Creo que tenía 16 años cuando me entere que la parroquia a la cual pertenezco enviaría nuevamente representantes a la jornada mundial de la juventud que se realizaría en Sydney, Australia para el 2008, por un minuto solo soñé.Iba en tercero medio, estaba a cargo de la Pastoral Juvenil de la parroquia y además preparándome para mi confirmación, solo tenía ganas de hacer y hacer cosas, crear actividades, conocer a mucha gente y pasarlo bien; mi meta en ese momento era consolidar la PJ y que muchos otros jóvenes como yo tuvieran la posibilidad de conocer lo maravilloso que es Dios.comenzó la gran tarea, el lema era, “Nadie sabe para quien trabaja”, así es, nadie sabía quienes iban a ser los representantes de la Comunidad, hasta el 08 de marzo de este año. Alrededor de 30 jóvenes tuvimos una ardua tarea, juntar plata como locos durante aproximadamente dos años, sin esperar nada mas a cambio que la satisfacción de sentirse parte de este gran sueño, no hubo mes en el que no tuviéramos una actividad para juntar fondos, vendimos desde miel, empanadas, curantos, flores, roscas, queques, chucheen, CD, peluches, juguetes, rifas, cortamos el pasto, ropa (que todavía vendemos), se organizaron bingos, kermés, 18 chico, uufffff, quieren más.… me canse, hasta decir basta…Complementamos todas estas actividades con un calendario pastoral que no dejaba de ser extenuante, muchas veces estuvimos a punto de caer, pero creo que Dios es tan grande que no lo permitió, por ejemplo, ignorar las envidias, los conflictos, las burlas, nadar contra la corriente, luchar con personas que nos criticaban que no creen en la juventud, pero principalmente luchar con nuestro propio desaliento que tantas veces afloro luego de la frustración por no lograr nuestros objetivos; aun así no bajamos los brazos y con el apoyo incondicional de nuestras familias, del padre Pedro, de la comunidad y personas anónimas que nos apoyaron, supimos salir adelante. Siento que muchas cosas se me quedan en el tintero de esta historia que habla de unos jóvenes del fin del mundo que siguieron sus ideales hasta que los consiguieron, pero para que latearlos más si es cosa de que miren a su alrededor para encontrarnos con chicos igualitos a nosotros que luchan cada día por cumplir sus metas. Se que la tarea no queda aquí, representar a tantas personas no es fácil, sé también que este es el comienzo de un arduo trabajo a futuro, pero tengo claro que esta experiencia no la volveré a vivir jamás, porque aunque participe de 10 jornadas mundiales más, cada una será única e irrepetible es por eso que la quiero disfrutar al máximo. Testimonio deTania Henríquez Igor. Parroquia de Santa Rosa de Lima, Osorno-Chile










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