombre que cuida de ocho mujeres. Somos amigos más que suegra y yerno. Y dos de las nietas que retratas en esta historia, son mis hijas Sofía y Josefina.
Gracias por contar su historia...gracias por tu calidez y cariño hacia ella.
Nos has dado una gran alegría y algunas lágrimas.
Un abrazo.

Posteado por:
Valentina Erazo Recabarren
11/10/2011 21:40
[ N° 8 ]

Cuando pasaba las hojas de la revista, miraba por si aparecía un sachet de cremas para la cara, como siempre lo hago; hasta que llegué a un "Sonia, la única" y salté! porque hace poco que habíamos ido al teatro de Lolita a escuchar a Joe y escuche a Fco. Mouat decirle así a mi gueli. La llamé emocionada, porque se suma al club otra persona; el club de personas a las que alguna vez mi gueli las ha marcado.

Posteado por:
Sofía Parraguirre Recabarren
11/10/2011 21:46
[ N° 9 ]

Francisco, muchas gracias por brindarle tanto cariño y felicidad a mi adorada "güeli", no sabes lo feliz que me cuenta después del taller todo lo que hacen, hablan y cuentan. Esta crónica la hizo llorar a mares de emoción, quedó sin palabras. Nuevamente, gracias por quererla tanto como nosotras lo hacemos.

Saludos, Sofía

Pedro Aliste E., efectivamente en España se le llaman "cometas" y aquí, en Chile, se le llaman "volantines", pero por si no sabías aquí también hay cometas, y lo que nosotras elevamos eran COMETAS, hermosas por cierto, de muchos colores.

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